domingo, 3 de julio de 2016

Los distintos estados de la conciencia...Cap. 1 Seth



LOS DISTINTOS ESTADOS DE LA CONCIENCIA, EL SIMBOLISMO Y EL ENFOQUE MÚLTIPLE 

El próximo capítulo se llamará: «Los distintos estados de la conciencia, el simbolismo y el enfoque múltiple.» 

Dentro de vuestra personalidad convergen todas las facetas de vuestra conciencia, seáis o no conscientes de ello. (Larga pausa; el ritmo seguía siendo lento en ese momento.) Es evidente que la conciencia puede enfocarse en muchas direcciones, tanto hacia el interior como hacia el exterior. Vosotros sois conscientes de las fluctuaciones de vuestra conciencia normal, y, si le dedicaseis una atención más profunda, estaría bastante claro para vosotros. Vosotros expandís o estrecháis constantemente el alcance de vuestra atención. A veces os enfocáis en un objeto excluyendo todo lo demás, de manera que, literalmente, no sois conscientes de la habitación en la que estáis. Puede que estéis tan «conscientes» de un acontecimiento que habéis recordado y reaccionéis ante él con tanta fuerza, que permanezcáis relativamente inconscientes de los acontecimientos presentes. Tales fluctuaciones os parecen normales y no os molestan. Cuando estáis absortos en un libro y momentáneamente inconscientes de vuestro entorno inmediato, no sentís miedo de que éste se haya ido cuando volváis a poner vuestra atención en él. Tampoco os preocupáis por el seguro retorno al momento presente cuando estáis soñando despiertos. Hasta cierto punto, todos éstos son pequeños ejemplos de la movilidad de vuestra conciencia, y de la facilidad con que puede usarse. En cierta manera, los símbolos se pueden considerar como ejemplos del modo en que percibís en los distintos niveles de conciencia. Sus cambiantes disfraces pueden usarse como señales indicadoras. El fuego, por ejemplo, es un símbolo de un hecho físico, así que un fuego verdadero os está diciendo claramente que estáis percibiendo la realidad con vuestra conciencia sintonizada en lo físico. (21.33.) Una imagen mental de un fuego os dice automáticamente que está implicada otra clase de conciencia. Cuando se ve un fuego mental que tiene calor, pero no quema de manera destructiva, obviamente significa algo distinto. Todo símbolo es un intento de expresar sentimientos, unos sentimientos que nunca se pueden expresar adecuadamente a través del lenguaje. 

Los símbolos representan la infinita variedad de sentimientos, y en los distintos estados de conciencia aparecerán en condiciones diferentes, pero siempre os van a acompañar. No obstante, hay algunas excepciones en las que están implicados un conocimiento o un sentimiento tan puros que estos símbolos no son necesarios. Estos estados de la conciencia son infrecuentes, y muy pocas veces se traducen al lenguaje de la conciencia normal. Tomemos un sentimiento concreto y veamos la manera en que se puede expresar en los distintos niveles de conciencia. (Pausa.) Empecemos por un sentimiento de alegría. En la conciencia normal, el entorno inmediato se percibirá de una manera completamente distinta de lo que se percibía en el caso de que la persona estuviese, digamos, en estado de depresión. El sentimiento de alegría cambia los objetos en sí mismos, ya que el que los percibe los ve bajo una luz mucho más brillante. Está creando los objetos de una manera mucho más vivida y con una mayor claridad. El entorno parece resaltar su alegría en un efecto de retroalimentación. 

(21.41.) Sin embargo, lo que está viendo es físico todavía, son objetos del mundo material. Supongamos ahora que em-pieza a soñar despierto y cae en un ensueño. A su mente interna acuden imágenes o símbolos de objetos materiales, personas o acontecimientos pertenecientes a imaginaciones quizá del pasado y también del presente y del futuro, en las que ahora la alegría se expresa con más libertad mental, pero con símbolos. La alegría, por así decirlo, se ensancha hacia el futuro, envía su luz al pasado y puede cubrir áreas de expansión mayores de las que podrían mostrarse en ese momento en el mundo físico. Imaginemos ahora que nuestro individuo cae desde su estado de ensueño en un trance, o bien en un sueño profundo. (Larga pausa.) Podría ver imágenes de alegría o de euforia enormemente simbólicas para él. Puede que haya poca conexión lógica entre ellas, pero intuitivamente las conexiones son claras. Ahora profundiza en sus experiencias mentales mucho más pronunciadamente que en el estado de ensueño, y puede tener una serie de sueños en los que es capaz de expresar su alegría y compartirla con otros. 

Sin embargo, aún continúa tratando con símbolos orientados físicamente. Bien, como estamos hablando de un caso concreto, vamos a seguirlo aún más lejos. Nuestro hombre puede formar imágenes oníricas de personas y ciudades de naturaleza muy alegre, y traducir la emoción en sí misma a aquellos símbolos adecuados para él. La euforia puede traducirse a imágenes de animales jugando, de personas volando, o de animales o paisajes de gran belleza. Las conexiones lógicas, repito, no existen, pero todo el episodio estará conectado con esta emoción. (21.51.) El cuerpo físico se beneficia enormemente todo el tiempo, porque el sentimiento benéfico lo renueva y restaura automáticamente su capacidad de recuperación. Los sentimientos de alegría podrían conducirlo ahora a ver imágenes de Cristo, de Buda o de los profetas. Estos símbolos son las escenas cambiantes características de la conciencia en sus distintos estados. Las experiencias deben considerarse como creaciones, como actos creativos innatos a la conciencia en sus distintos estados. Más allá de esto hay estados en los que los símbolos empiezan a desvanecerse, y se vuelven más indefinidos y distantes. Aquí se entra en regiones de la conciencia en las que los símbolos se hacen cada vez menos necesarios, y verdaderamente ésta es un área poco poblada. Las representaciones se hacen intermitentes y finalmente desaparecen. La conciencia está cada vez menos orientada hacia lo físico. En este estado de conciencia el alma se encuentra sola ante sus propios sentimientos, desprovista de simbolismos y representaciones, y empieza a percibir la gigantesca realidad de su propio conocimiento. Está sintiendo la experiencia directa. En el caso de nuestro ejemplo, todos los símbolos y las imágenes mentales sobre la alegría desaparecen. Habían surgido de ella, pero se desprenden de ella, pues no son la experiencia original: sólo son subproductos. Entonces el alma comienza a explorar la realidad de su alegría de una manera casi imposible de explicar, y, al hacerlo, aprende métodos de percepción, de expresión y de realización que anteriormente hubieran sido totalmente incomprensibles para ella. 

(22.01. El trance de Jane había sido muy bueno. Le dije que pensaba que el material de la sesión era excelente.) (En el descanso cada uno de nosotros formuló una pregunta. Yo quería, estar seguro de que el material que habíamos recibido hasta el momento sobre Los que hablan trataba adecuadamente de los métodos que les permiten comunicarse con otros, tanto en el estado de vigilia como en el de sueño. Quería saber más sobre el entrenamiento de Los que hablan, sobre quién lo dirigía, y sobre sus intuiciones y sus experiencias en los sueños.) (La pregunta de Jane la había provocado el material de la sesión 560 del capítulo tres: quería saber el nombre de la tercera personalidad que conforma las tres partes de la entidad de Cristo, según postulaba Seth. [En el capítulo siete del libro de Jane, El material de Seth, Seth dio como miembros de esta entidad a Cristo, por supuesto, y a Juan Bautista.] Le dije en aquel momento a Jane que pensaba que Seth tenía intención de tratar esta cuestión con mucha más profundidad, más adelante en este libro.) 

(Continuamos a un ritmo más rápido a las 22.19.) Bien. Los objetos físicos son vuestros símbolos más evidentes, y precisamente por esa razón no os dais cuenta en absoluto de que lo son. La conciencia trabaja con distintas clases de símbolos en los diferentes niveles. Los símbolos son un método de expresar la realidad interna. Cuando el alma trabaja en una dirección y usa su conciencia, expresa su realidad interna a través de la mayor cantidad posible de símbolos, recurriendo a un simbolismo vivo y cambiante. Cada símbolo es, en la medida de su propio alcance, consciente e individual. Al hacer esto, el alma crea continuamente nuevas variedades de realidades internas para ser exploradas. Cuando trabaja en la dirección opuesta, por así decirlo, el alma se desprende de todos los símbolos, de todas las representaciones, y, usando su conciencia de manera diferente, aprende a investigar su propia experiencia directa. Sin símbolos que se interpongan entre ella y la experiencia, se perfecciona a sí misma en un tipo de realización valiosa que vosotros en el presente sólo podéis entender simbólicamente.

Bien, estos esfuerzos se realizan cuando estáis dormidos y cuando estáis despiertos. No obstante, una vez que sois conscientes de estas actividades, os es posible sorprenderos a vosotros mismos en los distintos estados de conciencia, e incluso a veces seguir vuestro propio progreso, especialmente en los estados de sueño. En este punto, vuestro cuerpo es vuestro símbolo más personal y, repito, el más evidente. (22.23.) Vosotros utilizaréis el concepto de un cuerpo en casi todos los estados de conciencia. Cuando salís de vuestro cuerpo físico en una experiencia de viaje astral, realmente salís en un cuerpo que es ligeramente menos físico. Éste a su vez se descarta «más tarde» por otro aún menos físico, pero la idea de la forma es un símbolo tan importante, que vosotros lo habéis utilizado a lo largo de toda vuestra literatura religiosa y de las historias del más allá. En un punto dado, él se desvanecerá también con los otros símbolos. Bien, hubo un tiempo -hablando en vuestros términos-, anterior a la fabricación de los símbolos; un tiempo tan separado de vuestra idea de la realidad, que sólo en las áreas más protegidas del sueño podría volveros algún recuerdo de él. 

A vosotros os parece que sin los símbolos sería como un no existir, lo cual es una deducción bastante natural teniendo en cuenta cuán orientados estáis hacia los símbolos. 

(El ritmo de Jane había sido rápido desde el descanso, y continuó de esa manera.) Esos estados de conciencia que ocurren después de la muerte tratan todos ellos con símbolos, aunque hay más libertad en su uso y más comprensión de su significado. En los estados de conciencia más altos, en cambio, los símbolos ya no son necesarios, y la creatividad tiene lugar sin hacer en absoluto uso de ellos. Es evidente que ahora no podéis conocer ese estado de conciencia, pero podéis estar al tanto de cómo aparecen los símbolos ante vosotros, tanto en la vida de vigilia como en el estado de sueño, y aprender a conectarlos con los sentimientos que representan. Aprenderéis que ciertos símbolos aparecen personalmente ante vosotros en los distintos estados de la conciencia, y ellos os pueden servir como punto de referencia en vuestras exploraciones. Cuando Ruburt está a punto de salir de su cuerpo desde el estado de sueño, por ejemplo, con frecuencia se encontrará a sí mismo en una casa o en un apartamento desconocidos que le ofrecen la oportunidad de hacer esa exploración. Aunque las casas y los apartamentos son siempre distintos, el símbolo es siempre una señal de que ha alcanzado un punto de conciencia particular, y de que está listo para entrar a otro estado de conciencia. Cada uno de vosotros tiene ciertos símbolos particulares que le sirven para el mismo propósito. Pero, a no ser que hagáis un esfuerzo de autoexploración, estas señales simbólicas no tendrán ningún sentido consciente. (22.36.) Algunos de estos símbolos permanecen con vosotros toda la vida. En períodos de grandes cambios algunos pueden también alterar su carácter, y esa transformación de unos símbolos inconscientemente familiares acarrea cierto sentido de desorientación. Lo mismo ocurre con vuestra vida física. Un perro puede representar para vosotros el símbolo de la alegría natural, por ejemplo, o de la libertad. Si hubieseis sido testigos de un accidente en el que un perro resultase muerto, el perro significaría algo completamente distinto para vosotros. Esto es obvio, por supuesto, pero el mismo tipo de cambio de símbolos puede ocurrir en los sueños. Podría ocurrir que el accidente del perro fuese la experiencia de un sueño, que a su vez cambiara vuestro sentimiento simbólico consciente hacia los perros en estado de vigilia. Una persona puede simbolizar el miedo por medio de un demonio, o como un animal hostil, e incluso como un objeto inofensivo ordinario muy simple; pero, si sabéis lo que significan vuestros propios símbolos, podéis utilizar ese conocimiento no sólo para interpretar vuestros sueños, sino también como señales indicadoras del estado de conciencia en el que ocurren normalmente. Por tanto, estos símbolos cambiarán en los distintos estados de conciencia. La secuencia lógica no está presente, pero la creació "intuitiva" cambiará los símbolos de la misma manera en que un artista puede cambiar sus colores. Podéis tomar vuestro descanso.

(22.44. Continuamos al mismo ritmo rápido a las 22.58.) 
Todos estos símbolos representan las realidades internas y, si los modificáis, modificáis también las realidades internas. 

Cualquier movimiento exterior que hagáis queda hecho en el entorno interior, y en todos los entornos interiores con los que os relacionáis. Los símbolos son partículas psíquicas sumamente cargadas, y esto incluye los objetos físicos que tienen fuertes características de atracción y expansión y que representan las comprensiones internas y las realidades que no han sido percibidas a través del conocimiento directo. (Por conocimiento directo me refiero aquí a la cognición y la comprensión instantáneas, sin el uso del simbolismo.) Además, los símbolos aparecerán de manera diferente en los distintos estados de conciencia; algunos buscan tener estabilidad y permanencia como vuestros objetos físicos, y siguen los principios o las creencias fundamentales de la realidad corpórea, y otros cambian mucho más rápidamente, al igual que en el estado de sueño, y son los indicadores más inmediatos y sensibles de los sentimientos. Algunos estados de conciencia parecen tener entornos propios en los que aparecen estos símbolos, al igual que los objetos aparecen en el entorno físico. 

De igual manera, hay objetos mentales inestables que aparecen en ciertos niveles del entorno de los sueños. En ambos casos, los símbolos siguen ciertas reglas. Como he mencionado anteriormente, el universo de los sueños es tan «objetivo» como el universo corpóreo. Los objetos y los símbolos que lo componen son representaciones tan fieles de la vida de los sueños, como los objetos físicos lo son de la vida de vigilia. Por tanto, la naturaleza del símbolo puede servir como indicación no sólo de vuestro entorno, sino del estado de conciencia en que estáis en él. Dentro del contexto de un sueño corriente, los objetos os parecen lo suficientemente permanentes. Lo dais por sentado. Estáis todavía orientados hacia lo físico. Estáis proyectando el simbolismo de vuestro tiempo de vigilia en las imágenes de los sueños. (23.10.) Sin embargo, en otros estados de conciencia de los sueños podría suceder que una casa desapareciera repentinamente, o que un edificio moderno tomara el lugar de una choza, o que un niño se convirtiera en un tulipán. Es evidente que los símbolos se comportan entonces de diferente manera. En este entorno, la permanencia no es una creencia fundamental. 

La secuencia lógica no tiene aplicación. Unos símbolos que se comportan de esta manera pueden ser para vosotros pruebas de que en ese momento estáis en otro estado de conciencia, y en un entorno interior totalmente diferente. La expresión de los sentimientos y de la experiencia no está limitada al marco rígido de unos objetos fijados en momentos consecutivos. Los sentimientos se transforman y se expresan automáticamente de una manera nueva, móvil e inmediata. En cierta manera la sintonización de la conciencia es más rápida. La realización no tiene necesidad de esperar horas o minutos. La experiencia está libre del contexto del tiempo. En este reino de la conciencia se podría escribir todo un libro, o examinar en profundidad el plan de vida de una persona. Vuestro tiempo presente es una de las muchas dimensiones que ayudan a formar este estado de conciencia en particular. Por consiguiente, vuestro pasado, vuestro presente y vuestro futuro existen dentro de él, pero sólo como partes de ese entorno interior. Vosotros deberéis aprender el modo de moveros en ellos, pues los estados de conciencia y sus entornos se extienden a su manera, al igual que vuestro mundo se extiende, digamos, en el espacio. Sin embargo, no es difícil ser consciente de uno mismo en ese estado si os hacéis las sugerencias apropiadas antes de dormir. (Pausa.) Fin del dictado. Hemos tenido un buen comienzo... (-Creo que es muy bueno, muy sugerente.) Si no tenéis ninguna pregunta, terminaré la sesión. (—¿ Qué hay de mi pregunta sobre Los que hablan?) Creo que ya la he contestado. (-¿Y la información sobre la tercera personalidad de Cristo?) Ya os la daré. (Medio riéndose:) Y, si tenéis puntos que comentar conmigo, sois libres para hacerlo. (En voz más alta y con más énfasis.) Mis mejores deseos, y siento que no asistieras a nuestra impresionante clase [de percepción extrasensorial] de anoche.

(—Yo también lo siento, Seth, pero ya sabes que estaba ocupado. Gracias y buenas noches.) (23.24. De nuevo el ritmo había sido rápido. Mi mano estaba resentida.) 


Extracto de Habla Seth II
La eterna validez del alma a través de Jane Roberts

http://www.trabajadoresdelaluz.com.ar/
http://noarosauniversoespiritual.blogspot.com.es/

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