sábado, 23 de enero de 2016

Canales y centros acumuladores de energía en el cuerpo humano por David Topi (I)

Circulation-Chakras
Para ahorrar energía y usar correctamente la que tenemos, hemos de conocer cómo se distribuye la misma, ya que el sistema energético de nuestro vehículo físico es complejo, y permite que seamos capaces de obrar grandes proezas cuando la vitalidad del mismo es usada correctamente. Tenemos todos varios circuitos interdependientes, los cuales, y a grosso modo, podemos clasificar de la siguiente forma:
– El circuito de conexión entre los chakras principales (a veces llamado el circuito kundalini): son los canales sushumna, ida y píngala de la medicina ayurvédica y otras filosofías no occidentales.
– Los centros de almacenaje energético: llamados hornos, calderos o tantiens.
– Los chakras primarios: 7 en el cuerpo físico y dos por encima del mismo (diferentes nombres según diferentes autores, pero el 8º correspondiente al centro intelectual superior y el 9º correspondiente al centro de consciencia universal, en el centro de la esfera de consciencia).
– Los múltiples chakras secundarios o menores
– Los puntos de intercambio energético o circuitos terciarios, que actúan de “intercambiadores” y receptores a lo largo del sistema de canales y del cuerpo etérico.
Cada uno de estos circuitos tiene diferentes funciones, tanto a nivel físico, bioenergético como etérico, y, mientras que cada uno puede ser visto como un sistema completamente independiente, todos están interconectados y trabajan en conjunto soportando los requerimientos y funciones mutuas, ya que son partes integrales de las estructuras subyacentes de soporte energético del cuerpo físico, descritas normalmente como componentes del cuerpo vital o etérico que poseemos.

Desarrollo de las funciones superiores del ser humano

Los chakras primarios y sus funciones superiores no pueden ser manifestadas o usadas plenamente (al menos en la mayoría de personas), hasta que las estructuras de soporte de la energía necesaria para ello hayan sido desarrolladas para permitirlo. En muchos casos, si se hacen intentos por desarrollar y usar estos vórtices primarios antes de preparar apropiadamente los canales que los alimentan, la apertura y uso completo lleva una gran cantidad de tiempo, pues, primero, y por lógica, el sistema energético del cuerpo va a “montar” y poner en marcha los “cimientos” energéticos, para que estos puedan responder a las nuevas demandas a las que están siendo sometidos, antes que “activar” esas funciones y potenciales latentes que deben ser alimentados. Este desarrollo, normalmente, empieza por la actualización y desarrollo del circuito energético secundario, chakras menores, que, en respuesta a la demanda energética de los chakras primarios, cuando queremos que estos vayan más allá de sus funciones “rutinarias”, son los que se ponen en marcha para redirigir y hacer circular los pedidos “extra” de energía solicitada.
Así, nuevas rutas de energía se forman, y las viejas, o las que se encuentran bloqueadas, se redefinen y limpian a medida que uno inicia el trabajo con toda la estructura de soporte energético que tenemos. Esto sucede simplemente como una consecuencia de la necesidad que los chakras primarios imponen sobre el conjunto del sistema distribuidor de energía para los cambios requeridos, y, en general, hasta que estas estructuras de apoyo no se desarrollan al punto en que puedan satisfacer la demanda, la energía no podrá ser redirigida desde las áreas de almacenaje del cuerpo energético, los tantiens, al resto del sistema. Funciona como si de una presa de agua con diferentes compuertas se tratara, siendo el retén y balsas de energía principal los tantiens mencionados, de ahí pasando a los circuitos terciarios y secundarios, desarrollando los centros secundarios y los canales de transmisión energética de los chakras, y luego pudiendo abrir estos a su máximo potencial y manifestar las funciones superiores de los vórtices principales.

Cuando no funciona bien

Cuando este flujo energético no funciona en este orden, y se intenta forzar la apertura o uso de ciertas funcionalidades en el ser humano (por ejemplo, desarrollo de habilidades psíquicas o extrasensoriales a partir del trabajo forzado con los chakras 6, 7, y 8, y las glándulas correspondientes, como habíamos mencionado por ejemplo en el artículo sobre la visión remota), sin que los flujos de energía que soportan este desarrollo esté presente, es normal que uno empiece a notar fatigas, debilitamiento, dolores de cabeza, problemas digestivos, depresión, calambres, molestias, dolores y una variedad de desórdenes emocionales que pueden convertirse en problemas temporales, con un abanico de combinaciones y grados de severidad, según el esfuerzo realizado por los chakras y sus órganos asociados para abrirse o ir más allá de sus “límites”, sin que haya un flujo extra de energía que soporte esta apertura, ya que, para poder hacer esto, se absorbe la energía de otras partes del cuerpo que no están preparadas para sufrir tal “desnutrición”.
Al quedarse ciertas zonas sin un suministro mínimo, porque ha sido redirigido hacia el trabajo con los chakras primarios de forma forzada, el cuerpo físico se resiente allá donde el flujo de qi, prana, etc, no puede reponerse con la suficiente rapidez del vaciado de los canales y centros de intercambio energético.
Por eso, para evitar estos problemas potenciales, y antes de que cualquier chakra primario sea activado a sus potenciales más altos, todas nuestras estructuras de soporte energético deben ser desarrolladas, educadas y acondicionadas para soportar un mayor flujo de energía, proveniente de los acumuladores principales, de ahí que, el primer paso en el desarrollo de cualquier potencial latente en el ser humano, o de cualquier función más allá de lo “básico” para el funcionamiento correcto del organismo, pasa por estimular y limpiar individualmente los centros secundarios o chakras menores, los puertos de intercambio y las conexiones de las rutas de energía en el sistema de canales.
En el segundo nivel de los cursos de terapia de sanación akashica, por ejemplo, hacemos un ejercicio que nos permite “percibir” la energía que llega por los diferentes canales entrando por los pies y buscar bloqueos que impiden que sea dirigida y distruibida correctamente hacia los canales principales y hacia los chakras. A veces uno se asombra al descubrir cuanto de bloqueados están estos, y que poca energía entra ya siquiera al primer chakras a través de la conexión con la energía de nuestro planeta.
Mientras que este proceso de preparación del sistema de distribución de fuerza vital puede parecer laborioso, brinda grandes recompensas en el desarrollo a largo plazo, ya que, una vez que este empiece, y se vaya consolidando, la energía empezará a fluir más libremente y más fuertemente a través del cuerpo etérico, lo que, por sí solo, promueve un desarrollo más rápido y más saludable en cada aspecto del cuerpo energético y sus funciones, mientras, que, a su vez, fortifica el sistema inmunológico y otros procesos auto curativos que nos permiten mantener una mejor salud física.

El flujo de energía

Como decíamos en la introducción, una persona “promedia”, normalmente, absorbe solo una pequeña porción de la energía que necesita cada día. Funcionamos así por diseño del tipo de vida que tenemos y por las estructuras del sistema bajo las que vivimos.
Hemos hablado largo y tendido sobre ello en muchos artículos anteriores. La energía que necesitamos es absorbida durante el sueño, mediante la ingestión de bebidas y alimentos, a través de la respiración, de la luz del sol, de las cargas energéticas del entorno, etc. Si, por ejemplo, la cantidad promedio de energía “en bruto” que cualquiera de nosotros absorbe fuera de 100 unidades por día (una medida arbitraria, solo a modo de ejemplo), lo cual puede ser suficiente para nuestras funciones diarias rutinarias, es completamente insuficiente si queremos realizar ejercicios de desarrollo bioenergético, de potenciación de facultades trabajando los chakras superiores, etc., ya que, obviamente, el uso de energía aumentará, llegando a necesitar y usar 200 o más unidades de energía (por ejemplo) por día, como mínimo.
El problema entonces es, ¿de dónde sale el resto de fuerza vital que necesitamos y que no hemos obtenido con lo que hemos comido, respirado o asimilado energéticamente ese día? Básicamente, este déficit de 100 unidades se tiene que suplir a través de las áreas de almacenaje de energía del cuerpo energético, que veremos con más detalle en el próximo artículo, pues cualquier excedente se va acumulando ahí, además de la energía “base” que todos traemos con nosotros al nacer, y de la que vamos “sacando” pequeños depósitos que, a veces, nunca “reintegramos”, produciendo entonces los síntomas físicos de agotamiento energético, como mencionábamos previamente, si las áreas de almacenaje se agotan o se reducen en exceso.
En el siguiente post nos adentraremos en el tema de los puntos de intercambio energético y de las funciones de los tantiens o acumuladores, y veremos como hacer para mantenerlos llenos, y que “rebosen” hacia el resto de partes del circuito energético y nos permita, entonces si, realizar cualquier tipo de ejercicio “psíquico” superior sin peligro, y sin contraindicaciones.
Tomado de: davidtopi.com

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