lunes, 13 de marzo de 2017

LA GRACIA DE LA TRI-UNIDAD MARIA – JESÚS-CRISTO – MIKAËL MARZO DE 2017



MARIA
Soy María, Reina de los cielos y de la Tierra. Amados hijos, allí donde os encontréis en la Tierra, os aporto mi consuelo y mi Paz.

…Silencio…

En este momento de la Tierra, vengo más a menudo a vosotros, de diferentes formas. Recordad que más allá del nombre “María” y más allá de la historia verdadera de la Tierra, soy ante todo vuestra Madre. Hablo sobre vuestra filiación del alma, del Espíritu, independientemente de vuestras creencias, de vuestras negaciones o de vuestras aceptaciones. Como Madre, me acerco ahora no solo a algunos de vosotros sino a un número de seres cada día mayor. Ya sea durante el sueño, ya sea por los pensamientos que os atraviesan o también a través de mi presencia real a vuestro lado en el Canal Marial o en vuestro Corazón, yo me revelo a vosotros


Antes incluso de mi Llamada, ya que se me ha presentado la oportunidad de venir a traer consuelo, por mi posición dentro de la Confederación Intergaláctica de los Mundos Libres y mi proximidad a la Tierra, porque muchos de vosotros estáis abiertos a mi presencia, a mi conciencia, a mi función - y mi función es, sobre todo, ser una Madre. Habéis adquirido mi Manto Azul de la Gracia. Mi corazón no podrá cerrase nunca ante ninguno de mis hijos, aunque no me hayan reconocido. Por tanto, ahora vengo para muchos de vosotros, antes incluso de mi Llamada colectiva, tanto para llamaros si no ha sido el caso, como para haceros sentir y vivir la evidencia de mi Presencia.
Hace pocos meses, Jesús Cristo os pidió: “velar y orar”. Con este “velar y orar”, se trata de que os reconozcáis como tales, más allá de vuestros sufrimientos, más allá del peso de la carne. Yo soy la que consuela, yo soy la protectora, pero también lo que vosotros sois en esta dimensión de dulzura y de eternidad en la que vuestro sentido de la responsabilidad os hace responsables de la Vida, no de una entidad o de una forma, sino de vosotros como portadores de Vida de la que sois responsables.

Me revelo a vosotros de todas las maneras posibles; os vengo a infundir a través de mi Presencia, ese consuelo y el bálsamo que pone fin a las últimas preguntas sobre vosotros mismos, sobre este mundo y sobre vuestra vida, ahora cuando vuestro corazón ha podido experimentar algún tipo de libertad y está abierto a mi Presencia, aunque nunca no me hayáis reconocido

…Silencio…

Estoy con vosotros, estoy en vuestro corazón y solo pido hablaros y que os volváis exactamente lo que sois.

Me dirijo hoy, no solo a los que me seguís o me habéis reconocido, sino también a todos aquellos que no han tenido todavía la oportunidad, la suerte o la experiencia, de hacer este vuelco hacia vosotros mismos, de mostraros más allá de toda forma, de todo lo que hayáis podido experimentar hasta el presente, la verdad de nuestra relación y de nuestra Libertad común.

No vengo para mí; no vengo para vuestra persona, sino para vosotros. Es el don de la Gracia, el don del Amor y el don de la Vida que solo puede compartirse, intercambiarse para vivir a la vez la comunión y la esencia. Si vuestro corazón se abre a mí, aunque os asuste u os repela, entonces, rápidamente me lanzaré en esta invitación para revelarme en el interior de vosotros para aportaros, si es necesario, la certeza más allá de la persona y de vuestro cerebro, de lo que sois, la certeza de vuestro corazón, la certeza de la Eternidad.

Vengo a calmar las últimas dudas, las últimas preguntas y también los últimos sufrimientos, como una Madre que no juzga nunca a su hijo por lo que haya hecho, sino por su filiación que lo ha comprometido desde su primea aparición, desde su carne. Una madre no puede nunca traicionar; ella puede sermonear ciertamente, pero el Amor es lo que es. Está marcado e impreso en la carne y también al nivel de vuestra alma y vuestro Espíritu. Sean las que sean vuestras creencias, vuestras adhesiones o vuestras repulsas, eso no cambia nada. En efecto, vengo de alguna manera a ayudaros a ver la evidencia, allí donde no hay lugar para el miedo, donde solo el gozo y la alegría puede percibirse, allí donde lo que sois, no puede ser alterado en este plano de la Tierra.

…Silencio…

Aprovechad estos momentos, estos instantes de vuestra vida, aquí en la Tierra, para pulir vuestro diamante interior. Y solo podréis pulirlo, como sabéis, viendo la Verdad que sois y no la vida que vivís en este mundo. Os invito a la Libertad, a la Autonomía, a la independencia. Os invito a la Alegría por mi Presencia a vuestro lado, con independencia de su percepción, para que no os veáis afectados por ningún elemento que pertenezca a lo efímero. Soy también vuestra roca, lo que sois desde el instante en que confiéis en vosotros mismos más allá de toda situación o circunstancia de vuestro cuerpo y de vuestra vida.

Recordad que hace mucho tiempo, he sembrado con mis hermanas, en esta tierra, la vida libre en cualquier forma.

…Silencio…

Entonces, estad atentos porque cuando mi Presencia se revela a vosotros, de la manera que sea, si me tendéis los brazos - no los brazos de vuestro cuerpo sino las alas de vuestro Espíritu -, entonces os bendeciré y os colmaré de gracias.

No necesitáis pedirme nada específico, solo tenéis que dejar abiertas las puertas de vuestro corazón y eso estará allí. Y os digo que también estoy entre aquellos de vosotros que no habéis abierto ninguna puerta de momento, de forma más discreta, bien a través del sueño, bien a través de las ideas que os puedan surgir. Estad atentos, porque desde el momento en que un pensamiento súbito llega a vuestra conciencia relacionado con mi nombre, de alguna manera, ya estoy ahí para consolaros, para estabilizaros y deciros a cada uno de vosotros: “no tengas miedo, hijo mío, no tengas miedo porque nunca has perdido tu libertad. Sean cuales sean las cargas y la densidad de tu carne, sean cuales sean tus experiencias felices o desgraciadas, en estos tiempos como en tiempos anteriores de la Tierra en otras vidas o en otros lugares, nunca he fallado”. Hoy, como sabéis, las circunstancias de este mundo son particulares. Vivís el Apocalipsis, la revelación interior y exterior de todas las máscaras, de todo lo que oculta la Verdad y llega a reducirla, pero nunca la hace desaparecer.

Entonces, hijos míos, me dirijo a vosotros hoy, con una plegaria: abandonad los que os cubre, volveos hacia vosotros mismos y yo estaré allí aportándoos la ayuda necesaria e indispensable tal y como la concebís, para haceros descubrir que ha llegado el tiempo de no depender de nada, ni del mundo, ni de la historia ni del sufrimiento, sobre todo. Vengo a aliviaros y ayudaros a tener una visión clara de lo que está sucediendo en este momento, tanto en vosotros como fuera de vosotros.

Muchos de vosotros también, habéis sido llamados por vuestro nombre, para adelantaros la certeza y ayudaros a caminar desde hace muchos años en las peregrinaciones que tenéis que llevar en vuestra encarnación que se combinan con vuestra eternidad. Independientemente de los resultados de esta combinación, que estéis en paz, en el sufrimiento o en la resistencia, no os dejéis llevar por lo que pueda deciros lo efímero.

Manteneos en la fe, en la conciencia, en la percepción y, sobre todo, alcanzad la confianza, la confianza en la Eternidad que se os ha revelado de tantas y tantas formas, por mi presencia o por otras Presencias, por los pueblos de la naturaleza - todos los medios han sido buenos para aquellos de vosotros que estáis abiertos a la realidad de la Eternidad. Todas las ocasiones son buenas para acercaros a vosotros mismos, lo que ha sido denominado el “corazón del Corazón” o si preferís, vuestro Corazón Ascensional o Corazón glorioso que solo es el Corazón del Cristo.

Poco importa vuestra religión; hay una sola cosa que es indispensable, es la honestidad hacia vosotros mismos, porque siendo honestos, demostráis la eficacia de la humildad, de la simplicidad, tan necesaria hoy en este mundo que ha perdido su confianza y debe recuperarla, este mundo donde, como sabéis, muchos hermanos y hermanas están despiertos, pero también, muchos otros, están todavía en la diversión, en el dolor, en la incredulidad, en la no viviencia de la Verdad.

Vengo también a ayudaros a soportar la Verdad para que no os juzguéis ni condenéis porque, en definitiva, si existe cualquier juicio hacia lo que sea, hacia alguien o hacia cualquier situación, es a vosotros mismos a quienes juzgáis. Mi Hijo, en su época de la historia de esta Tierra, os dijo y os vuelvo a decir hoy: “lo que hagáis al más pequeños de mis hijos, os lo hacéis a vosotros mismos”. Entonces, ¿qué queréis hacer a esos otros (vosotros mismos) si no es amarlos y respetarlos en su libertad, incluso en su error?

No necesitáis de señalar del dedo, de reaccionar, de oponeros, de confrontaros, solo necesitáis perdonar porque, en definitiva, a quien perdonáis es a vosotros y la persona, en ese momento, con sus sufrimientos y sus historias, va desaparecer ante la majestad de vuestro Amor, la majestad de vuestro Amor de madre que va a ocuparse de los otros (en vosotros), en todas las relaciones que podáis tener, demostrándoos a vosotros mismos y al otro, que en vosotros existe ese corazón de madre capaz de amar a pesar de todo. Porque este Amor no es personal, es el don de la Vida, el don de la Gracia y el don de la Verdad.

Como sabéis, como se os ha dicho y como podéis haber visto en la superficie de vuestro mundo, todas las señales que os habíamos avanzado hace mucho tiempo, tanto por esta voz como por otras voces, incluso coloreadas por la religión, hoy os piden que seáis libres, esta libertad interior que es la Alegría, que es el reconocimiento, el Amor y la Paz. Para eso, pensad en mí y yo estaré allí de una manera o de otra y entonces encontraréis la claridad necesaria para quedar y permanecer en lo que sois y no en los juegos de lo que debéis cumplir sobre la pantalla de vuestra vida.

Pero sabéis muy bien que hay dos formas de ver la pantalla de vuestra vida, con la propia decisión o (por una fe total, por un estado que nuestros hermanos y hermanas orientales han denominado el Sí), por un estado receptor. Esta recepción es un servicio y acoger al otro en todas sus dimensiones, más allá de toda apariencia, es el único espacio de resolución que se os ofrece ahora para ser libres aquí mismo. Libre interiormente, una libertad que ninguna satisfacción de los sentidos, ninguna satisfacción del intelecto o de vuestras condiciones de vida, pueda vislumbrarse; es independiente de todo eso. Eso depende únicamente de vuestro corazón, no el que vosotros podéis controlar, no el que vosotros podéis hacer vibrar, sino el que es independiente de vosotros, en lo efímero o en lo Eterno.

Buscad el Reino de los Cielos que está dentro de vosotros, volveos hacia eso, sin esfuerzo y dejad abrirse y actuar a la Gracia que viene a cubrir de Luz cada situación que os pueda herir o afectar y verificad hoy, por vosotros mismos, la acción del Amor. Porque la Luz ahora es tal que todas las primicias de la Liberación se han realizado por la liberación del núcleo de la Tierra y la misma liberación de la Tierra; hoy, toda la colectividad vive su Apocalípsis. Esta revelación se hace a su ritmo y, como comprobáis, de forma cada vez más intensa, algo que percibís en este mundo, en vuestra conciencia, así como en todo lo que llamáis, vuestra vida.

…Silencio…

Tened en cuenta que en el Amor verdadero - ese Amor impersonal e incondicionado que no depende nada de vosotros ni de otro, sino que es el marcador de vuestra Verdad reencontrada y eterna-, solo tiene Paz, dulzura, gentileza, benevolencia, humildad, simplicidad, felicidad interior que no depende de nada, ni de vuestra persona ni de lo que pueda tener, si aceptáis de acuerdo con la gracia, no interpretar un personaje, no desempeñar más ningún rol, no cumplir ninguna función y actuar como el pájaro que confía en la divina providencia, sin pedir nada, simplemente constatando lo que os va a suceder en vuestra vida, en vuestras relaciones de forma tan evidente y sorprendente, desde hace poco tiempo.

Se os ha dicho: todo lo que es necesario está en vosotros. Yo estoy también en vosotros y cuando estéis en esta dulzura, en esta Paz y en esta tranquilidad, estad seguros que, aunque no hayáis percibido con claridad una forma o energía o vibración, lo que vivís es mi presencia que viene a magnificar la expresión de vuestro Femenino Sagrado, no como una creación, sino simplemente en este Amor maternal que sentiréis sin palabras, sin conceptos, por vuestra presencia allí donde estéis. Y allí donde estéis, en cualquier circunstancia, será siempre el lugar adecuado, ya lo creáis o lo rechacéis; todo eso no son más que gesticulaciones de lo efímero que no tiene ningún peso ante la densidad de mi Amor, la densidad de nuestro Amor - es el mismo, no hay diferencia.

Por supuesto, veis a veces a vuestro alrededor, ya sea en otros hijos, ya sea en la misma Tierra, y podéis a veces confundiros por este caos, por este apocalípsis, por esas cosas que pueden a veces estallar, pero tened en cuenta apoyándoos en mí, que todo esto pasará y no es nada ante la Paz que podéis vivir, sea cual sea vuestro estado, sea cual sea el estado del mundo. La Paz de mi Presencia es la Paz de vuestra manifestación todavía en la superficie de este mundo. No existe ninguna impaciencia, ninguna intolerancia ni ningún conflicto. Es ese momento en el que estáis plenamente presentes en el mundo, en vosotros mismos y ausentes de toda historia y de toda persona.

La Vida, en su Inteligencia, en su instinto de Luz, os propone exactamente lo que es necesario, no para vuestra comodidad corporal o vuestra comodidad social, relacional o afectiva, sino más bien para la conveniencia de lo que sois que no ve ninguna diferencia. Aquí mismo, ahí donde estáis, en el mismo corazón del sufrimiento que puede existir todavía en algunos de vosotros, se encuentra la Paz. No os detengáis por el sufrimiento, no os desviéis por las reivindicaciones de lo efímero.

Descubrir la Paz es vivir la fe absoluta que no depende de ninguna creencia, Más allá de esta fe, está la certeza de esta fe porque os habéis reconocido y, reconociéndoos, me reconoceréis. ¿Y qué momento puede ser más importante para una madre que estrechar a sus hijos entre sus brazos cuando no los ha visto en la carne desde hace mucho tiempo?

Ciertamente, incluso llamándoos mi carne, no es vuestra carne, pero mi forma es muy real para vosotros. Recordad que sin dulzura ahora es casi imposible moverse en cualquier lugar. Sin bondad, os arriesgáis de sentiros solos, entonces, con bondad, aunque os sintáis solos, os daréis cuenta que nunca habéis estado solos, que nunca habéis sido abandonados y que únicamente vuestra mirada, vinculada a las cargas de este mundo no ha reconocido mi presencia en vosotros.

Hoy las cosas son diferentes. Toda la Confederación Intergaláctica de los Mundos Libres, se mantiene ahora muy próxima a la Tierra, velando y orando con vosotros, en espera de las señales celestes, esperando la mejor circunstancia - es decir, la más dulce posible. Para vuestra alma y para vuestro Espíritu, para permitiros que estéis tranquilos, en quietud, para que llegado el momento estéis en el mismo estado, en la misma Libertad, en el mismo Amor.

Entonces el Amor se hará estable. No funcionará únicamente en ese mundo de vuestras desapariciones, de vuestras meditaciones o de vuestras plegarias. Vuestra vida entera, aquí mismo, en las etapas que se desarrollan ahora, permanecerá centrada en la Paz, sin esfuerzo. La dulzura del Femenino Sagrado no se experimentará solamente a través de la co-creación consciente, sino directamente en vuestra carne, vendrá a magnificar la Paz y la Alegría de vuestro corazón. Os estremeceréis, vuestras lágrimas fluirán porque esta bendición es la que deseo realizar en vosotros si me abrís la puerta.

Os he dicho que vengo a consolaros y, sobre todo, a estrecharos entre mis brazos. Aceptad eso si os es posible, desde ahora. Vengo a aliviar lo que tenéis que recorrer, vengo a aliviar vuestro cuerpo y vuestra conciencia para que lo que es efímero no pueda ser ningún obstáculo a la Verdad y el Amor.

Entonces, si eso os parece complicado, no dudéis en dedicarme lo que queráis: una flor, un altar, una imagen, pero no os dejéis engañar; eso es simplemente un medio en vuestro efímero para acercaros a mí y yo me aproximaré a vosotros. No os pido con ello, de crear rituales, de recitar oraciones, sino tener un lugar en vuestra conciencia, así como en vuestro entorno. Oh, no necesitáis consumir nada ni dedicar demasiado tiempo, una simple imagen puede bastar. Esa imagen no es nada, pero representará en vuestro efímero un soporte, no para lo que sois por supuesto, pero sabéis muy bien que cuando vuestro efímero – lo que queda a nivel de los hábitos de lo que tenéis que asumir en la superficie de este mundo -, aunque lo rechacéis, es muy sensible a la materialidad de una imagen, de una estatua, de una flor. Apoyaos en eso sin ningún escrúpulo, pero permaneced simples.

Desde el momento en que me hayáis dedicado una representación, sea la que sea, que para vosotros sea importante en vuestro efímero, liberaréis vuestro Êtreté, vuestra Eternidad porque yo estaré inmediatamente allí, aunque vosotros no me oigáis, no me veáis ni incluso me sintáis. Os daréis cuenta que desde el momento en el que penséis en mí, aunque no haya un soporte, que yo apareceré en vuestro corazón para consolaros.

No necesito palabras. Tendréis a veces la oportunidad de escucharlas, pero no serán diferentes de lo que os digo ahora: “tú eres mi hijo y eres la carne de mi carne, y como soy la carne de tu carne”. Eso solo va en un sentido; en el Único, no hay dirección, hay lo que es, allí donde reina la Paz eterna y donde ninguna carga puede subsistir, donde las resistencias se funden como la nieve al sol, porque el sol de vuestro corazón está encendido y nada puede estar bloqueado o detenido.

Así que, lo que quiero decir con ello, puede resumirse en una frase: “antes incluso de mi Llamada, desde hoy, estoy con vosotros realmente, no en un lugar de una creencia, sino en la evidencia de vuestro “corazón”. Reuníos conmigo. Reuníos vosotros mismos. No os dejéis seducir por las interacciones de este mundo. No las rechacéis, asumidlas, pero no os apartéis de la Paz y de la Eternidad. Este efímero, el vuestro como el de cada uno de mis hijos, solo necesita una cosa - que se volverá más importante que el dinero o la seguridad material o también una casa - es el Amor y mi presencia.

Ya seáis budistas, musulmanes, ateos, eso no representa para mí obstáculo alguno porque respeto totalmente todo lo que pueda quedar de creencias y de falta de experiencias. No vengo a juzgaros, no vengo a cortar, ese no es mi función; vengo a consolar para que la Paz no esté inestable, para que la Paz os fortalezca en vuestra Libertad interior y en vuestra eternidad.

Entonces os digo como os ha dicho mi Hijo: estad en paz en el bullicio del mundo. El Amor llena todo, os deis cuenta o no, y sobre todo si estáis abiertos, independientemente de vuestra voluntad personal y de vuestra historia personal. En la Paz no hay rencor ni mirada viciada sobre cualquier de mis hijos. Preguntad claramente, en ciertos momentos de vuestra vida, de vuestros días, preguntaos tranquilamente y escuchad no lo que dicen vuestros pensamientos, no lo que dice vuestra historia, sino escuchad en el silencio de vuestro corazón, lo que canta vuestra Madre - y también vuestro corazón al unísono.

Hijos míos, os lo digo: “regocijaos”. Todo lo que se os ofrezca ver o vivir, no es nada. Y recordad que, si eso no es nada, entonces no sois nada sino este Amor desconocido en la Tierra pero que hoy se manifiesta. Este Amor no depende, como sabéis, de ninguna historia ni de ningún vínculo; es la libertad total de la conciencia. Entonces, aunque os toque vivir circunstancias dolorosas, en vuestro cuerpo, en vuestra vida, no olvidéis que yo estoy a la espera que os volváis hacia mí, más allá de toda religión e, incluso, de mi historia en relación a este mundo y en relación a mi encarnación como María.

Los Elementos deben apaciguarse en vosotros, por sí mismos, no por ningún deseo sino por el reconocimiento del Amor, de mi Presencia, si queréis. Desde el instante en que sintáis una paz que es diferente a cualquier otra cosa y que hasta pueda sorprenderos, es porque en esa paz no hay lugar para ningún conflicto hacia vosotros mismos, con el mundo, con lo que ocurre, así como con cada hermano y hermana, aunque sea considerado como un enemigo. No hay otro enemigo que vosotros mismos contra vosotros mismos, mientras os consideréis efímeros.

El Amor no necesita soportes, no necesita historia, no necesita cuerpo, no necesita dimensiones. Es todo lo que estáis viviendo, descubriendo a veces con estupefacción, a veces con miedo, a veces con felicidad, pero las reacciones no son importantes porque la evidencia es tal que, en el momento de mi Llamada, os recuerdo, nadie podrá ignorarla porque las Trompetas me habrán precedido y las Trompetas habrán sembrado el terror para los que están vueltos hacia la materia y la alegría para los que se han girado, incluso sin vivirlo, hacia la Eternidad, en toda libertad. Yo soy, en estos tiempos especiales, la que pone final a toda vagancia, a todo sufrimiento, a todo desequilibrio, pero no veáis mi acción como algo que viene del exterior de vosotros, porque siendo la carne de mi carne, estoy evidentemente en vosotros, soy vosotros de alguna manera.

Entonces, dejad magnificarse y aparecer el Femenino Sagrado para vivir totalmente, antes del espacio de resolución colectiva, la Gracia de la Nueva Tri-Unidad, la celebración no ya de las Bodas Celestiales o de las Bodas Terrestres, sino de vuestra Resurrección en las esferas de la Eternidad, aquí mismo a través de esta carne. Vuestro corazón está atravesado por este Amor y entonces, todo se desvanece. No podéis agarraros a nada. Dejad todo, pensando en mí y allí veréis que nunca ha habido separación ni incluso puerta. Entonces exclamaréis: “es tan simple”.

El Amor es muy simple. Solo os mantiene alejados del amor, el fárrago de todas las historias a través de las cuales vosotros buscáis el Amor. El Amor no hay que buscarlo, el Amor es reconocerse, ante todo. Y reconociéndoos, reconoceréis toda la creación, todo lo que habéis vivido de lo que os hemos transmitido, ya sean técnicas, acompañamientos o simplemente nuestra presencia.

Ya veis hijos míos, que ahora no espero más que os reconozcáis. No vengo a pediros nada, Dad el primer paso con confianza y yo os ayudaré. No quiero llevaros, no, pero puedo ser de alguna manera, el testigo y el catalizador de este Amor que sois y que nos une en la Libertad y en la Ley del Uno.

Os recuerdo que no tenéis necesidad de nada y, cuando hayáis terminado de jugar con vuestra historia, vuestra persona, cuando hayáis dejado de tratar todavía de mejorar algo, os liberaréis. Yo estaré allí para recibiros, no para deteneros, sino para testimoniar lo que vivís.

Hijos míos, mi corazón de Madre nunca ha estado tan jubiloso como ahora. Mis hermanas Estrellas, los Ancianos, los Arcángeles, todos los pueblos de la Confederación Intergaláctica de los Mundos Libres, están en este estado, no diría de excitación porque eso no quiere decir nada para nosotros, sino de alegría. Recordad que nosotros no estamos sumidos, incluso acercándonos a vosotros, en la misma linealidad de tiempo. Os hemos dicho hace tiempo que todo estaba cumplido, solo queda concienciarlo y vivirlo. Pero allí donde estamos, sabíamos que todo estaba cumplido y hemos tratado, por respeto a la libertad de cada uno como de la colectividad, de manifestarnos regularmente de forma velada. Ya sea en las naves o fuera de las naves, ya sea en forma de nubes, se trata de nosotros.

No veáis en ello la tecnología humana o extraterrestre como decís, sino el milagro de nuestra presencia dentro de vuestros cielos, en vuestro corazón y en vuestras vidas. La suerte que tenemos, vosotros y nosotros, es que el tiempo que se desarrolla en la Tierra nos ha dejado, como decís, tiempo para suavizar lo que está ocurriendo ahora aquí, suavizarlo de tal manera que, en un momento dado, todo lo que ha sido anunciado se revelará ante vuestros ojos a la vez, de manera súbita; para algunos será sentida como brutal y violenta. Pero no hay mejor forma que sorprender al miedo, porque cualquiera que sea el miedo, la sorpresa lo afloja. En ese momento no estaréis en lucha, en oposición, no habrá nada a lo que agarrarse si no es a lo que sois. Y entonces, muchos de vosotros, antes incluso de mi Llamada, antes incluso de las Trompetas, desde ese día viviréis la verdad de vuestro ser.

Para aquellos que no han vivido nada como la energía, las vibraciones, la conciencia, para todos aquellos de mis hijos que se han alejado de mí, de la Luz, del Amor, esto se hará más obvio que para vosotros, porque vosotros tenéis menos necesidad, tanto los que estáis aquí, como los que me escucháis o los que me leéis. Ciertamente, como he anunciado, yo podré consolaros en caso de necesidad, pero ¿cual es el hijo que más me necesita, el que está alejado de mí, el que me ha ignorado, el que sólo ha buscado la codicia, la posesión de lo que sea?

Vosotros que estáis abiertos, recordad los años que han trascurrido o los meses o semanas, para vuestra apertura. Mirad los momentos de gracia, las experiencias que habéis vivido. No creáis en nada. Dejaos llevar y os llevaré no para evitaros fatigas, sino para traeros realmente Alegría al corazón y en la Paz, allí donde estáis, en vuestro lugar.

…Silencio…


No olvidéis que toda madre está en contacto con su hijo; que su hijo esté junto a ella o lejos de ella, no cambia nada. El corazón de una madre es de hecho capaz de hacer revivir eternamente sus recuerdos sin sufrimiento, pero para estar en el Amor, no en el de los apegos sino en el Amor que sale de ella espontáneamente al criaros, educaros, sea cual sea la dureza aparente de esta educación, independientemente de las insuficiencias, las negligencias. El corazón de una madre no puede mancharse de ninguna manera. Entonces, penséis lo que penséis, hayáis vivido lo que hayáis vivido, eso nunca será un obstáculo para reconoceros a vosotros mismos en esta dulzura y en esta Paz. Todo lo que no es dulzura, todo lo que no es Paz, simplemente no está iluminado o vivificado todavía, por la Vida Eterna.

Vosotros no necesitáis tiempo, sin embargo, no hay nada más urgente.

No necesitáis de buscar, no necesitáis de resolver si no son las ocupaciones de vuestra vida efímera, pero en el interior de vosotros, todo está cumplido y resuelto. Aunque no hayáis percibido nada, es el momento de percibirlo. No hay mejor medio que pensar en mí, que de evocarme. No me pidáis nada; sé pertinentemente lo que debo hacer. Abridme simplemente la puerta y no os preocupéis de nada.

Entonces, hijos míos, en este mismo momento en que me escucháis, en que estáis aquí, en este mismo momento en que me leéis, yo estoy ahí. Tened confianza, aunque no percibáis nada o lo percibáis intensamente. Lo importante no es vuestra percepción y vuestro conocimiento a ese nivel, sino vuestro propio conocimiento de lo que sois más allá de toda forma. Vosotros sois Amor, encarnado como no encarnado, no cambia nada. Como se os ha dicho, vosotros sois los “no nacidos”, los “sin forma”, la Eternidad, la Gracia eterna, sean cuales sean las cargas y las máscaras que parecen todavía ocultar algo.

Vengo a deciros también algo que os afecta, a cualquier nivel, y está ahí a partir de ahora solo para ser el aguijón de nuestro encuentro y el aguijón de vuestro corazón para el que se abra y no olvide que el corazón es a la vez la fuente de toda vida y la fuente de toda manifestación y esa fuente no es nada más que vosotros. Entonces, el Juramento y la Promesa no están hechos por una fuente exterior a vosotros sino por la fuente que vosotros sois.

Es eso lo que durante todos estos años e incluso dentro de los medios oficiales de la época, se decía en mis apariciones que, como os había dicho, no eran de mí misma, a excepción de algunas, a pesar de que el mensaje era siempre el mismo. Por supuesto, de evocar mi Presencia, sentir mi Presencia, os reenvía a la historia de la Tierra, pero no veáis otra cosa que la imagen de la Verdad vivida sobre la escena de teatro de este mundo.

En mi presencia, no podéis mantener ningún velo, ninguna ilusión y vosotros no podéis sustraeros a la Verdad; es a eso a lo que os insto. No hay ningún precio que pagar, solo recibir, no según vuestra persona sino según el don del Amor, el don de la Gracia. La Libertad y la Verdad no tiene ningún precio y no puede comprarse; eso está adquirido.

Así que, aquí, en este momento y en cada momento que sigue, ya sea con apoyo de la oración o simplemente por el silencio, yo os asisto. No os conduzco, estoy allí y eso basta si vosotros estáis allí también. Lo demás no son más que pamplinas porque el Amor es todo, desde el momento en que no sois nada, desde el momento en que no hay ninguna reivindicación, excepto esta tensión hacia el Amor y hacia el Abandono que realiza vuestro estado de Luz más allá incluso de la forma eterna.

…Silencio…


Vosotros sois la conciencia pura, así como sois la a-conciencia. Sois el mundo, sois el Amor; sois el niño que llora y el niño que ríe; sois el viejo que se apaga en la paz o en el sufrimiento. Pero todo eso no son más que juegos porque en verdad solo sois el Amor que engloba todo lo demás.

Es a eso a lo que os invito ahora, a plantearos y deshaceros de las cargas tanto del cuerpo como de la vida en este mundo. Os invito a descargar los pesos que justamente tenéis que soltar. No necesitáis entenderlo, solo reconoceros. No hay más velos, solo tenéis que dar la vuelta y el Silencio y la Paz estarán allí; yo estaré allí y vosotros también, no a través de ninguna máscara, no a través de cualquier pensamiento, sino como la única verdad inefable que no puede sufrir ninguna objeción o cuestión, porque es evidente.

Entonces, si esa evidencia no está hoy presente en vosotros, no os culpabilicéis, no os preocupéis por eso. Daos la vuelta y os tenderé los brazos y os estrecharé sobre mi corazón, cubriéndoos con el Manto Azul de la Gracia para que descubráis vuestra Libertad, la que no puede estar obstaculizada por vuestra historia, por vuestras penas y vuestras alegrías.

Ese es el momento importante, más allá incluso de mi Presencia porque se trata de vuestro reconocimiento. Entonces diréis: “qué simple es”. Y cuanto más complicado lo veáis, llegado el momento, os aparecerá como sorprendentemente simple, sorprendentemente evidente y veréis entonces los últimos restos de las estrategias defensivas de la historia de la persona derrumbarse como un castillo de naipes, incapaz de mantenerse ante vosotros, no pudiendo emerger ya dentro de vuestra vida en esta carne. Ahí está la Libertad y en ninguna otra parte. Esta Libertad que os da también consuelo, fe, esperanza y, sobre todo, la caridad de ser lo que sois.

Entonces, todos los problemas, las vicisitudes de la vida que serán resueltos, en cualquier situación, os aparecerán por lo que son, una responsabilidad que cumplir, pero eso no tendrá ningún peso, ningún efecto sobre vuestra paz y vuestra alegría; eso es muy concreto. Yo os digo también: “no me creáis, hijos míos, os pido que vayáis y lo viváis”, como en el momento en que una madre empuja al hijo hacia su libertad, el momento en el que el ave empuja a su cría fuera del nido, sabiendo que va a elevarse necesariamente, aunque él no lo sepa. Es lo mismo.

Vengo a vosotros para deciros que seáis libres, libres de todo, pero asumiendo simplemente vuestra corporeidad, vuestro efímero, hasta el final, pero con liviandad y gracia. En el momento de mi Llamada, eso será la felicidad. Desde el instante en que oigáis los sonidos del cielo y de la Tierra, entonces todo desaparecerá: la historia, las cargas. Os acostaréis con confianza, encontraréis lo que sois cuando os vais a dormir. No os preocupéis de nada, ni de vuestro cuerpo ni de vuestros hermanos y hermanas en otras partes de la Tierra, ni de vuestros animales; todo irá perfectamente. Y hoy, comprobad en vosotros mismos, en vuestra vida efímera, cómo se desarrolla para vosotros, estos tres días.

Así que, si hay sufrimiento, sobre todo no busquéis nada si no es para sanar ese dolor porque no hay que buscar explicaciones en la Luz o culpabilidad o la falta del otro. Todo eso no son más que interacciones que no tienen razón de ser ante la majestad del Amor. Pero amaos totalmente. No hablo de vuestra forma o de vuestra historia, sino de lo que sois y de lo que no sois, es decir, el Todo, el gran Todo que contiene todos los tiempos, todos los espacios, todos los mundos, absolutamente todo lo que puede ser un día manifestado o que ha sido manifestado.

Recordad que la historia de vuestra vida necesita complejidad, porque si fuera simple y evidente, no habríais visto que estabais vivos. Así que hoy y, sobre todo, si para para vosotros es duro, no hablo a mis hijos los que estáis aquí, que estáis despiertos, hablo para aquellos de vosotros que me ignoráis, para los que no queréis el corazón. Solo el miedo hace pantalla y vuestro corazón es todavía más grande - si puedo hablar así, porque es el mismo corazón - que lo que hayáis podido imaginar o temer.

…Silencio…

Sabéis que las palabras tienen menos importancia que antes, solo cuenta vuestra Presencia y mi Presencia, solo cuenta lo que sois más allá de todo ser, más allá de todo Sí, más allá de toda Luz y, sobre todo, bien lejos de cualquier tipo de historia.

…Silencio…

No olvidéis, para ayudaros en lo que se desarrolla, de hacer el Silencio por momentos, el silencio de vuestra mirada, el silencio de vuestras palabras, en vuestra vida o en la naturaleza, ya sea en los pueblos de la naturaleza, ya sea con vosotros mismos, ya sea con otros: vuestro amor, vuestro hijo, vuestro padre o el que resiste. No olvidéis que el Silencio pone fin automáticamente a la expresión de la persona - el silencio de las palabras y el silencio de la mirada también. Ver más allá de la apariencia de la forma en estos momentos que vivís en la Tierra, requiere a veces cerrar los ojos para no estar preocupados por la apariencia o por lo que se dice. Cuando tengáis la ocasión, quedaos en silencio y en la ausencia de mirada. Volved vuestra mirada hacia vosotros y recordad que no hay nada que ver que solo hay que vivirlo, experimentarlo.

Pensad en mí como un último auxilio en los momentos en que sentís que se ha hecho silencio, que nada se imprime en vuestro mental, que los pensamientos escasean y la Paz se instala. Y recordad que no tenéis nada que hacer, más que manifestar ese silencio y toda expresión de vosotros mismos. No os pido que os retiréis, sino que lo penséis varias veces al día. Y si pensáis en ello, veréis por vosotros mismos que todas las dificultades de vuestro cuerpo como de vuestra vida se apagarán por sí mismas ante la majestad del Amor. Pero no olvidéis que precisamente en este momento, no tenéis nada que hacer más que de cerrar vuestros ojos y cerrar vuestra boca, velar y orar y os daréis cuenta no de las manifestaciones sino del efecto directo sobre la paz interior que ya no depende de vosotros. Ahí está el mayor regalo de la Vida misma: vuestro regreso a la Libertad.

…Silencio…

Encontrad el momento presente, como os he dicho. Encontrarlo no es buscarlo sino instalarse en él, allí donde no hay ningún espacio para el pensamiento, para la persona, para una historia, para un sentimiento. Acercándoos a esta Paz, a esta vacuidad (digamos), a medida que ella crezca, la Evidencia irá apareciendo en su desnudez más allá de mi Presencia y de la vuestra. Entonces encontraréis realmente, por la experiencia, la Ausencia, el Absoluto, el Último (no importan las palabras). Si eso os molesta, entonces viviréis que vosotros y vuestro Padre sois Uno, que vosotros y el mundo sois Uno, que vosotros y las dimensiones sois Uno y que más allá de ese Uno, está aquello sobre lo que se apoya toda vida y que está más allá de la Luz, que es la fuente del Amor pero que no es la Fuente.

Mi corazón de Madre late en cada uno de vosotros y es normal ahora que, de alguna manera, me pongo en la cabecera de todos aquellos que no me han reconocido, en el corazón de todos los que experimentan el sufrimiento; ellos tienen más necesidad de su Madre que vosotros, pero yo estoy aquí también, para vosotros - os he dicho que no hay diferencia. Estoy en todas partes a la vez, más allá de estar en vuestros cielos (de la Tierra), mi Presencia se revela en cada uno de vosotros, en el Silencio, en la humildad, en la simplicidad, en este espacio donde no hay reivindicaciones ni preguntas. Os espero para que todos estéis en vuestra casa. Entonces, mi corazón de Madre, no tendrá ya más que deciros; todo ha sido dicho, habéis sido informados los que estáis aquí y en otros lugares.

…Silencio…

Por tanto, acoged la Paz para que ningún temor pueda agarrarse a nada. Eso es importante no para más adelante porque todos vosotros sois los niños de la Eternidad, los niños de la Ley del Uno, aunque utilicéis otra cosa.

…Silencio…

Permíteme, estés donde estés, aquí o en otra parte, colocar sobre tus hombros, el Manto Azul de la Gracia. Permíteme estrecharte sobre mi corazón. Permíteme devolverte a tu Libertad. Permíteme de cantar para tu Resurrección.

…Silencio…

Hijo mío, hijo mío, tú eres el Camino, la Verdad y la Vida en esta forma como en cualquier forma, como en el “sin forma” y el “no nacido”. En todas partes te amo. En todas partes tú eres el Amor.

Entonces te digo, hasta cuando tú quieras. Atrévete tan pronto como lo desees, tan pronto como te sientas listo o, aunque no te sientas preparado.

…Silencio…

Sé lo mismo que el niño que, aunque haya cometido un error, solo puede llamar a su Madre.

…Silencio…

Soy María, Reina de los cielos y la Tierra, Soy el Corazón de tu Corazón y te bendigo. Y no me despido de ti, porque recuerda que estoy ya en ti. Pronto me escucharás. Cuando llegue el momento y cada día, sentirás más inminente mi Llamada que se hará más intensa antes incluso de la Llamada colectiva.

Despiértate, yo te amo. Despiértate, estoy en ti.
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