sábado, 21 de mayo de 2016

Florecimiento del niño interno. Lección IX. (Kwan Yin)



Kwan Yin
Florecimiento del niño interno. Lección IX.


Hermanos, Yo soy KWAN YIN. Continuemos con el viaje del príncipe.

El príncipe viajaba experimentando una nueva realidad, la luz interior le permitía ver a través de la distancia y del tiempo. Había asimilado la secreta naturaleza del Amor y de la Justicia; había aprendido que son las 2 grandes fuerzas que regulan la armonía de las esferas.

Ahora, absorbido por esa luz que provenía de su interior, viajaba por el espacio experimentando una armonía increíble; se sentía en unidad con todos los seres creados, su mente percibía señales de todos los rincones del universo; bastaba con que su voluntad lo deseara, para observar claramente lo que estaba pasando en cualquier rincón de la creación. 

Recordó una vez más, sus experiencias anteriores, cómo los seres, con los que se había topado, parecían conocer exactamente todo por lo que él había pasado; ahora entendía el poder de la iluminación, era ese secreto poder que le permitía establecer el contacto con todas las cosas creadas.

A lo lejos vio una nave que cruzaba por su camino, perpendicularmente, fijó su mente en la nave y, en forma inmediata, aparecieron imágenes en su cerebro, vio a un ser que partía en busca de los 10 principios del universo; se dio cuenta que ya había encontrado los primeros 3; pudo observar claramente lo similar de sus experiencias con aquellas por las que había pasado él mismo; observó la agitación en que se encontraba y quiso intervenir; alzó su petición al espacio diciendo así:

- Dios infinito, he descubierto a un hermano que viaja en busca de los mismos secretos por los que yo he partido, permíteme auxiliarlo en su camino. Esa voz que proviene de todas partes y que habla sin ruidos, le contestó:

- Sea como tú lo quieres, hazlo. Y, así, el príncipe, habiendo obtenido el permiso, se hizo presente en la mente de ese ser y le habó así:

- Hermano mío, sé que tu corazón se agita por las emociones de tu viaje, sólo vine a decirte que la meta que tanto anhelas, sin duda la alcanzarás, no importa los peligros que tengas que cruzar, ni los seres con los que te tengas que enfrentar, el universo es tuyo y los secretos te pertenecen, no lo olvides.

Vio claramente cómo el ser se asombraba por esa voz y que lanzaba miles de preguntas en su mente.

- ¿Quién eres, dónde estás, cómo me conoces?. Y el príncipe le respondía:

- Soy uno contigo, he estado siempre contigo y lo estaré por toda la eternidad; como tú, yo también inicié un viaje, tal vez haya encontrado algunas cosas que a ti te falta descubrir, pero ten la confianza que, algún día, tú harás lo mismo que yo. 

El ser le preguntó desesperado.

- ¿Por qué no me revelas de una vez todos los principios, si a fin de cuentas los he de descubrir tarde o temprano?. El príncipe le contestó:

- Por la misma razón por la que una semilla tiene que esperar el tiempo necesario para su crecimiento; por la misma razón que los niños nacen niños y tarda un tiempo en que se conviertan en adultos; por la misma razón que los planetas se mantienen girando eternamente, unos alrededor de otros; por la misma razón por la que nosotros hemos de viajar y nuestros padres lo hicieron y nuestros abuelos igualmente, todos en busca de estas leyes universales.

Después de un silencio, el príncipe lo dejó sumergido en sus meditaciones mientras él seguía el camino. Mientras su nave viajaba hacia ningún lado su mente iba pensando:

¡Qué extraño es el universo, increíblemente rico en planetas, estrellas y galaxias, en seres extraños, en criaturas diferentes, pero qué inmensamente mayor es la realidad interior!, ese universo que nos conecta desde adentro de nosotros mismos 

con todos los seres de la creación. Decidió parar su nave en un planeta que, sin prisas, giraba lentamente alrededor de un maravilloso sol.

Cuando hubo descendido a su superficie, salió de su nave y se sentó, observó a su alrededor, e interiormente se conectó con la esencia del planeta y observó su historia, su evolución, se dio cuenta de su presente, se dio cuenta que estaba desierto de seres inteligentes, ahí sólo moraban seres de otros reinos inferiores, plantas, piedras y el mismo planeta. Haciendo la conexión con el destino del planeta, miró hacia el futuro y observó que unas razas hacían su aparición en la superficie de ese planeta; observó cómo esas razas empezaban a juntarse en colonias y después en ciudades; vio que se formaban grandes pueblos y organizaban sus derechos y reponsabilidades para formar una sociedad de armonía; vio que recibían asistencia de los hermanos mayores del espacio, que les mostraban cuáles eran los principios sobre los cuáles deberían regir su humanidad; 

vio que esos seres alcanzaban grandes dones en el dominio de los elementos, a través de algo que ellos llamaban ciencia; vio que todos ellos eran felices hasta que, de pronto, llegó una semilla del espacio, un ser de otro planeta aterrizó en su superficie. Después de ese ser siguieron otros muchos. 
Esos seres, provenientes de otro planeta, introdujeron el germen del odio y de las guerras, de la envidia, el egoísmo 
y vio, cómo la humanidad empezaba a corromperse y vio, cómo, lo que antes era total armonía, empezaba ahora a convertirse en desolación y tristeza. Nuevamente el príncipe quiso intervenir y lanzó su petición al espacio:

- Dios mío, no puedo permitir que esto le pase al planeta, no puedo permitir que esta humanidad que era todo armonía se vea contaminada por seres de otros planetas. ¿Qué puedo hacer?.

Esa voz que provenía de todas partes le contestó:

- Respetar la Voluntad Divina. El príncipe, extrañado, contestó:

- Pero, ¿no es la Voluntad Divina mantener el orden y la armonía?.

- La Voluntad Divina es permitir que las criaturas aprendan a alcanzar la armonía de todo lo que existe.

- Pero, ¿no es éste un triunfo de las fuerzas obscuras?, ¿no es éste un hecho que va en contra de la evolución del universo?.

- Lo que tú has observado es una consecución de la voluntad divina, sin duda no es el propósito último, pero es el resultado del ejercicio de su libre albedrío. ¿Por qué no observas más adelante?.

El príncipe nuevamente unió su mente a la esencia del planeta

y saltó siglos más adelante en su historia y vio que el planeta había sufrido una gran destrucción, había habido guerras que habían involucrado a toda la humanidad; vio cómo de las cenizas surgían niños y jóvenes sobrevivientes; vio a las madres que, mientras lloraban enterrando los cuerpos de sus seres queridos, tomaban las manos de sus hijos y les decían: esto es lo que deja la guerra; si algún día tienes oportunidad, lucha, pero no con las armas, lucha por la razón y lleva la armonía y la esperanza a todos los lugares por donde pases. 
Vio que los jóvenes formaban una nueva generación; vio que protestaban en contra de la guerra; vio cómo se unían unos con otros hasta formar una gran fuerza, que, en su momento, pudo restablecer la armonía de todos los pueblos. Quiso ver más hacia el futuro y vio que esos seres empezaban a alcanzar nuevos horizontes de unidad y de armonía y la guerra había quedado en el pasado como una amarga lección para esas humanidades.

El príncipe nuevamente lanzó su voz al cielo diciendo:

- Gracias Dios mío, hoy he aprendido que la Voluntad Divina triunfa en todas las cosas. Hoy he aprendido que la Voluntad Divina busca la armonía de todos los seres en un tiempo final y no inmediatamente. Una voz familiar para él le contestó:

- Hijo mío, el noveno principio, la Voluntad Divina no es sino el reultado de la herencia que Dios ha puesto en cada cosa creada como semillas que darán fruto a su debido tiempo y los llevarán a manifestar toda la grandeza del universo, toda su armonía, toda su paz.

La Voluntad Divina se cumple aunque, en ocasiones, el hombre parezca transgredirla. Este es el noveno principio, no lo olvides. La Iluminación te conectó con todos los seres del universo, ahora, la Voluntad, te permite entender que para Dios, el tiempo, el espacio y las pequeñas circunstancias de la vida no tienen valor; la inmensidad, la eternidad, la unidad de todas las cosas, son realmente el interés de Dios. 

Bienaventurados nosotros porque estamos con El, no existe nadie fuera de Dios. No lo olvides hijo mío, prosigue tu viaje porque la meta se acerca cada vez más rápidamente.

El príncipe se emocionó intensamente; de sus ojos empezaron a rodar lágrimas y ahora se sentía poseedor de secretos nunca antes sospechados. Supo que no importaba cuál hubiera sido el camino que él tomara en su nave, de todas formas la Voluntad Divina se cumpliría. Supo que no importaba cuáles fueran sus pensamientos o sus deseos, o de cómo llevar su vida, la Voluntad Divina se cumpliría al final, de todas formas. 

Supo que las desavenencias y las desarmonías que observara en esos mundos, los conflictos en que estaba sumergido el viajero, sus propios problemas, sus interrogantes y todo eso que él sentía cotidianamente, no eran sino una consecuencia de las Leyes Divinas actuando sobre cada ser, pero que, al final, la Voluntad Divina se cumpliría tarde o temprano.

Lleno de esa inmensidad, partió en su nave dejando que tomara cualquier dirección.

Mis bendiciones quedan en ustedes y me despido.

Que la luz del Padre ilumine sus pasos eternamente.

DOMINGO 21 DE FEBRERO DE 1993 - 8:00 A.M.
MENSAJE RECIBIDO A TRAVES DEL HERMANO JESUS ALONSO GONZALEZ F.
SEGUNDA PARTE Novena lección - FLORECIMIENTO DEL NIÑO INTERNO
 

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