lunes, 23 de octubre de 2017

MARÍA - 17 octubre 2017


MARÍA
17 octubre 2017
Soy María, Reina de los Cielos y de la Tierra. Bien amados hijos, rindo gracia a vuestra presencia, dondequiera que estéis en la tierra, a vuestra disponibilidad y a vuestra acogida, para vivir juntos la Teofanía.
Al finalizar y tras la Teofanía, tendré la oportunidad de comunicaros unos elementos acerca de lo que se vive en vosotros durante esta fase final, que no es nada más que el regreso a la Verdad y al Amor. Desde ahora rindo gracia a vuestra acogida, a vuestra sonrisa, a vuestra presencia. Entonces instalémonos juntos en la Verdad, la del corazón, la del Amor, la de la Luz. En el silencio ahora, acogemos.
…Silencio…
Bien amados hijos, rindo gracia a cada uno de vosotros por vuestra acogida, vuestra dulzura, y saludo vuestra eternidad.
Cuando ahora muchos de vosotros tienen la lucidez de ver, en vuestra intimidad como en la pantalla de este mundo, lo que sucede, constatáis que una Paz sin igual impregna vuestra persona, dándoos a vivir, que sea por momentos o de manera cada vez más permanente, la felicidad de la Verdad, contrastando tanto con lo que es visible en la superficie de este mundo, como a veces en vosotros y también a vuestro alrededor. El Amor emerge en el seno de vuestra lucidez, y esto sea cual sea lo que tengáis que vivir a nivel personal, según el lugar donde estéis en la superficie de este mundo.
Las Teofanías que han sido vividas y que se siguen viviendo, son el bálsamo que evita ser llevado por los mecanismos que ciertamente veis en vosotros o a vuestro alrededor. Únicamente el corazón, únicamente la Verdad es a partir de ahora vuestro salvoconducto. Ahora sois muchísimos en vivir el regreso de la Verdad. Más que nunca hoy, os invito al Amor. En cualquier pensamiento, en cualquier mirada o en cualquier acción que tengáis que llevar, dejad ser la Verdad, dejad ser la ligereza.
En este día del 17 de octubre del año 2017, y ya como os lo había estipulado el Comendador, tenéis la posibilidad de observar unas transformaciones, unos acontecimientos. Que sean humanos, que sean sociales, que estén ligados a la Tierra misma o a las radiaciones procedentes de la Verdad, todo concurre a que os establezcáis en la Paz, o al contrario, en la interrogación. El único bálsamo, el único salvoconducto será con evidencia vuestro corazón, vuestra ligereza, vuestra Felicidad, y sobre todo vuestra Verdad.

Cuando el Choque de la humanidad ya está ocurriendo de manera parcelaria por la acción de los Elementos, os queda simplemente estar ahí, plenamente conscientes y presentes, vivir lo que la vida os ofrece, e incluso si os parece alejado de la Verdad, no lo es para nada porque todo a partir de ahora se precipita, todo emerge ante la mirada ordinaria como ante la mirada del corazón, llevándoos, para algunos, a realizar una especie de limpieza, que de hecho se hace por sí sola.
Las Teofanías se realizan de manera cada vez más extensiva, por todas partes en esta tierra. El Fuego Ígneo realiza su obra. El Arcángel Mikaël, que siembra la tierra en innumerables lugares, prepara la Verdad, su majestad y su totalidad.
Aprovechaos de lo que sucede, sea cual sea su naturaleza, en vuestro cuerpo, en vuestra vida, a vuestro alrededor como al otro extremo de este planeta. Todo concurre, incluso en lo que aparece a veces para la persona como violento, para establecer el reino de la Verdad, finalizar la ascensión de la Tierra y vuestra libertad. Tiene que ser experimentado en vuestro interior. Ni vuestra razón, ni siquiera vuestra visión ordinaria puede alcanzar a entender la envergadura de lo que se despliega.
No os oculto que el establecimiento de la Luz ha dado un gran paso desde el 1 de octubre de vuestro año. Tampoco os oculto que lo que podéis observar en vosotros, a vuestro alrededor o por todas partes en el planeta, va a intensificarse de manera desmesurada para la mirada de la persona, pero también en la medida que vuestro corazón se llene de esta Verdad reencontrada y acogida.
Acordaos que no tenéis que premuniros de nada, que no tenéis nada que preparar ni que anticipar, sólo tenéis que estar ahí, presentes en vosotros mismos, presentes a la vida. Todo lo demás, sin ninguna excepción, se realiza por la majestad de la Luz y del Amor, y ya no puede ser por vosotros. Os invito a cada vez más dulzura hacia vosotros mismos, hacia cada hermano y cada hermana, y acordaos que esta dulzura no depende de vuestras palabras, de vuestros discursos, ni siquiera de vuestras intenciones de ayuda o de servicio, sino simplemente de la evidencia con la cual vivís el corazón.
Tal y como os fue enunciado, muchos hermanos y hermanas, muchos hijos míos viven hoy la alegría de la Eternidad sin haber pasado por todos esos estados, que tal vez habéis vivido, llevándoos a constatar que los tiempos finales están realmente presentes y suceden en este mismísimo momento en el plano físico, en el plano ordinario y más palpable de la Tierra.
Lo sabéis, no hay que reaccionar a nada con respecto a esta sucesión de acontecimientos que están ocurriendo por todas partes e incluso a veces en vosotros. Sólo hay, como se ha dicho y repetido, que acoger la Felicidad, acoger la ligereza, en cualquier dificultad aparente. Detrás, lo que viene, en las últimas tramas del tiempo, a partir de ahora está la alegría que cada uno de vosotros puede vivir. No hay ninguna persona que valga, no hay ninguna energía que valga, no hay ningún momento privilegiado, porque esto ocurre en cada minuto, en cada instante, por todas partes al mismo tiempo.
Las señales, en vosotros como fuera de vosotros, son innumerables, pero no olvidéis que muchos de mis hijos todavía duermen y no quieren ver lo que pasa. Vosotros, que estáis con intermitencia o permanentemente en el Amor y en el corazón, estad ahí, presentes, esto basta ampliamente para amortiguar este Choque de la humanidad.
Mi llamada se vuelve apremiante. Muchos de vosotros que me han percibido, oído hace años, hoy tienen la posibilidad de estar felices. Esta felicidad no es una felicidad consecutiva al choque sino más bien a la realidad de vuestro corazón, sean cuales sean vuestras descripciones, vuestras vivencias. Las interrogaciones dejarán cada vez más lugar a la evidencia, a la evidencia del corazón, a la evidencia de vuestra ineluctabilidad. Todo esto se vive en este mismo momento, estéis donde estéis, es cierto de manera muy diferente, pero quiero precisar que viváis lo que viváis hoy en el seno de vuestro personaje, que haya una enfermedad, un sufrimiento, que haya un trastorno a nivel afectivo, en vuestra zona, en vuestro país, sea cual sea su naturaleza, sólo es una invitación a giraros definitivamente hacia el corazón, con el fin de reemplazar los aparentes pesos por la realidad transcendental del Amor que apacigua y aligera cualquier peso. El Amor no tiene límite, el final de los tiempos tiene un límite, el Amor nunca tiene fin.
Más que nunca, todavía hoy, os lo digo como muchas hermanas Estrellas y muchos Ancianos os han dicho: a la medida de vuestras posibilidades, sumergíos ahí donde os revitalizáis, en primer lugar por supuesto girando vuestra conciencia, vuestros pensamientos, hacia el Corazón del Corazón. No hace falta comprender, sentir la vibración o la energía, sino sólo evocarlo, y vuestra conciencia seguirá y se iluminará. Ahí está vuestro salvoconducto, no habrá ninguno más.
De manera inminente, ya no podréis apoyaros en ningún elemento de la comodidad tecnológica moderna, que en definitiva os ha alejado de la Verdad, aunque haya sido útil para muchos de vosotros. No os dejéis abrumar por ningún sufrimiento de vuestro cuerpo, por ninguna enfermedad o por ninguna interrogación, ni siquiera por los acontecimientos presentes. Id también, más que nunca, a la naturaleza, donde no haya ni hombres ni mujeres, donde no haya ninguna ciudad, donde todo esté tranquilo, contrastando con lo que ocurre en vuestras ciudades, en vuestras relaciones y también en algunos lugares.
Dondequiera que giréis vuestra mirada, si aceptáis ver, la mirada de la persona verá el fin, la mirada del corazón exultará de la Felicidad que está ahí, y es a vosotros a quien corresponde elegir. No hay que hacer ningún esfuerzo, no hay nada complicado, no hay ningún camino que recorrer, sólo hay que giraros hacia vosotros mismos, no en el seno de vuestra historia o de vuestra problemática, aunque requiera una solución concreta, sino encontrar lo que sois, y ninguna historia puede serviros para esto. Entended bien lo que digo: es la misma realidad y la misma verdad que están ocurriendo. Por un lado es el fin de una dimensión, y por el otro la Resurrección en la gloria y en la belleza de la Vida.
Todo depende, en cuanto al mismo acontecimiento, de la mirada de vuestra conciencia, de lo que fue nombrado vuestro punto de vista, y vuestro punto de vista os llevará, por así decirlo, a lo que sois, a vivir la Verdad, a celebrar la mariposa en lugar de quedaros en la oruga, como decía el Comendador. Sólo depende de vosotros. No hay ninguna condición previa que tener, no hay ningún conocimiento que poseer, no hay ninguna reflexión que sostener. Sed simples como un niño que recibe su regalo de Navidad o que recibe los regalos de su cumpleaños. Y sabéis que esos regalos sólo son el reflejo de vuestro encierro. El regalo que está ahí no puede ser comparado con ninguna Navidad, con ningún cumpleaños, con ningún amor, aunque fuese el más perfecto que hayáis vivido o que estéis viviendo en esta tierra.
Entonces, vivid la Paz, sólo os espera a vosotros. Incluso en el sufrimiento, incluso en la enfermedad, incluso en la opulencia o en la carencia, no hay ninguna diferencia, cada vez menos. Entended bien lo que os digo: todo depende únicamente desde donde miráis, todo depende de a lo que todavía os apegáis. Y en el corazón no hay nada a lo que apegarse, sólo hay que ser, y esto es accesible, lo repito una vez más, de manera cada vez más simple.
Si el espectáculo del fin puede chocaros, si estáis desestabilizados en vuestra intimidad, por vuestras relaciones, sobre todo poned el corazón, no el corazón de vuestra cabeza sino el santo de los santos. No os preocupéis y no os ocupéis de nada más. Ya lo sabéis, para muchos de vosotros las llamadas de la Luz os han obligado a parar vuestras historias, fuesen las que fuesen, incluso a nivel espiritual, con el fin de volver a centraros y estar disponibles únicamente para la Verdad ‒ y la Verdad no necesita ninguna historia, ningún guión.
Cada cosa que ocurre en vuestra vida, que sea por vuestra acción, por vuestro entorno o por vuestro país, por vuestra zona, más allá del aspecto concreto de este acontecimiento, detrás de esto sólo está la llamada de la Luz, su regreso a vosotros, con total lucidez. Todo lo demás sólo es apariencia, todo lo demás sólo pasa. Vosotros no sois de este mundo, aunque yo, mis hermanas, y algunos de vosotros que estáis ahí hoy, me habéis permitido sembrarlo, me habéis permitido ejecutar el juego de la conciencia de manera libre, en total ligereza.
A menudo se ha insistido acerca de vuestra eternidad, que no depende de ninguna historia y sobre todo de ninguna historia de este mundo. Hace dos mil años, mi Hijo preparó la vía. A través de su mensaje, de su presencia, os ha enseñado el camino del regreso a lo esencial. No veáis nada religioso en esto, ni siquiera ninguna otra religión, porque hoy Satán reina en todas las religiones, sin ninguna excepción. Todo lo que he podido decir en este mundo fue transformado, modificado, con el fin de desviaros, de confundiros. Hoy, no hay que escuchar nada más que vuestro corazón, el canto de la Paz, de la Felicidad y de la Resurrección que empieza a manifestarse.
Lo sabéis, las Trompetas suenan cada vez más a menudo en diversos lugares. Y la importancia de esos lugares y de esas manifestaciones todavía no es colectiva, pero sin embargo la llamada del corazón es cada vez más apremiante, cada vez más evidente, a partir del momento en que soltéis vuestras pretensiones, vuestras obligaciones. No quiero decir con esto que no haya que respetarlas sino ver, a través de todo lo que tenéis que vivir, la Inteligencia de la Luz. Ver no quiere decir comprender, porque muchas cosas van a apareceros, para vuestra razón y vuestra lógica, cada vez más incomprensibles, conforme vuestro corazón se volverá más comprensible y más vivo. Algo se aleja, algo aparece. Lo que se aleja es el sufrimiento, lo que se aleja es la Ilusión, lo que aparece cada vez más es la verdad del Amor, y esta verdad del Amor os llama de manera cada vez más poderosa a dejar los juegos hipócritas, el juego de las historias y de los guiones.
La Vida os llama, en estos instantes de majestad, a todavía más simplicidad. Sea cual sea vuestro estado, hay algo más allá de este estado que no depende de vosotros, de ninguna historia, de ningún conocimiento, de ningún guión, y esto está omnipresente en cuanto dejáis de alimentar vuestra cabeza, en cuanto acogéis sin restricción la Felicidad que está ahí. No tenéis que buscarla, no tenéis que comprenderla, no tenéis que imaginarla, tenéis que acogerla simplemente de par en par. Todo lo demás, a partir de ahora, vendrá de ahí y será cada vez más obvio, cada vez más evidente. Cada día seréis más numerosos a vivirlo, en la intimidad de vuestro corazón.
Los de vosotros que experimentan en estos momentos unos problemas, que sea en vuestra esfera afectiva, económica, ligado a los Elementos, ligado a la enfermedad, quiero decir sobre todo a todos mis hijos que viven esto que es el momento de giraros hacia vuestro corazón. La Luz ha llamado a vuestra puerta de muchas maneras, y hoy sólo queda la manera fuerte con el fin de llamar vuestra conciencia a la lucidez y a la Paz. No juzguéis nada según las apariencias, ni vuestro estado, ni el estado de nadie, porque todo concurre, aunque todavía no lo veáis, al reino de la Luz, a mi Llamada.
Acordaos que la mejor ayuda, a partir de ahora, ya no serán mis palabras, ni las palabras de los Ancianos, de las Estrellas, de los pueblos de la naturaleza, sino más bien el silencio evidente de la vida en la naturaleza. Entonces no lo dudéis, no dudéis en encontrar tiempo con el fin de que la Vida os encuentre. A partir de ahora no hay mejor entorno, no hay mejor situación que la de salir de las quimeras de la organización social de vuestras ciudades, de vuestras reglas y de vuestros convenios. Os incumbe elegir. Sólo hay una única elección: la Paz y la Felicidad, o el sufrimiento. Hasta los sufrimientos desembocarán infaliblemente en la Felicidad, pero esto ya no depende de vuestra persona, depende simplemente con qué intensidad y qué verdad acogéis lo que está ahí, que siempre ha estado ahí y que ahora se adelanta. Si hay unos miedos, si hay algún sufrimiento, si hay un acontecimiento ligado a los elementos o a la sociedad en la cual estáis insertados, no os alarméis porque todo es perfecto. Acoged, y veréis esta perfección y no solamente el aparente caos.
Mis palabras son extremadamente simples porque es extremadamente simple. Esto es realmente y extremadamente simple. Sólo vuestros rodeos, vuestras historias, vuestros apegos a la Ilusión pueden todavía impedir a muchos de mis hijos el aceptar el Amor. Porque el Amor ha sido buscado en la seguridad, en el matrimonio, en los hijos, en las amistades, pero este amor no es nada, sólo pasa. El Amor, y la Felicidad, que están ahí, nunca pasarán. Entonces, os incumbe decidir, ¿os apegáis a vuestra vida, a vuestra historia, u os apegáis al Amor que os libera, que no conoce ninguna restricción ni ninguna condición?
No se necesita ninguna preparación, no se necesita ninguna creencia, vuestra conciencia es la herramienta inmediata y es la que actúa. De hecho tal vez lo constatáis a vuestro alrededor, en vuestro entorno, algunos hermanos y hermanas viven instantáneamente la Verdad. Esto, sólo puede animaros. Por desgracia, también observáis las resistencias de otros hermanos y hermanas que dan rienda suelta a los miedos, que dan rienda suelta a su historia, a sus quimeras, a todo lo que sólo pasa. Y lo sabéis, no podéis hacer nada. Sólo podéis acoger todavía más lo que está ahí, y nada más.
Sed la Felicidad porque la Felicidad abre todas las puertas. No tenéis que preocuparos por dónde va la Luz y dónde va la Felicidad, siempre habrá un receptáculo en el pecho de un hermano o de una hermana, aunque esté al otro extremo del planeta. No tenéis que dirigir, controlar u organizar la Luz. Es Libertad total, y está ahí.
Dejaré seguramente a uno de los Arcángeles expresarse después de mí, para que os de unos elementos más corporales, por así decirlo, acerca del establecimiento de la Eternidad. Yo sólo hablo de vuestra conciencia, no hablo de vuestra persona, de vuestras historias, de vuestros apegos, de vuestras finanzas, de vuestro país. Sólo hablo de vosotros, porque sólo estáis vosotros. Sólo hablo de lo que sois porque no hay ninguna otra verdad. Mientras vuestra mirada sigua girada hacia la Ilusión, no podréis encontrar la totalidad de vuestro corazón, y esto ya lo vivís y lo constataréis en cada mirada exterior en detrimento de la mirada interior. Habrá resistencia y entenderéis rápidamente, si no es el caso ya, que el único bálsamo es el corazón, que todo lo demás no representa nada y no es nada, independientemente de lo que todavía podéis tal vez pensar.
El salvoconducto es el corazón, y para esto vuestra conciencia debe estar girada en totalidad, y lo más a menudo posible sin buscarlo. De lo que hablo, es de una reversión que os permite volver a encontraros. No necesitáis comprender los mecanismos, no necesitáis llamarlo Teofanía, o a partir de ahora Endofanía, sino simplemente ser verdaderos y espontáneos. Digo bien: todo lo demás os será ofrecido por añadidura. Ya no conoceréis ni la sed ni el hambre, aunque no haya nada que comer; no conoceréis el frío, aunque no haya calefacción. Ahí está la Verdad, ¿no? Todo lo demás sólo es fatuidad. Idos a la evidencia.
No puedo imponeros nada, y a partir de ahora tampoco podéis imponeros nada. No es vuestra persona quien dirige. Y de hecho, si tenéis la impresión de dirigir todavía algo con vuestra persona, el choque de la Luz será cada vez más virulento. No es un castigo, es simplemente la ocasión soñada, para vosotros, de volver a encontraros, aunque esto deba pasar por lo que llamáis la muerte, la vuestra o la de un ser querido. Ya no hay barreras. Muchos de vosotros, a través de los contactos con los pueblos de la naturaleza, con los planos de la Luz, estáis realizando esta inmortalidad. Hoy, girar vuestra conciencia hacia vosotros no requiere ni explicaciones ni ninguna localización, aunque por supuesto, como os dije, uno de los Arcángeles os comunicará unas cosas tremendamente simples a realizar con vuestro cuerpo, que permitirán a vuestra conciencia llegar al Corazón del Corazón.
De hecho sois cada vez más numerosos, tal y como lo veo, en constatar la diferencia de lo que sucede en vuestra conciencia, si ésta está centrada hacia la persona o si está centrada hacia la Eternidad que sois. El resultado, lo producido, es totalmente diferente, porque la Luz es verdaderamente Evidencia, en cada circunstancia, en cada acontecimiento e incluso en cada resistencia, lo que no es el caso con la persona. Lo veis en vosotros como a vuestro alrededor. Esto va a volverse cada vez más verdadero, cada día un poco más. No hay ninguna vuelta atrás posible con todos los acontecimientos que están ocurriendo en este momento en este mundo, como en vuestra intimidad, en vuestro cuerpo, en vuestro entorno. Lo que ahora se está creando, a nivel de la persona, de la historia, desemboca irremediablemente en la verdad del Amor, aunque para esto vuestro cuerpo deba desparecer incluso antes de mi Llamada.
Sed felices, no os preocupéis de nada más. Cuanto más estéis centrados en la Felicidad, llevando vuestra conciencia a posicionarse ahí donde está la Verdad, más constataréis que incluso vuestra muerte, si debe ocurrir, no representa nada. Todo depende, lo habéis entendido, de desde donde miráis, de desde donde estáis, y estar en el corazón, hoy, es de una facilidad desconcertante, penséis lo que penséis o digáis lo que digáis si no lo vivís. Sólo depende de vosotros. Estáis solos, pero en este a solas, hay un esplendor, hay una Evidencia. Y hasta diría que cuanto menos os resulte evidente hoy, más se volverá evidente.
Lo que puedo deciros, es de permanecer humildes y simples, de no dejar correr vuestro mental, que veis, porque muchos de vosotros estáis finalmente situados en el observador y veis claramente este personaje, y es justamente lo que veis lo que os permite ver otra cosa, que es la Verdad. Es un mecanismo que es muy simple, que es el de la conciencia pura. Ni siquiera ya es el de la energía, de la vibración o de algún nivel o de algún estado de la conciencia.
Sed humildes, y sobre todo estaos en esta acogida incondicional, lo repito, pase lo que pase. Tampoco quiere decir que haya que descuidar algo, al contrario, sino ver todo lo que tenéis que hacer, desempeñar, dirigir, en la evidencia del corazón. Esto lo cambia todo, irremediablemente.
Eso es. Mis palabras, finalmente y en definitiva, no os anuncian nada nuevo, porque lo nuevo ya está ahí. Y todo lo que todavía para vosotros es desconocido va a volverse evidente, con la condición de que procuréis no buscar, con la condición de que os quedéis tranquilos, con la condición de que seáis humildes, con el fin de estar disponibles para esta Felicidad eterna.
Acordaos de las virtudes de la naturaleza, la virtud del Silencio y de la Acogida. Ya se acabó el tiempo de las habladurías, ya se acabó el tiempo de las historias. El tiempo es a la evidencia, cada día, a cada instante, en cada circunstancia, agradable como desagradable. La Eternidad se desvela por fin, de manera visible y palpable, y no os sorprendáis que todo lo que fue falseado, falsificado, encerrado, desaparezca por sí solo. Aunque sea vuestro cuerpo, no tiene ninguna importancia. Así realizáis que no sois de este mundo, que no hay ningún conocimiento que os sea útil para ser lo que sois. Ahí está la humildad más perfecta y ahí está la Felicidad más eterna, que os es prometida si todavía no os fue revelada.
Ya es hora de daros mis últimas bendiciones de este modo, antes de que me dirija íntimamente, al mismo tiempo, a la totalidad de mis hijos. Permanezco en vosotros, a vuestros lados, en vuestro corazón, porque soy vuestra madre y porque sois todos mis hijos y mis hermanos y hermanas. Sólo puedo clamar y declamar mi Amor, que no es otro que el vuestro.
Permitidme, al terminar mis palabras, cubriros, estéis donde estéis, con mi Manto de la Gracia. Id dentro de vosotros; lo maravilloso es natural, y está ahí.
Soy María, Reina de los Cielos y de la Tierra. Bienvenidos a la verdadera Vida. Amo a cada uno de vosotros, dormido o liberado, con la misma intensidad, porque ésta es vuestra elección, y la respeto, pero giraos dentro de vosotros para constatar que es la única y verdadera elección. Os amo.
Hasta siempre.
...Silencio…
http://sabesquienerestu.blogspot.com.es/
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