martes, 8 de noviembre de 2016

EL IMPERSONAL - PARTE 2 - OCTUBRE 2016



Te saludo y te bendigo, tú, llama de Eternidad. En este instante en que estás ahí, presente, me dirijo a ti con el fin de permitirte, si lo deseas, de averiguar lo que eres en eternidad. Esta llama que nunca vacila, esta llama que nunca se apaga, eres tú. Entonces, por la gracia del Espíritu del Sol, por la gracia del Coro de los Ángeles, me presento ante ti vestido con tus insignias de Eternidad, el Fuego Ígneo. Entonces permíteme, en el curso de este encuentro, estés donde estés, vivas donde vivas, de permitirte, si no se ha hecho ya, que experimentes en ti el Fuego Ígneo, con el fin de que te demuestres a ti mismo la realidad de lo que eres. 

Entonces te invito a escucharme con tu corazón y no solamente con tus oídos, y no solamente con tu cabeza. Te invito a ponerte ahí donde brota el Amor, ahí donde está la Fuente, en tu templo de Eternidad. Te invito a olvidarte de ti mismo – inscrito en el seno del efímero, inscrito en el seno de una historia, inscrito en el seno de un encierro – para demostrarte, si estás de acuerdo, la realidad de tu Libertad, la realidad de tu Fuego y de tu Presencia infinita en el seno de la creación, como en el seno de lo que eres antes de toda creación. 

Entonces por supuesto que mis palabras darán ritmo a este Fuego Ígneo, lo conducirán hasta lo más íntimo de tu ser y se revelará entonces a tu conciencia como a tu Presencia. Siéntate conmigo, olvida. Olvida todo lo que sólo pasa, olvida todo lo que pudo molestarte y reencuéntrate en la serenidad del instante presente, con el fin de que tú y yo podamos resonar en la misma simpatía, en la misma empatía y en la misma Unidad. Así te llamo y pido tu ofrenda, la de tu eternidad, regalo inestimable a ti mismo, más allá de toda forma, más allá de todo límite. 

Entonces, en este instante, abre lo que todavía tal vez puede darte la ilusión de estar cerrado o encerrado. Libérate de todo peso, estate disponible para lo que tenemos que vivir, estate presente a ti mismo como a mí mismo. Deposita toda carga y toda pena, todo dolor, a tus pies como a mis pies. 

Tu Casa, así, se vuelve limpia y vacía de todo lo que puede estorbar y limitar el acceso a esta Verdad Una e indivisible. Así, prepárate para la alegría de tu eternidad, prepárate a la simplicidad y a la humildad. 

No te resistas a nada de lo que es, que te sea conocido o desconocido. No tengas miedo, porque justamente este Fuego señala en ti, en el seno de tu efímero, el fin del miedo, el fin de la duda y el fin de las ilusiones. 

Siéntate, no busques nada, no reivindiques nada, estate simplemente disponible y lúcido. En este estado, no hay nada que proteger, sólo hay que magnificar la clara conciencia de la Paz eterna, de la Verdad, del Amor y de la Luz. 

Deja manar y deja emanar lo que desciende hasta ti, lo que sube hasta ti, y lo que en definitiva y en realidad emerge de ti. 

Ahí, estás conmigo, ahí, todo el espacio de tu forma como en la no-forma, se llena del resplandor de tu llama.

Acógete a ti mismo y alégrate. Deja a lo ligero llevarte, no a alguna otra parte, no a algún futuro, sino a lo más íntimo de este cuerpo de carne. No te dejes distraer por lo que puedas ver, ni siquiera por lo que pueda quedar de pensamientos. Conténtate con estar vacío para estar lleno, conténtate con estar ahí, contento de estar conmigo. Porque en este espacio, en este lugar y en este tiempo, nada puede faltar, nada puede estar ausente. Descubre así la serenidad de la plenitud del Fuego. Deja a este Fuego forjar de nuevo tu eternidad, desvelarla a tu corazón, desvelarla a tus sentidos, rellenando así todo el espacio y cada una de tus células. 

No hay nada que demostrar, no hay nada que probar, sólo está lo esencial que no conoce ningún defecto, ni ninguna sombra. Todo está ahí, el resto sólo es superfluo, el resto sólo te estorba y te desvía del instante eterno de tu Presencia. Entonces así, en cada uno de ti, en el lugar donde estés, en el tiempo en que leas, en el tiempo en que oigas, es el tiempo de la Verdad desnuda. Tampoco intentes observar lo que en ti ocurre. No limites nada, no encierres nada. 

Entonces, en este instante, mira en lo más profundo de ti, más allá de toda forma, y percibe, a través de tu conciencia, el conjunto de los elementos que vinieron para hablarte por las voces del más allá, a tu corazón, para hablarte de ti. No inscrito en una historia, sea cual sea, sino más bien en la realidad de la conciencia, en la realidad de la Vida. Tú, el único y el verdadero hijo de la Luz, hijo del Amor. 

Así, en este espacio abierto entre nosotros, puedes tirar lejos las muletas de tu historia, las muletas de tu pasado, las muletas de tu mente. Descansa y vela, descansa y reza en una perpetua acción de Gracia y oración del corazón, te revelas a ti mismo, vestido con tus trajes de Luz, con tu cuerpo de Eternidad. Ahí donde nada está encerrado, ahí donde nada puede estar disociado, reencuéntrate, sin miedo, reencuéntrate en totalidad. Ahí, no hace falta ni conceptos ni ideas, sólo la vibración del Fuego es el testigo y el marcador. 

Ven, te llevo hasta ti, te llevo en ti. 

Sean cuales sean las estructuras de Eternidad que percibes en este instante, no te identifiques a ellas, experimenta simplemente el Fuego del Amor, el Fuego de la verdad, experiméntate a ti mismo. 

Así, la bola de plasma de Amor primordial de la primera emanación se reconecta a ti y te lo revela todo, sin explicaciones, sin justificaciones, con evidencia y claridad. 

Ninguna palabra que pronuncie puede llegar a enturbiar este instante que no conoce duración, que no conoce límite, sino que se reconoce en ti, porque es lo que eres. 

El soplo del Espíritu, el Verbo, se ha hecho carne. Cada palabra se vuelve una espada de amor penetrando cada vez más en una profundidad insondable e infinita, en tu Corazón del Corazón. 

Deja cantar en tus oídos el canto de la Resurrección, el que te saca de la tumba, el que te saca de la ilusión de la vida y de los apegos a la Ilusión. Así, eres libre de resucitar en este instante. Así, el Coro de los Ángeles te rodea con sus bendiciones, con su canto. El Coro de los Ángeles exulta en tu conciencia la Libertad reencontrada, y que sin embargo nunca se perdió sino que simplemente estaba enterrada bajo los velos de la ignorancia. 

Tú, hijo de la Fuente, hijo del Sol, reencuentra tu sitio que no conoce ningún encadenamiento en ningún sitio definido, y recorre libremente las diferentes octavas de la creación, así como el silencio de la creación. 

Bebe, sáciate de todo lo que se vive en el lugar donde estás. No te juzgues, no midas nada, porque el Fuego Ígneo puede parecerte desmesurado. No conoce ninguna medida, ni ningún límite, ni ninguna exigencia. 

Sea cual sea tu temperatura, deja que este Fuego te caliente todavía más, quemando así las últimas escorias de la ilusión de vida. Porque como te dije, eres la Vía, la Verdad y la Vida, más allá incluso de toda función, de toda atribución y de todo papel. 

Déjate atravesar, déjate llenar, vuélvete transparente a este Fuego Ígneo que eres. Así, alumbrado por ti mismo, se vive tu Resurrección. 

En este lugar donde te encuentras, olvida la noción misma de lugar. En el Fuego Ígneo, en el Corazón del Corazón, estás también en toda periferia y en toda lejanía, porque no hay distancia y no hay separación. 

Cubre tu corazón con las palmas de tus manos, no para encerrarlo sino para recogerlo en el seno de tu manifestación, en el seno de este cuerpo que sólo pasa. Porque es en el seno de la oscuridad de tu cuerpo que se alumbran todas las tinieblas en la cuales pudiste creer.

No creas en nada, no creas en nada más que en lo que vives en este lugar y en este instante. 

Todo se ha cumplido, todo se ha abolido. Ningún marco de este mundo puede resistirse a la intensidad del Fuego Ígneo del Amor. 

Disuélvete en esta llama eterna, no retengas nada, acoge todo. 

Entonces, el Fuego Ígneo se despliega, aportando una octava suplementaria en cada Estrella, en cada Puerta, en cada Corona, liberando así el Fuego del Éter, liberando totalmente así la Onda de Vida. 

Ninguna parcela de tu cuerpo puede ser ignorada, ninguna faceta de tu conciencia puede ser olvidada. Así, saturado de Alegría, descubres por ti mismo lo que es esencial y lo que es subalterno. En esta saturación de Alegría, ¿qué lugar, tu historia personal, tus alegrías personales o tus sufrimientos personales, pueden todavía reivindicar? Sólo representan una mota de polvo desapareciendo en el resplandor del Fuego Ígneo, sin posibilidad de asentarse o manifestarse. 

Al ritmo de mis palabras, esto crece. Esto crece sin fin y sin cesar. 

Acógete, no pongas ningún freno ni ninguna interrogación ante la majestad de lo que es. 

Permanece así, sean cuales sean mis palabras, sean cuales sean las manifestaciones; Permanece así en esta Gracia infalible. 

Que tus ojos estén secos o que tus ojos estén húmedos no cambia nada. 

Deja a tu corazón sonreír en la Evidencia reencontrada. Deja a tu corazón latir al ritmo de la vida. 

Tú que estás en este mundo, te das cuenta de que sólo estás puesto allí, y que esto no es nada comparado con lo que eres. 

Date cuenta, en este lugar no hay nada que buscar, no hay nada que demostrar, no hay ninguna pregunta ni ninguna interrogación. 

Y ahí, te asientas cada vez más en tu evidencia, quienquiera que hayas sido antes, esto fue antes y no tiene validez en el Aquí y Ahora. No hay nada que proyectar, y tampoco hay nada que anticipar. 

La completud del Fuego Ígneo es tal que ninguna falta puede aparecer, ni siquiera ser evocada. 

Entonces por supuesto, después tienes que volver a este mundo, a tus juegos, pero tu mirada y tu corazón, no puede permanecer como antes. 

Deja la Luz mostrarte tu camino en este mundo para delimitar el camino mismo, con evidencia, con fluidez, con facilidad. 

Con esta nueva mirada, no puedes engañarte ni engañar a ningún hermano o hermana, sólo puedes llegar a la evidencia de ti mismo. 

…Silencio…

Deja el Fuego Ígneo elevarse de ti y descender en ti. 

Permanece lúcido en tu profundidad.

Ahí, no eres ni hombre ni mujer, llegas al andrógino, el de los orígenes, el del camino, el de la experiencia como el del fin de la experiencia en este plano. 

Acuérdate de que más allá de la ilusión de tu cuerpo, no hay ningún fin, ni siquiera ningún principio, sólo la Vida, sólo el Amor. Porque el Amor y la Vida son sólo Uno. 

Déjate transportar en totalidad hacia la morada de Eternidad, ahí donde está la Paz suprema. 

…Silencio…

Ahí está tu matrimonio místico con tu llama. 

Así es este Fuego que crepita en ti, así es el calor de tu corazón. 

…Silencio…

Así se consume en silencio lo que debe serlo, para completar tu liberación, para ultimar tu eternidad, para finalizar tu mutación. 

Entonces sonríe, sonríe a la Vida, sonríe al Amor. Y ríete entonces de cualquier historia, no con ironía, sino por la saciedad del Amor.

…Silencio…

Acepta ser consumido y arde en el Amor crepitante. 

El Espíritu del Sol te mira y te acompaña. El Paracleto es entonces mostrado y lo reconoces.

…Silencio…

Y descubres y vives la insignificancia y la belleza al mismo tiempo, de lo efímero de este mundo. Exhala el perfume de esta verdad y oye el sonido de tu libertad.

…Silencio…

Guardo silencio y espacio mi Verbo para que, a tu ritmo, te dejes imprimir por este Fuego Ígneo. 

…Silencio…

Demostrándote a ti mismo, sin palabras y sin explicaciones, que eres polvo en este mundo y eres la Vida en cualquier mundo. 

…Silencio…

Tal vez descubras en este instante y en este lugar, que eres tu amigo y tu amor, y que cada uno es también tu amigo y tu amor, haya dicho lo que haya dicho tu persona. En el conflicto o la contradicción que sea, sólo es polvo comparado con la amistad y el amor. En este Fuego Ígneo, no se establece ninguna preferencia, ni se hace ninguna distinción.

Nada puede estar encerrado, porque el encierro sólo es una reacción al miedo, sin embargo ningún miedo puede ser imaginado en el Fuego Ígneo de tu corazón. 

Ahí, estás plenamente presente, apoyando tu Presencia en su esencia misma, que es ausencia de toda Presencia. No hay diferencia, no hay distancia. 

Entonces, en este Fuego Ígneo, el sol te alumbra y sus rayos lo calientan todo, añadiendo su fuego al Fuego, vivificándote sin cesar y sin tregua, porque en el Amor no hace falta más tregua que la alegría del Amor. 

Mi corazón te habla y tu corazón responde con la misma vibración, con el mismo sonido. 

A medida que te instalas en este lugar y en este instante presente, vives la Gracia. 

La quemadura de amor es mucho más que el gozo más poderoso de alguna satisfacción en este mundo, poniendo fin a toda avidez y a toda falta. Nada puede faltar, nada puede ser poseído en este lugar. 

Y ahí, te redescubres en Cristo en Gloria, poniendo simplemente la mano sobre tu corazón y bendiciendo con la otra mano todo lo que está a tu alcance, desde este mundo hasta la Fuente. 

…Silencio…

Los tiempos se han cumplido, dejando sitio al reino que no conoce ningún tiempo ni ninguna medida, porque nada necesita ser medido, ni siquiera comparado. Te encuentras en la fuente de los Talleres de la Creación donde ningún camino ni ninguna ruta son necesarios, ni siquiera concebibles. Así bautizado y bendecido en el Fuego Ígneo de la Resurrección, el Amor puede desvelarse en su totalidad, sin sujeto y sin objeto, sin atribución. Todo ahí es natural y espontáneo.

En este lugar, la bendición es perpetua y no requiere ni intención ni esfuerzo, es espontánea. 

…Silencio…

Así pones fin en ti a todo juego de seducción, a todo juego de apropiación, a todo juego de falsificación. 

En este lugar, todo es puro, todo es verdadero, no hay nada más que lo puro y lo verdadero. 

En este lugar donde estamos tú y yo, la comunión es perpetua. 

…Silencio…

Entiende simplemente la majestad del instante porque aquí, no tienes que poseer nada ni retener nada, sólo vivir. 

Entonces, asentado en este lugar, eres verdadero y auténtico, dándote cuenta de que todo lo demás lo fue sólo en parte, ocultado por el miedo, ocultado por las sombras y los velos, e incluso esto desaparece. No pueden quedar ni rencor ni recriminación, el Amor no sabe de esto porque ahí el perdón es perpetuo. No hay ni pecado mortal ni condena, esto pertenece al reino del miedo, y en el Amor ningún miedo puede reinar, ni siquiera existir.

…Silencio…

Enciéndete a medida en que tu llama te encienda, recibe integralmente el don de la Vida eterna. Es tuyo, es tu naturaleza, es tu esencia, revivificando en ti la Vía de la Infancia, de la espontaneidad, del candor y de la frescura que no conoce ningún peso, ni ninguna edad. 

Aquí, en este lugar donde no hay ni culpable ni salvador exterior, eres la Vía, la Verdad y la Vida. 

El bálsamo del perdón y de la acción de Gracia se despliega desde tu Sol central en cada una de tus historias como persona en este mundo, desde el tiempo en que diste tu primer paso y tu primer aliento, poniendo fin a todo contrato y a todo infierno. Sigue ardiendo en la alegría de tu libertad, en este lugar.

…Silencio…

Ahí donde estás, en este lugar, no hay ni juez ni juicio, no hay nada que juzgar, tampoco hay nada que contener. 

…Silencio…

En este lugar donde somos Uno, de todo tiempo y de todo espacio, no podrás nunca más dejarte, ni desaparecer de lo que eres. 

…Silencio…

En este lugar donde decir « te amo » no es ni una proyección ni una posesión, donde el « te amo » es la única oración que acompaña cada Verbo, cada movimiento.

…Silencio…

Así, aceptando tú propia ofrenda, estás ahí, resucitado, con el corazón abierto a cada hermano y hermana de la tierra, sin distinción y sin moderación, con la misma plenitud y la misma totalidad. 

…Silencio…

Acción de Gracia y bendiciones.

…Silencio…

Te dejo unos instantes en tu propio Cara a Cara donde todo se borra, y donde sólo el Amor permanece. Quédate así. 

Incluso sin mis palabras, incluso sin mi Verbo, esto está instalado y está adquirido y no puede ser perdido, ni siquiera extraviado, ni dejado de lado.

…Silencio…

Permanece ahí, en toda cosa y en toda circunstancia.

…Silencio…

Eres amado, no solamente en la medida con la cual amas, sino más allá de cualquier medida. El Amor no cuenta, nunca cuenta, Es. 

Permanece así, porque ahí eres verdadero y auténtico.

…Silencio…

Me retiro unos instantes, pero permanece así todo el tiempo que quieras.

Y te digo hasta ahora. 

Y te bendigo en lo que eres.

…Silencio…


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