martes, 21 de junio de 2016

Veintitres Maestros del Corazón (Por Carlos González Pérez) Primer Encuentro- 2ª Parte


23 Maestros...
Primer Encuentro. Segunda Parte.
 

Se oyen algunos cuchicheos que tratan de volver la clase a su normalidad, como si se buscase la seguridad de un ambiente conocido. El profe permite que se prolonguen, con la misma naturalidad que un telespectador acoge los intermedios publicitarios.

Mientras los alumnos se relajan, dibuja en la pizarra lo que parece ser nuestro sistema solar; distinguiendo muy claramente el sol en su centro y la Tierra en su órbita. Los demás planetas aparecen más difuminadamente.

- Cada uno de nosotros somos como un sistema planetario y su estrella. El planeta más vistoso, el más conocido, el aparentemente más pleno de vida – el equivalente a nuestra querida Tierra

– representaría nuestro ego – la personalidad dominante en nuestro presente -. El sol sería a lo que antes me he referido como nuestro centro, el corazón del misterio que somos. El resto de los planetas, satélites, cometas y demás entes serían posibles personalidades, que estarían esperando ser habitadas conscientemente, pero que, sin embargo, nos influirían en nuestra vida cotidiana. El ego recibiría sus cualidades, llegando a encarnar algunas de ellas. Por ejemplo, mitológicamente, Venus representa a la belleza y al arte, Mercurio al intelecto y a la comunicación, Marte al espíritu luchador, Júpiter a la jovialidad, Saturno a la solidez…etc. Así, cada astro de nuestra psique representa unas formas determinadas de poder actuar en la vida. Aún siendo distintos todos tienen un punto de conexión, un centro en común: el sol, en términos más precisos, podíamos llamarle el Ser; lo que conserva nuestra auténtica identidad por muchos papeles diversos que interpretemos.

Una mano levantada interrumpe la explicación.

- Eso de lo que nos estás hablando… ¿no es la astrología?- dice una muchacha sinceramente interesada.

- ¡Tonterías!- afirma un muchacho muy delgado y con los ojos vivarachos

En la clase se forman un conjunto de torbellinos dialécticos, en torno a la consideración de la astrología como superstición o como un conocimiento útil. Algunos intervienen con pasión, mientras otros se limitan a observar. El maestro arropa con su silencio la situación, que sus palabras han desencadenado.

Pasados unos breves minutos, algunos alumnos empiezan a aprovechar la situación para introducir juegos – como arrojarse papeles-, que nada tienen que ver con las discusiones planteadas.

José Luis se ve obligado a intervenir.

- Me gustaría responder a la pregunta que formuló vuestra compañera- dice intentando con sus gestos y su voz calmar los ánimos.

- Es una buena observación la que has hecho. No entraba en mis intenciones el introduciros a la astrología.

- ¿Por qué no?. Nos iría bien salirnos de los aburridos temas de cada día- afirma con rotundidad y desparpajo una chica menuda, mientras esparce su mirada por toda la clase con un cierto tono desafiante.

- Me gusta el valor que demuestras, te nombro voluntaria para avisarnos cuando la clase se haya vuelto soporífera. – Añade el educador, también en tono desafiante.

La muchacha muestra cara de perplejidad y contesta a la provocación.

- No puedes nombrarme voluntaria, ¡es una contradicción!

- Puede que sí, pero para mí también es una contradicción estar aprendiendo y aburrirse. Y estarás de acuerdo conmigo que esto ocurre constantemente en los colegios. La contradicción forma parte de nuestra vida cotidiana, la observamos en las actitudes de nuestros seres queridos y en nosotros mismos. Consumimos una gran energía en contradecirnos, que podríamos emplear en la consecución de las cosas que de verdad nos importan. Al nombrarte voluntaria pretendo que te responsabilices de tu propio deseo, éste es siempre el primer paso para llegar a conseguirlo. Además, necesito la ayuda de alguien que tenga el valor de decir lo que los demás están pensando y no se atreven a manifestar. El mejor reconocimiento a tu trabajo tendrá lugar cuando los demás sean también capaces de decir lo que piensan…Entonces, te nombraré voluntaria para otra cosa…- termina diciendo con una sonrisa que apunta a una abierta carcajada.

La chica, de pensamiento muy rápido, empieza a esbozar una sonrisa de aprobación de las palabras oídas, que deja entrever una gran inteligencia.

- ¿Aceptas ser voluntaria?

- Acepto la contradicción, para no contradecirme con mi deseo de no aburrirme más en clase.

– Dice riéndose, y dirigiendo sus palabras con enérgicos gestos de su mano derecha, mientras clava su mirada alegre en el profesor.

- ¡Muy bien!. Aplaudamos todos a una decisión tan firme. ¡Gracias!- El maestro invita a los demás a imitar sus aplausos.

Muchos alumnos se miran entre sí, sin saber qué hacer, mientras que otros deciden dejarse llevar por el entusiasmo del profe. Poco a poco, los aplausos inundan el aula.

-¿Cuál es tu nombre, atrevida dama?

- Me llamo Ana – dice de manera firme.

- Ana… ¿te aburres, ahora?- expresa irónicamente el educador.

- ¡En absoluto!

- Tienes un nombre mágico y “magico”

-¿Cómo?- Dice habitando de nuevo la perplejidad.

- Mágico porque si lo leemos al revés dice lo mismo: Ana.

- De esto ya me había dado cuenta, sólo con tres letras es muy fácil…

- Es muy conocida la frase: “Dábale arroz a la zorra el abad”. Ésta tiene más de tres letras – sonríe el profe, mientras escribe en la pizarra - . ¿Sabría alguien decirme qué nombre recibe este fenómeno de obtener el mismo resultado leyendo de izquierda a derecha que haciéndolo al revés?.

Se instaura un silencio, que tras breves momentos rompe un chico pelirrojo, que lleva un pañuelo azul celeste atado al cuello.

- ¿Vamos a tener que dar también clase de lengua en matemáticas?. Ya tenemos bastantes horas de lenguaje…

- Para mí no hay compartimentos estancos en el conocimiento, todo tiene que ver con todo.

Comprendo que la mayoría de vosotros tenga un concepto aburrido de la lengua, de las matemáticas, de la historia… etc. Las cosas se pueden vivir como aburridas o divertidas, todo depende de cómo nos acerquemos a ellas. Descubrir, por nosotros mismos, la magia que hay detrás de todo, puede ser de lo más divertido…:¿Cómo te llamas?- pregunta, con aire de misterio y prolongando la s final.

- Toni – dice dulcemente.

- ¿Y cómo te llaman?

El alumno queda totalmente confundido.

- Pues… Toni, de la misma manera…

- Date cuenta que son dos preguntas muy diferentes. ¿Tú te llamas a ti mismo?

- No, ¿qué utilidad tendría?

- Cuando alguien te llama implica que por lo menos hay dos personas: tú y la que te habla. Si te diriges a ti mismo como Toni, no tienes más remedio que dividirte en dos: el que habla y el que escucha. Esto es muy importante para poder observa tu propia mente y conocer tu mundo interior.

Toni no deja de ser un personaje que representas para los demás, tú eres mucho más que ese personaje. Acuérdate de la imagen del sistema solar, el ego que proyectas hacia fuera sólo es una parte. Prueba a llamarte a ti mismo, cuando estés solo, y observa tus pensamientos después. Descubre y conoce tu personaje, siente que puedes escribir sus guiones, te hará sentir más libre y creativo.

Incluso, puedes emplear un nombre distinto para llamarte a ti mismo. ¿Qué te perece la idea? – cuestiona con mirada pícara.

- ¡Me tomarán por loco!- pronuncia llenando de azul su mirada, al abrir de par en par sus ojos.

- No, si no lo vas contando por ahí. Es una experiencia personal.

Tras unos momentos de reflexión, el chico responde, meneando la cabeza como lo hacen en la India cuando quieren afirmar algo, y que alguien que no sabe de que va interpretaría como una negativa.

- Pensaré en lo que me has dicho…pero de momento me seguiré llamando Toni…si decido llamarme a mi mismo….¡Claro! – Termina diciendo con una risa abierta.

La clase empieza a reír, imaginándose la escena de Toni hablándose a sí mismo. El profe se acerca a su mesa y espera que se calmen.

- Hay una pregunta en el aire: ¿Qué nombre reciben las palabras o frases que se leen lo mismo en un sentido u otro?. Si lo aplicamos a los números el nombre es mucho más conocido. – el profe escribe en la pizarra un número: 8448 -. ¿Qué nombre reciben estos números?

- Capicúas – responden al unísono varias voces.

- ¿Por qué?

Un coro de silencio se deja sentir

- Todas las palabras tienen su historia, su encanto oculto. Vivirlo permite que nosotros mismos nos volvamos misteriosos e interesantes cuando las pronunciamos- El maestro deja que el silencio prolongue sus últimos vocablos.-. Capicúa viene de dos palabras del catalán: “cap”, cabeza y “cua”, cola. Así, que textualmente significa cabeza y cola. Podemos decir que es un número en el que la cabeza y la cola se confunden, puesto que son iguales. Es curioso ver como, a pesar de la gran riqueza intrínseca que posee una lengua, precisa tomar préstamos de otra. Las lenguas, como las personas, necesitan enriquecerse unas a otras.

El profe, tras unos instantes de indecisión, dirige su mirada hacia Ana y le espeta:

- Habíamos dejado algo pendiente… ¿cómo se llaman las palabras o frases que se comportan como los capicúas?

Ana abre completamente los ojos, dejando escapar una luz que descubre unas acarameladas pupilas, que dan un toque dulce a su desafiante mirada cuando dice:

- ¿Me preguntas a mí?

- Sí

- Pues… no sé…déjame recordar… lo dimos el año pasado.

- Empieza por “pa”

La muchacha, con sus gestos, da a entender que la pista ha dado su fruto.

- Paliendro…

- ¡Casi!. Es palíndromo- pronuncia el maestro mientras se encamina hacia la pizarra y toma una tiza.

Ana, al percatarse que el profe le da la espalda, abre, esta vez, la boca; dibujando una enorme “o” en el aire. Éste escribe dos palabras y pasa a comentarlas.

- Palíndromo proviene de estas dos palabras griegas: “palin”, que significa de nuevo, por segunda vez, y “dromos”, carrera. Todo junto podríamos interpretarlo como volver a empezar la carrera. Cuando acabamos de leer Ana, partiendo del final, podemos volver a recorrer exactamente el mismo camino- termina diciendo, a la vez, que mira a Ana y la sonríe.

Una mano se levanta con decisión en una de las últimas mesas, es de la muchacha rubia, que había vaticinado al loco profe una corta vida laboral.

- Ya nos has explicado el porqué el nombre de Ana es mágico, pero… ¿por qué “magico”?

– Pronuncia haciendo énfasis en la última palabra y con una expresión picarona.

- “Magico” es una expresión afectuosa, llena de la sencillez del lenguaje de pueblo…

- ¡Cómo!, ¿quieres decir que soy pueblerina?- Dice con un enfado súbito Ana - En todo caso lo sería yo, que soy quien ha pronunciado la palabra – Corta el profe La clase se cierra en un silencio. Tras unos instantes el profe la abre con una sonrisa. - Yo nací en Barcelona y he vivido toda la vida en ella. Me gusta, pero no me basta. Añoro el pueblo en el que no nací.

- ¿Cómo puedes añorar algo que nunca has vivido?- Pregunta asombrado Toni- el pelirrojo-.

- Vivimos en muchos mundos. En uno de ellos soy de pueblo. Allí disfruto de los amaneceres, de los grandes espacios, de las noches plagadas de estrellas, del río y sus encantos, de los bosques que lo rodean, de la vida sencilla, de parar el tiempo…

- ¿Y… vives en muchos mundos de esos…?- Pronuncia burlonamente un chico situado en el pupitre más alejado de la mesa del profe.

- En muchísimos, creo varios al año- Dice convencido el maestro.

Varias “risinas” empiezan a escaparse, acompañadas de discretos codazos.

- En uno de ellos navego en una nave espacial, descubriendo nuevos mundos… En otro soy un viejo nativo americano que sabe escuchar a las personas y a la naturaleza…

-Quieres decir que te los imaginas? – Interrumpe enérgicamente Ana

- Sí, como en el cuento de las tres mariposas…

José Luis deja en suspenso su discurso, y mira por la ventana más próxima a él, hacia el bosque maravillosamente iluminado por la joven luz de la mañana. De repente, descubre entre los claro- oscuros una mariposa blanca que se dirige hacia la ventana.

- ¡Mirad, mirad... por la ventana1 – Indica con la mano, acercándose hacia los cristales. –

¡Hay una mariposa en el bosque y viene hacia nosotros…!

Media clase se levanta intentando atisbar desde sus sitios. Los más atrevidos se dirigen hacia el espectáculo. La estrella del mismo se posa en el marco inferior de la ventana, desplegando dos hermosísimas alas blancas. La multitud a su alrededor no parece intimidarla.

- Ésta es Idealista, sin duda.- Pronuncia el maestro sin apartar su mirada de la mariposa.

La clase se agolpa en torno a la ventana rodeando al profe, formando una semicorona circular con centro en la bella alada, que es iluminada por las intensas miradas. El tiempo se para, y todos respiran las mismas sensaciones…

Un portazo, dado en otra clase contigua, cambia bruscamente de realidad al grupo. La mariposa emprende el vuelo, y las miradas la acompañan en su vagar entre lo árboles…

El maestro invita a los alumnos a que se sienten. Tras conseguirlo, continúa con su discurso.

- Esta mariposa ha venido a ilustrar nuestro cuento, ha entrado en él. Ha llegado en el momento adecuado. Esta coincidencia en el tiempo y el espacio se llama sincronía.

- ¡Bah!. Es una casualidad – Afirma un chico de los que permaneció sentado durante el evento

- ¿Cómo te llamas? – Pregunta amablemente el maestro

- Alex – Contesta secamente

- ¿Qué es para ti una casualidad?

- Algo que es imprevisible, que ocurre por azar.

- Imprevisible y ocurrir por azar son dos cosas distintas. Predecir un terremoto un mes antes de que se produzca puede ser, hoy en día, algo imposible, pero eso no quiere decir que se produzca por mero azar. Estoy de acuerdo contigo que yo no he previsto, conscientemente, la aparición de la mariposa justo en el momento apropiado. Sin embargo, yo tengo la convicción interior de que no ha sido por azar. Las cosas que no sabemos explicar forman parte de la visión mágica de la vida. Sin ellas la ciencia no tendría sentido. Si sólo nos fiamos de lo que creemos entender, de lo que es razonable, de lo que es aceptado mayoritariamente, nos estamos perdiendo una parte fundamental de la vida. Podemos explorar lo desconocido para nuestra razón a través del imaginar, como hizo Idealista en el cuento. No se puede ser un auténtico científico sin emplear la imaginación más allá de lo establecido. Deseo que todos vosotros podáis disfrutar de un verdadero espíritu científico; por eso, dije que no haremos matemáticas.

- ¿Qué haremos pues…?- Espeta Alex.

- Investigaremos, como científicos, las matemáticas.

-Pero… si las que vamos a dar ya están hechas hace mucho tiempo…- Dice incrédulo Alex.

- Sí, por otros, no por vosotros… Siempre habéis visto las matemáticas como algo ajeno, distante. En muchos casos, las habéis vivido como una incomodidad, puesto que os recordaban constantemente vuestras presuntas limitaciones.

¡Presuntas!- Interrumpe con tono amargo el chico de gran tamaño al que el maestro le había hecho notar su insistencia en el “no puedo”.

Las limitaciones son siempre presuntas, ya que hay una gran parte de nosotros que no conocemos. Aceptar una determinada limitación es como decirse, mirando a un firmamento atestado de estrellas, que no puede existir vida en ningún otro planeta a parte de la Tierra. Científicamente, esto sería una auténtica presunción, como ser pensante una completa tontería. Tus presuntas
limitaciones son una invitación a que explores tus territorios interiores…

Esos territorios son como los mundos en los que te imaginas que eres el capitán de una nave espacial… o cualquier otra cosa sin sentido real.- Irrumpe socarronamente Alex (el escéptico).

- ¿No te gusta la aventura?

- Hay que tener los pies en el suelo, si no quieres vivir desventuras – Sentencia con autoridad

El maestro lo contempla en silencio, y tras unos instantes de titubeo, le responde.

- Siento que esa frase no es tuya. ¿Me equivoco?

- En efecto, me la dice mi padre muchas veces, y él la aprendió del suyo. Me ayuda mucho a no cometer tonterías.- Contesta con orgullo.

- Tú fuiste una de las dos personas, que levantaron la mano, cuando pregunté a quién le gustaban las matemáticas. ¿No es cierto?

- Sí.

- ¿Qué opina tu padre de ellas…?

- Que son la asignatura más importante.

- ¿Has averiguado el porqué?

- Supongo que tú, como nuestro profesor de matemáticas, nos lo explicarás… si, en lugar de hablar de otras cosas, nos dedicamos a ellas.. ¡Claro!. Afirma irónicamente.

El profe sonríe a Alex, tomando su intervención como un reto educativo.

- ¿Puede el pez llegar a comprender el sentido del agua sin salir nunca de ella, sin compararla con otros medios como el aire o el vacío? – Sin esperar respuesta el maestro continúa su explicación -.

No se puede entender algo sin relacionarlo con lo demás. Toda ciencia es en esencia relación. Uno puede estar mil años estudiando sólo matemáticas, y no entender el papel de éstas en su propia vida.

Todo es importante, porque todo está relacionado con todo.

José Luis termina dirigiendo su mirada al bosque y dejando caer un largo silencio sobre la clase…Tras un minuto, se dirige al chico con quien estaba hablando antes de que Alex les interrumpiera.

- Me gustaría saber tu nombre – Le dice dulcemente.

- Tim

- Un nombre directo, sin escondrijos… Me suena alegre. Te felicito por llevarlo.

- ¡Gracias!.- Contesta alegremente.

- Nos habíamos quedado en tus territorios interiores, en lo mucho que hay por explorar, en tus tesoros escondidos…

- No habíamos hablado de tesoros…- Interrumpe Tim con un desparpajo poco habitual en él, que muestra su abertura hacia el nuevo profesor.

- Todo el mundo posee tesoros; pero muy pocos lo saben…- Pronuncia con aires de misterio -. Observé tu nerviosismo la primera vez que hablamos. Para eliminar tensión empleaste algo, que al dr. Caycedo le llevó mucho tiempo averiguar. Fue un médico, neuropsiquiatra, que creó un método de relajación muy importante, que se emplea en muchos hospitales de todo el mundo y en el entrenamiento deportivo; también se enseña a estudiantes para aumentar su rendimiento y combatir los temidos nervios en los exámenes. Anduvo durante más de dos años por el Japón, el Tibet y la

India estudiando cómo en estas culturas afrontaban los nervios, la falta de concentración… etc.

Integró todo lo que aprendió en oriente con sus conocimientos previos de hipnosis en una técnica que llamó Sofrología. Palabra formada por tres griegas. – El profe se dirige al encerado y escribe -. “Sos”, equilibrado, armonioso; “phren”, unidad mente-cuerpo y “logos”, estudio. Así, podemos traducir sofrología como el estudio de la armonía entre la mente y el cuerpo. Esa armonía que perdéis cuando los nervios se apoderan de vosotros en un examen.

- No recuerdo haber empleado nada para eliminar mi tensión.

- Justo antes de contarme tu relación con las matemáticas, retorciste tu boca y luego soltaste el aire que retenías, formando un prolongado suspiro.

- ¿Y…?

- Tensionar los músculos, y después exhalar el aire por la boca, es una de las técnicas de la sofrología. Es como tensar el arco y disparar la flecha. Ésta se marcha dejando al arco relajado. No eras consciente de lo que hacías, la propia sabiduría del cuerpo lo hizo por ti.

- Pues,,, después de soltar la flecha yo seguía nervioso.

- Porque volviste a cargar el arco. Tus temores se impusieron de nuevo sobre tu cuerpo. Éste es como un coche muy sofisticado con infinidad de mecanismos automáticos, pero que al final responde según sea el conductor. Ya hablaremos de todo esto a lo largo del curso.

El profe hace un gesto para indicar que ahora se va a dirigir a todos.

- Quiero despertar en vosotros el espíritu científico. Nuestra sociedad ha ido avanzando en la tecnología sin, curiosamente, desarrollar un talante científico en la población. Eso se nota claramente en el hecho de que sólo unos pocos investigan, y cada uno lo hace en un estrecho campo del conocimiento. Al final, lo que unos pocos descubren se convierte en un acto de fe para una gran mayoría. Las investigaciones que están fuera de la ortodoxia aceptada carecen de apoyo económico, y los que las desarrollan son marginados, e incluso, caricaturizados. Es una vieja situación, que se repite en nuestra historia. Unamuno ya dijo que el cientifismo condena al ridículo, como la Iglesia había condenado a la hoguera. Las palabras que terminan en “ismo” pueden estar indicando un deseo de imponer tus ideas o sentimientos a los demás. Como ejemplo tenemos: comunismo, socialismo, fascismo, cristianismo, agnosticismo, escepticismo, academicismo, orientalismo, vegetarianismo, espiritismo… etc.

- Se te ha olvidado una: “notacismo”, la manía de querer imponer que las notas son lo más importante. – Interrumpe la chica que pidió al profe que explicara el porqué Ana era un nombre magico.

El maestro mira intensamente a la alumna y le sonríe con una expresión de aprobación.

- Esa palabra no existe en el diccionario. Es una gran oportunidad para iniciar nuestro propio diccionario de clase. Inventar palabras es un gran goce y muy divertido. ¿Cómo te llamas?

- ¿A mí misma?- Dice gozosa y provocativa.

El profe ríe abiertamente y contagia a los demás su regocijo.

- ¡Está bien!. ¿Cómo te llaman?

- Blanca. ¿Vas a decir algo de mi nombre…?

-Es un símbolo de pureza…

- No sé si me gusta eso de la pureza…

- Hay dos formas de contemplar la palabra. Desde la razón, donde rige la dualidad o desde el corazón, en el que guía la integración.

Desde la perspectiva de la primera todo tiene su opuesto – a eso se llama dualidad -, se dividen las cosas en buenas y malas, bellas y feas, útiles e inútiles, agradables y desagradables, blancas y negras… etc. Cuando esto se aplica a las personas, entramos en el juzgar y, como consecuencia, en hacer sentir culpable al otro o a nosotros mismos; dejando un camino abierto a la represión de nuestros pensamientos y sentimientos.

- Eso es lo del yin y el yang…¿verdad? – Irrumpe la chica del piercing en el labio, a la que el profe había aconsejado llamar a las matemáticas de otra manera.

- ¿Cuál es tu nombre? – Interroga el maestro, cambiando la forma de preguntar, con el propósito de no abrir un nuevo frente dialéctico, y dejando bien clara su intención con una sonrisa picarona.

- Sara

- Efectivamente, el yin y el yang serían una imagen de la dualidad. – el profe se dirige a la pizarra y dibuja el conocido símbolo oriental que representa la bipolaridad de la vida- .Fijaos que se divide el círculo en dos zonas idénticas, con forma de semilla, una blanca y otra negra. Lo más sorprendente es descubrir que dentro de la zona blanca hay un pequeño círculo negro, y viceversa en la zona oscura. ¿Cómo interpretarías esto Sara?

Tras titubear unos instantes, a pesar de conocer la respuesta, dice orgullosamente:

- Representa que, en el fondo, aunque no lo parezca a primera vista, el yin está dentro del yang y al revés. Por ejemplo, en “La guerra de las galaxias” se ve que el bueno tiene en su interior la capacidad de convertirse en malo.

- ¡Bravo, te felicito! – Pronuncia afirmando con la cabeza- Tal vez por eso aparezca la forma de la semilla. Tenemos el potencial de ser una cosa u otra; depende de la simiente que queramos plantar en cada situación. Gracias Sara.

- Volvamos a la pureza. Desde la visión de la razón, del yin y el yang, las situaciones, e incluso las personas, pueden dividirse en puras e impuras. Esta visión ha sido utilizada por las religiones y la moral. Pero, tal como nos ha dicho Sara, lo impuro estaría dentro de lo puro y viceversa. Este hecho es lo que provoca el enfrentamiento entre los llamados buenos y malos, base para tantas luchas en la vida cotidiana y de las interminables guerras que plagan nuestra historia. Así, el yin existe por enfrentamiento al yang, y al revés; eso los hace inseparables. Son dos conceptos relativos, por este motivo los buenos en una sociedad pueden ser considerados los malos en otras.

- En nuestra clase, ¿los que sacamos malas notas, vamos a ser los mejores…? – Interrumpe Blanca irónicamente.

Varios alumnos apoyan con gestos la valentía de su compañera. El maestro deja que se serene la situación encaminándose hacia una de las ventanas, y apoyando finalmente su brazo derecho en el marco. Detrás de él aparece el bosque. Con la mirada perdida en el infinito formula la siguiente pregunta a su clase:

- ¿Podríais decirme qué árboles, de los que hay detrás de mí, son los mejores y cuáles los peores? .¿Cuáles son los más importantes para el bosque? ¿Cuáles tallaríais?

Un gran silencio se hace en el aula. Las miradas se dirigen a las ventanas. No hay respuesta…

- Todos los árboles son iguales en importancia, en cada uno de ellos vive el bosque entero.

Sin embargo, no hay dos iguales, por eso todos son imprescindibles. En mi clase las notas no servirán para dividir a los alumnos en buenos y malos. Cada uno de vosotros puede enriquecer a los demás, tan solo tenemos que encontrar los medios para conseguirlo. ¿Queréis ayudarme en el empeño?

Un nuevo silencio se abre. Tras un minuto, el profesor lo cierra dirigiéndose a Blanca, y señalándola con el dedo.

-¿Me ayudarás tú?

Blanca, sorprendida, olvida su habitual desparpajo durante unos segundos en los que no sabe cómo responder. Finalmente dice:

- Si me dices cómo…

- A veces te lo diré, en otras ocasiones pondrás tú las ideas y en muchas otras surgirán por sí solas…. ¿Te parece bien?

- ¡Muy bien! – Pronuncia la alumna recuperando su desenvoltura usual.

- Esto es aplicable a todos los de la clase. Confío en vuestra ayuda.

- Aún no hemos terminado con mi nombre- Expresa Blanca

- ¡Cierto!. Nos falta la visión del corazón.

- ¡Ahora nos va a venir con romanticismos!- Corta Alex, con gestos que expresan su hartura y dirigiéndose a toda la clase.

- Creo que el corazón al que me refiero no es en el que estás pensando. Te pido un poco de paciencia. Después de mi explicación te agradeceré tu parecer.- Le dice con una sonrisa sincera el maestro.

Alex se tranquiliza y permite que el profe continúe.

- La visión del corazón es la encargada de integrar, a diferencia de la de la razón que se dedica a analizar, a dividir, tratando de entender, a través de las partes, cómo funciona la realidad que habitamos. Hay muchas maneras de dividir la realidad para tratar de entenderla, Por ejemplo, en clase podríamos dividir a los alumnos por su sexo, su color del pelo, sus lugares de nacimiento, sus alturas, sus notas – el maestro sonríe al pronunciar esta palabra -..etc, Nuestras ciencias han abusado del análisis, marginando la integración. El corazón físico bombea sangre a todas las partes del cuerpo sin juzgar el papel que juega cada una. El corazón al que me refiero hace lo mismo. Sólo puede haber verdadera integración desde el respeto a las partes. Como modelo de esto tenemos un equipo de fútbol, si queremos su máximo rendimiento, tendremos que empezar por respetar por igual a todos sus jugadores, ninguno es más importante que otro. Por eso, detrás de todo equipo triunfador tiene que haber un corazón que haya log
rado su integración.

Para contemplar la pureza el corazón no necesita de la existencia de lo contrario. -la impureza- , como le ocurre a la razón; porque él está mirando desde más allá de la dualidad. Para el corazón el blanco no es lo contrario del negro, sino la suma de todos los colores. – José Luis se queda en silencio, permitiendo que la imaginación de sus alumnos atrape sus últimas palabras.

Alex aprovecha para mirar su reloj y se da cuenta que quedan muy pocos minutos para terminar la clase. Con un tímido gesto desaprobatorio, que pasa desapercibido para todos, escapa de las palabras del maestro. Éste reanuda su discurso dirigiéndose a Blanca.

- Así, desde la mirada del corazón, tu nombre representaría la pureza del arco-iris. Desde la razón, sería lo contrario del negro. ¿Con cuál de las dos perspectivas te quedas?

Los ojos azules celestes de Blanca miran con tal intensidad al profesor, que se cierran sus otros sentidos. Su pensar se ha hecho mirada, intentando escudriñar la mente del maestro y entender de dónde vienen aquellas palabras. Lentamente, abre todos sus sentidos e intenta responder.

- Siempre me ha gustado el arco-iris. Me encanta llevarlo en mi nombre. ¡Gracias! –

Pronuncia esta última palabra llenándola de color y envuelta en sinceridad.

- Sería muy agradable que todos os sintieseis encantados con vuestros nombres.- Dice el profe dirigiéndose a toda la clase - ¿Os imagináis… que al pronunciar vuestro nombre se abriese mágicamente la cueva de vuestros tesoros,… y dejaseis que el que os llama pudiese contemplarlos…?. ¿Cómo sería su mirada…?. ¿Cómo recibiría vuestras palabras…?

- Eso sólo funciona con el “ábrete sésamo” – Irrumpe, cortándole el juego, Blanca.

El profe sonríe, mientras piensa en cómo devolverle la pelota.

- Sería así, si hubiésemos robados los tesoros como lo cuarenta ladrones. Hablo del tipo de riqueza que si no se da se pierde.

- Si yo doy algo, ya lo puedo dar por perdido. –Sentencia Alex, dando por perdida su primera clase con el chiflado profesor.

El maestro, súbitamente, se dirige hacia el alumno y le extiende su mano derecha.

- Dame tu mano, como si nos estuviésemos presentando el uno al otro. ¡Hola!. Me llamo José Luis y ¿tú…?. - Expresa jovialmente.

El alumno queda totalmente confundido, pero para evitar un ridículo mayor, accede a la maniobra del profe, sin gran entusiasmo.

- ¡Hola!. Mi nombre es Alex.- Dice dándole la mano.

El maestro sacude efusivamente su diestra, manteniéndola apretada sobre la del chico. Con una enorme sonrisa le dice:

- ¡Es un placer!.- Lentamente, retira su mano y se distancia unos pocos metros. - ¿Qué nos hemos dado el uno al otro?- Pregunta insidiosamente.

Alex decide cortar por la vía del humor, no quiere discutir con su profesor y, además, la clase está a punto de terminar.

- ¡Yo no te he dado nada, he recuperado mi mano!- Pronuncia levantando su diestra al aire y agitándola para que todos la puedan ver, mientras deja escapar una sonora carcajada.

- ¡Y yo la mía!.-Añade el profe imitando los gestos y la carcajada de su alumno.

La clase se llena de risas, mientras la luz tamizada por el bosque juega a concentrarse, sucesivamente, en cada una de las ventanas. Cuando el volumen del carcajeo lo permite el maestro continua hablando.

- Hay muchas cosas que se pueden dar en un saludo. Fijaos en la misma palabra, viene de salud. Dar alegría sincera puede ser un gran medicamento. El saludo es una gran oportunidad para dejarse sentir, para dejar entrever nuestras cualidades. No hay que pensar, tan solo sentir…Las sonrisas mutuas pueden iluminar los rostros, con una luz que no busca defectos, tan solo ver en plenitud al otro. Podéis convertir el saludo en un momento mágico, en el que sanaros y sanar al otro, todo en unos breves instantes…

Esta última palabra recuerda al maestro que dispone de un tiempo limitado para su primera clase. Mira el reloj y percibe que sólo le quedan un par de minutos, el tiempo justo para despedirse…

- Cerrar un proceso es tan importante como abrirlo. Debemos, ahora, despedir la clase.

- ¿Tenemos que darnos la mano otra vez…?.- Dice, entre un aire preocupado y de broma, Alex.

- ¡No! Bastará con desearos algo. Debe ser una cosa que os motive.

¿No nos irás a poner deberes…es el primer día…nadie lo hace? – Pregunta Sara, emitiendo pequeños destellos con su piercing al pronunciar cada palabra.

- No te preocupes, no es esa mi intención.- Contesta sonriendo.

El profe se sitúa junto a la ventana que le da mayor perspectiva de la clase, y termina diciéndoles:

- Os deseo un curso lleno de aventuras y descubrimientos, en el que podáis desvelar los enormes tesoros ocultos en cada uno de vosotros. Espero que sea divertido… ¡Hasta mañana!



Por Carlos González Pérez
www.ladanzadelavida12.blogspot.com
arcoirisdan@yahoo.es


Para bajar el libro "Veintitrés Maestros, de Corazón"
VeintitresMaestrosDeCorazon.pdf

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