martes, 10 de mayo de 2016

URIEL - LA RESURRECCIÓN Mayo 2016







NB: esta canalización es de un conjunto de canalizaciones que acompañarán nuestra resurrección en este mayo.

Soy Uriel, ángel de la Presencia y Arcángel del Regreso. Bien amados niños de la ley de Uno, por mi Presencia, por mis silencios y por mis palabras, acojamos en la Paz del Único.

A la hora en que Mikaël desgarra el cielo de su Presencia, mi Presencia en lo Blanco del Único viene a vosotros, despertándoos a vosotros-mismos. Así es la hora de la Resurrección y de la Paz, así es el tiempo del Amor, que no cuenta más el tiempo, y que no descuenta más las horas, a fin de vivir la serenidad y la eternidad de la Paz en cualquier circunstancia que sea. Entonces como Él os lo dijo hace 2000 años, os digo: «Paz». Paz a vosotros, Paz en vosotros, y Paz en este mundo, en cualquier dolor de parto que sea.

Escucha, niño del Único, tu que estás allí, tú que escuchas, tú que lees, y tú que guardas silencio en mi presencia. Unámonos en el Uno y en el Único. En la Verdad y en la Unidad, en lo Blanco inmaculado de la virginidad, te acojo, como te acogen los Mundos Libres en la ronda de los planetas, en la ronda de las estrellas. En la Fuente como en el Absoluto se despliega la conciencia libre y liberada de toda ofensa y de toda coacción. Escucha, escucha la hora de tu Resurrección porque suena el Canto del Cielo y de la Tierra, porque canta tu Corazón exaltante a la verdad y a lo inefable del Cristo.

Ponte, allí donde estás. Deposita toda carga y toda queja en el Corazón del Único donde el Fuego Ígneo viene a transfigurar lo que aun deba serlo, forjando tu inmensidad y tu Eternidad. Pósate, en todo lugar y en todo tiempo. Deposita las ofensas hechas a tu Eternidad, como hechas a cada uno en el seno del encierro.

Ved y escucha. La hora es la Luz, la hora es a María, la hora es a tu Presencia como a tu Ausencia. La hora es a la Única, el tiempo no es más contado ni incluso descontado. En el espacio donde se abole el tiempo, en el tiempo en el que se abole el espacio, ha llegado el tiempo de la Resurrección. Anunciadas por el Coro de los Ángeles las Trompetas del Apocalipsis suenan la hora del final para lo que no es verdadero, y la hora del renacimiento y de la Resurrección para lo que nunca pudo desaparecer. Entonces aparece en ti mismo, en el esplendor del Fuego Ígneo, en el esplendor del Cristo, en la Gracia del Espíritu del Sol y por el canto del Coro de los Ángeles. Vengo a invitarte a mi turno a reencontrarte en totalidad, a reencontrarte a ti mismo y a reencontrar cada uno, en el Corazón del Uno, en el Corazón del Corazón.


Escucha, escucha tu Corazón que canta su propia Resurrección. Escucha tu Corazón que vibra y que vive de otro modo, sobre una nueva octava de la manifestación libre en el seno de los Mundos Libres. Abre lo que debe todavía parecerte necesitando una apertura cualquiera. Nada nunca ha sido cerrado, nada nunca ha desaparecido, solo se alejó del ojo de tu conciencia. Niño del Único, niño de lo Verdadero, niño de lo bello, es la hora del alumbramiento, es la hora del parto, es la hora de la Resurrección.

Guarda silencio de los ruidos de este mundo, guarda silencio de las voluntades de la persona, guarda silencio de lo que no dura, y deja la Eternidad tocar y aparecer en el seno mismo de tu mundo, allí donde el tiempo y el espacio viven sus últimos tiempos, sus tiempos finales. Llego el tiempo del cordero donde el sacrificio de vuestras vestiduras pasará en la Eternidad, donde nadie juzga a nadie, si no es tu propia conciencia en su emplazamiento, al emplazamiento donde ella sueña estar, a fin de que seas saciado, con el fin de que ninguna falta pueda aparecer según el juego de tu conciencia, según el juego de la Vida.

Bien amado hijo único, tú, dado a luz en los dolores en este mundo, dado a luz a la salida en la Alegría, en la Paz y en la serenidad, no hay ningún final, excepto para lo que tiene un final, no es ningún principio para lo que nunca ha desaparecido, no hay ningún medio para lo que está en medio de sí a cada instante y a cada momento. Abre las puertas del Amor, abre lo que merece aparecer en el seno de la belleza, en el seno de la Verdad. Oye y escucha, y sobre todo ve ahora la consecuencia y el regocijo de tus acciones llevadas en este mundo, buscando tu Eternidad.

Ahora girado hacia ti y en ti te descubres sólo, y donde esta el Todo presente. De frente a frente, de todo a cada uno, la misma danza, el mismo silencio, el mismo estupor, la misma alegría, el mismo pavor, la única misma verdad que tiene por nombre Amor y Luz. Donde ninguna duda puede aparecer, donde ningún mental puede hacer por su cuenta, dejando la montura a los Jinetes viniendo de los Elementos y abriendo la ronda del Éter, restableciendo el Éter de vida y de verdad en este mundo, en sus profundidades como en su superficie. Mira tu cielo, mira tu tierra, a fin de ver lo Verdadero. Mantente a mi distancia del uno y del otro en el Centro del Centro, en el Corazón del Corazón, allí donde vive la Verdad, allí donde vive la Eternidad.

Y acuérdate, escucha y oye por mi Presencia y mi Silencio, el canto de la Verdad, el canto del Silencio, la verdad de la Infancia, la verdad del Amor. Aquel que no conoce ninguna condición, ninguna restricción, como ninguna aceleración. Sé inmutable. Cualquiera que sea el juego de tu conciencia en este mundo como en todo mundo, cualquiera que sea tu origen y cualesquiera que sean tus linajes, cualquiera que sea tu edad y cualquiera que sea tu sexo, cualquiera sea a lo que te adheriste, deja desvanecerse todo ésto, porque nada de ésto te pertenece en realidad y nada de ésto es verdadero. 

Te invito a mi turno a entrar en el Blanco inmaculado del renacimiento y de la Resurrección. Te invito a alimentarte de ese Blanco, a alimentarte de esta Unidad que viene tanto de mí, como de unos y otros, pero solamente de ti-mismo frente a ti-mismo. Deja resonar lo que debe aparecer, deja ser visto, lo que debe ser visto y deja desvanecerse lo que se desvanece de si-mismo en los tiempos del efímero que tocan a su final. Allí es el momento, allí es el espacio donde te sitúas, donde se celebra lo que debe celebrarse, ahora y a cada soplo.

Escúchame, niño del Único, escúchame y veme a fin de verte en la inmaculada concepción de tu belleza virginal y eterna en la cual estas en lo sucesivo inscrito. Preparándote mejor a los ritos del Tránsito y a los ritos de la transmutación, dándote a emerger en finalidad, en lo que eres. Cada final es un principio y cada principio es un final, así son los ritmos en el mundo que pisas. Ellos están muy ausentes sin embargo en los que andarás, al alba de tu Eternidad, al alba de este mes que va a nacer y que te lleva a situarte aún más en la Dicha, aun más en la Paz y aun más, si puedo decir, en la Verdad eterna de tu Esencia.

Amado del Uno, tu que estas allí, de pie o tumbado, tú que estas allí con los ojos cerrados o abiertos, tú que esperas a tu propio Corazón en su magnificencia, despójate de todos tus ornamentos, de todas tus creencias, de todas tus palabras y de todas tus historias, porque nada de esto te pertenece en el seno del efímero. Todo esto sólo pasa y muere ahora en las ansias de la felicidad finalmente reencontrada, o en vía de ser recobrada, no la efímera, sino la realidad de la Eternidad, a la verdad Una e indisociable de cada conciencia, de cada ser, donde todo es Uno en Verdad y en Unidad. 

Párate y deposita toda carga, eres libre a fin de ser liberado. Sé liberado a fin de ser libre de tu conciencia misma. Abraza con la misma mirada y con mismo Amor el conjunto de las circunstancias de este mundo como de tu cuerpo, y reencuéntrate. Te hago mi llamada, la de mi Presencia y de mi Ausencia, así como mis silencios en el Templo sagrado de tu Corazón, allí donde vive y allí donde viene Aquel que nunca ha nacido y que nunca murió.

Párate y deposita toda carga, eres libre a fin de ser liberado. Sé liberado a fin de ser libre de tu misma conciencia. Abraza con la misma mirada y con el mismo Amor el conjunto de las circunstancias de este mundo como de tu cuerpo, y reencuéntrate. Te hago mi llamada, la de mi Presencia y de mi Ausencia, así como mis silencios en el Templo sagrado de tu Corazón, allí donde vive y allí donde viene Aquel que nunca ha nacido y que nunca murió. 

Olvida las ansias de toda separación y de toda falta porque en la vida eterna resucitada, no puede faltar nada de lo que hace el ornamento real y eterno de la conciencia misma, en cualquier plano que sea. Tú, de cualquiera plano que vengas, establécete más allá de todo plano, en la Morada de Paz Suprema, allí donde no existe ninguna interferencia y ninguna disonancia.

Te invito a estar presente, te invito a desaparecer en la beatitud eterna del Amor, devolviendo entonces el Agua de Vida que pone fin a toda sed y a todo sufrimiento.

Ponte y ahora escucha en silencio lo que tengo que decirte en el Templo de tu Corazón. Pósate y descansa a fin de que ponga en tu centro y en tu silencio, a fin de mostrarte lo que eres, a fin de hacerte vivir lo que eres, desde ahora, si lo acoges y aceptas. Así fluye la verdadera Vida en el Único, así fluye la experiencia privada de todo sufrimiento y de toda dualidad.

Te invito a ponerte en tu Corazón, te invito a recogerte conmigo, en tu Templo, donde tú y yo somos sólo Uno. Te invito a tenderte en el descanso, en el silencio, a dejarte y a dejar la obra de la Resurrección realizarse. No necesita de ti, ni de tus dudas, ni de tus peticiones, sino solo de tu sí, definitivo, real e irremediable, a tu propia Eternidad.

En el Blanco de mi Presencia, en la blancura virginal de tu Corazón ardiente, deposito en ti el Fuego Ígneo, deposito en ti las semillas de la vida Eterna, revelándose en este mundo como en ti.

Te invito a amar finalmente sin diferencia y sin distinción lo que la vida te ofrece. Te invito a la vida Eterna.

Escucha el sonido de tu propia Resurrección. Escucha el Silencio de tu Libertad. Mira lo Blanco inmaculado de la pureza trascendiendo así toda forma y todo límite de forma.

Te invito a descubrir y a redescubrir el sin-forma y sin-nombre.

Allí, suavemente y poderosamente, la Evidencia amanece, al alba de este mes y de este año.

Allí, ahora y en lo sucesivo, descansemos juntos, la mano en la mano y de Corazón a Corazón. Del mismo modo invita, tú también, todo lo que te pueda parecer, en ti como afuera de ti, opuesto a la Luz, como reticencia, resistencia o temor, a fundirse en el sin-nombre y el sin-forma de mi Blanco.

Te invito al Éter de vida, a la Nueva Eucaristía, te invito simplemente a la verdadera Vida. Recoge en tu Templo, la copa sagrada de la Eternidad, la sangre del cordero. Te invito a la comunión perpetua, a la celebración eterna del Amor y de la Luz. Esto, incluso si todavía está dormido en ti, no podrá permanecer más, pues la hora del despertar ha llegado.

Ofrécete a la Verdad, ofrécete al gozo infinito del éxtasis perpetuo. Allí donde estas, los pies en la tierra, transmuta, deja fusionarse lo que ya está aquí, y escúchalo. El coro de los Ángeles, alabando la Vida y viviendolo ellos-mismos.

Ofrécete a la Verdad, ofrécete al gozo infinito del éxtasis perpetuo. Allí donde estas, los pies en tierra, transmuta, deja fusionarse lo que ya está aquí, y escúchalo. El coro de los Ángeles, alabando la Vida y viviéndolo ellos-mismos.

Ofrécete a la Verdad, ofrécete el gozo infinito del éxtasis perpetuo. Allí donde estas, los pies en tierra, transmuta, deja fusionarse lo que ya está aquí, y escuchalo.

Te podría decir; mi Amigo, mi Amado, mi Hermano. Incluso si no soy humano, lo eres lo mismo que yo, ese ángel de Luz, ese ser de perfección que sólo vive la voluntad de la experiencia, la voluntad de la Fuente, sin distancia alguna ni vagancia.

Vengo para resonar en ti, como tú resuenas en mí, a fin de que ninguna razón pueda interferir en este canto del Amor.

Tú, al que el Corazón palpita y se levanta de dicha, viniendo al encuentro de Aquel que vuelve como se fue, por los cielos. Vestido de tu traje de Luz o de Eternidad, de tu vestidura sin costura, deja el Corazón del Corazón trabajar y descansa. No hay nada más a esperar, ni a temer, porque la pantalla del mundo, como la pantalla de tu persona, te muestra lo que está presente en tu Corazón y a tu puerta.

Pósate y ve, lo que ningún ojo humano jamás ha visto, y ve lo que ningún discurso puede traducir, lo que ninguna palabra puede alcanzar, lo que no necesita de alguna razón ni de casualidad. 

Posate y ve, lo que ningún ojo humano jamás ha visto, y ve lo que ningún discurso puede traducir, lo que ninguna palabra puede alcanzar, lo que no necesita de alguna razón ni de casualidad.
Tú que renaces de nuevo, descansa en mí.

Entonces juntos nos paramos. Entonces juntos acogemos el Coronamiento de tu obra. Entonces juntos pongamos bajo tierra lo que debe regresar a la tierra y volvamos a poner al Cielo lo que proviene del Cielo, a fin de que nunca más el Cielo y la Tierra sean separados o divididos. Ve el canto y el baile del Amor tales como se presentan más allá de toda forma y de toda dimensión.

Escucha. Escucha y ve lo que quiero hacerte escuchar, el canto de la Evidencia, el canto del Amor, el canto del Único. Tú, Hijo Ardiente del Sol, renacido de nuevo, seca toda lágrima del pasado y reemplázala por las lágrimas de la alegría de los reencuentros. Tú, cuya palabra se hace Verbo, levántate y camina. Vuela conmigo en los espacios de la Libertad, en los espacios de la Unidad.

Pongámonos, tú y yo. Allí donde estás y allí donde estoy, donde no hay más distancia, donde no hay más barreras, sólo hay la resonancia del Único.

Ve tu Presencia Infinita. Ve a tu Morada de Paz, a fin de que jamás la Luz parezca apagarse.

Suelta lo que te parezca necesitar de estar suelto. Relajate, y deja la confianza en tu Eternidad revelarse en su totalidad.

Y en la ronda de nuestras dos Presencias que no hacen más que Una, cantamos juntos las alabanzas de la Luz y del Amor. Pongámonos donde ninguna palabra puede describir lo que hay. 

Allí, en el eterno descanso donde nada cuesta, donde ningún esfuerzo es aparente, te invito a todo los posibles del Amor, te invito a reconocerte finalmente, y a verte así en tu Eternidad. Acoge el bautismo del Espíritu y celebra tu Resurrección, como la celebro contigo y en ti.

Y allí, juntos, donde no hay más diferencia entre tú y yo, te invito a ser, en el ser o más allá de todo ser, celebrando juntos el misterio de la Resurrección y el misterio de la Vida.

Escucha y ve.

Deja el bautismo del Espíritu caminar en tu Corazón. Acoge a cada uno como acojo a cada uno, incluso aquel que te reniega o que expresa su ira. Acoge sin restricción y sin excepción, y ve allí el resultado y las consecuencias.

Siente esta verdadera Vida nueva, florecer en ti y respirar.

Entrégate íntegramente porque todo lo que no das a ti-mismo está perdido. En el Amor no puede haber pérdida porque todo es ganancia y todo es provecho, no los provechos de interés de la tierra, sino del provecho de la experiencia de la conciencia y de la Vida.

Así, descubres que todo está cumplido y realizado. Quedate en paz y en eternidad.

Así, descubres que todo está cumplido y realizado. Quédate en paz y en eternidad. caminando así en tus propios pasos, los de tu Eternidad.

Y allí juntos, en mi Blanco y en tu Blanco, desaparece toda idea y toda sensación de ser alguien en este mundo.

Ve y escucha este silencio tan lleno de todos los cantos y todas las danzas de la vida. Así, fijo en ti, no mi sello, sino el sello de la Libertad que no conoce ningún trazado ni alguna geometría porque es esencia libre de toda vida.

Así se traza en ti el equilibrio de Acuario, del Agua fecundada y vivificada por el Fuego Ígneo.

Tú, que me has escuchado y el que me has visto, te ves finalmente tal como Eres, más allá de la forma y más allá de la historia.

Ve lo que te ofrezco, que te devuelve a ti-mismo.

Así canto en ti, el canto de la Resurrección, así danzo en ti, la danza del Silencio.

Sonriamos juntos a la felicidad de la vida eterna y riámonos juntos de lo que murió y de lo que se muere en el seno de lo efímero. 

Participando juntos en la misma vida y de la misma libertad, entonces te digo: mi hermano, tú el humano hermano del ángel, hermano de sangre en la sangre del Cristo.

Finalmente, me reuniste, y te reuní.

Quedate allí y no nos separemos más.

Suelta lo que te parezca necesitar de estar suelto. Relájate, y deja la confianza en tu Eternidad revelarse en su totalidad.  Escucha, escucha mis silencios, están ricos y plenos de tu Presencia.

Así, quedo y así moras. Entonces juntos podemos decir: «Que así Sea».

En tu nombre, estampo en ti el Sello de la Libertad. Así, se estampa en ti el Sello de la Verdad.

Te pido tu bendición para sentir tu Amor, y aprovecharlo porque es don, don de la Gracia y don de ti-mismo.

Ama porque eres amado, pues eres el Amor.

Quédate así, con evidencia. Quédate así, cualquiera que sea tu morada.

Entonces ahora, deposita tus palabras, mientras deposito mis palabras.

En este bautismo resucitas. En este bautismo te embarazas de Amor.

Quédate así, con evidencia. Quédate así, cualquiera que sea tu morada.

Ve sin restricción. Tú, el amigo, el hermano y el amado, te doy vida como me diste vida.

Quédate así, en la extinción de mis palabras. Quédate así. 

Te bendigo en mi Blanco, y en tu ilimitado.

Soy Uriel, ángel de la Presencia y Arcángel del Regreso. Soy tú, ángel revelado pasando por el ojo de la Eternidad.

Así, la Eternidad es esculpida en letras de fuego inmortales, en tu Templo de vida.

Quédate así unos instantes. Te saludo.

Quédate allí y no nos separemos más. 
Quédate así. 

Hasta luego.

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