domingo, 8 de mayo de 2016

LA RESURECCIÓN ANAËL Mayo 2016 Parte 1 MAYO 2016



Soy Anaël Arcángel, Arcángel de la Relación y del Amor. Muy amados Hijos de la ley de Uno, aquí como en cualquier parte en esta tierra, a cualquier hora y en cualquier lugar, me dirijo a vosotros como portavoz del conjunto de los Arcángeles. Recibid la bendición de mi emanación, así como acojo vuestra emanación de Amor.

…Silencio …

Por mi presencia en vosotros, revelada o revelándose, vengo a facilitar lo que debe de serlo en el encuentro, en vosotros, entre lo efímero y lo Eterno. Vengo, por el don de la Gracia, por el Espíritu del Sol y el Coro de los Ángeles, a cumplir lo que debe de ser cumplido en vuestra conciencia, en vuestra alma o en vuestro Espíritu. Por el Fuego Ígneo de la Verdad, por el bautismo del Espíritu Santo completo, tocando lo que sois y despertando lo que debe de serlo, vengo, por mis palabras, por mi Presencia y por mi Silencio, a resonar en vosotros el canto de la Resurrección.

Así como el Arcángel Uriel os dijo, vengo a cantar en vuestra danza interior, la de la vida libre y liberada, el canto de la Éxtasis y de la beatitud. Entonces juntos, en este tiempo como en cualquier tiempo, y en este lugar como en cualquier lugar, desvelo en vosotros el átomo original, Fuente de Fuentes, haciendo exultar la potencia del Amor infalible y eterno. Así, aquí como en cualquier parte, obro en vosotros, anunciando las Trompetas de la Resurrección y el canto de la Libertad, encendiendo la llama que nunca puede apagarse, vivificándose por sí sola en el Fuego Ígneo de vuestra divinidad.

Me dirijo personalmente a cada uno de vosotros, no a la persona que escucha pero al que entiende más allá de mis palabras, este canto de la Resurrección. Ahora que la resolución final pone fin a la mascarada del juego, despliego en vosotros la fusión de las estructuras nombradas Êtreté en el punto central de vuestro corazón, corazón del Amor, Amor en el corazón.

Entonces os digo: escuchad, entended, ved y percibid la realidad última, más allá de toda persona, de todo juego y de toda apariencia, con el fin de que cesen los simulacros del Amor, con el fin de que viva el Amor verdadero, tal un fuego saciando e inextinguible. Deposito en vuestro corazón el altar de Cristo y el altar de la Verdad. Pongo en cada uno de vosotros la alianza de los Elementos, la alianza de Fuego, la alianza del Amor, respetando vuestra libertad, respetando vuestra Presencia. Más allá de las palabras pronunciadas, más allá de toda comprensión, me dirijo a vosotros.

En este instante en que todo se ha cumplido en el Templo interior y cuando todo se desvela en el silencio de la felicidad, en vosotros, en este instante y en cada instante para la Eternidad, el canto de la Resurrección se ha despertado bajo vuestros pies como en vuestra cabeza, poniendo en alianza el cielo y la Tierra, la fusión de los Éteres.

Llevo a vuestra conciencia la verdad de vuestro ser, no dejando ningún sitio para la menor duda, para la menor espera, para el menor fin. En este don de la Gracia y encomendado por la Fuente, abro las puertas de la Resurrección, preparando la vía Al que fue, que es y que será. Abro el cerrojo de vuestra forma para que ninguna atadura pueda existir en el momento de la Llamada. Así, en este día, os invito a deponer las armas de la lucha, las armas de la duda, las armas de la persona, para que Cristo pueda revestiros de vuestro vestido de Eternidad, de vuestro esplendor de Hijo Ardiente del Sol revelado en la superficie de este mundo tal una luz que brilla por sí sola en el final de este ciclo, acabando en estos días con las tribulaciones, las dudas y las andanzas de cada uno de vosotros. En vuestro corazón eterno, os remito la Gracia y la bendición eterna de la Vida y del Amor.

Entonces te digo, como se dijo hace 2 000 años: levántate y anda. Elévate, aquí y ahora, por encima de las condiciones y de los límites, dándote a descubrir, más allá de los juegos de la conciencia, la verdad de lo que tal vez buscaste o ya realizaste. Vengo a irradiar en cada corazón el don de la Gracia perpetua. El canto del cielo y de la Tierra, apareciendo en múltiples lugares de esta tierra, os avisa del tiempo de la Llamada y de vuestra respuesta, quemando así los últimos residuos opacos y oscuros ligados al encerramiento y a vuestra condición en este cuerpo de carne.

Vengo a asistiros en la Ascensión de la carne y de vuestra conciencia, donde todo es libertad de elección y de posición. Vengo a embriagarte con los perfumes de la Gracia, del Coro de los Ángeles. Por el Sol ardiente, deposito en ti la labranza de Mikaël, ya no solamente en tus cielos sino en tu corazón. Trazo así en tu corazón el camino de la Ligereza, el camino de la Verdad, trazado en tu eternidad, desde tu origen hasta lo que no tiene ningún fin y ningún origen. Percibe y vive, sin ataduras y sin arrepentimientos, sin miedos y sin temores, la majestad de la Vida.

Así compartimos, aquí y en cualquier parte, en este instante y en cada instante, el corazón Ascensional donde irás pronto, en la libertad de movimiento, de vida, de tiempo y de espacio, con la condición de estar plenamente presente, no a tu historia, sino en la roca de la certeza de lo que eres, de lo que fuiste y de lo que serás, con el fin de que percibas y vivas que no hay nada que esperar, ni que desear del efímero de este mundo, y que la única libertad proviene de tu corazón y del Amor que eres.

Elevando en ti la Cruz cardinal de los cuatro Éteres, percibe, más allá de toda imagen, de toda energía, la verdad y la belleza de toda vida. A ti, Semilla de Estrella, ya es hora de revelar la Estrella que eres, fuera de cualquier límite de forma, de cualquier juego y de cualquier historia. Invitando a instalarte en la roca del Amor inmutable, despertando en ti lo que te parece todavía estar durmiendo, te invito en el espacio donde ningún miedo puede ser supuesto ni tampoco evocado, permitiéndote bailar en el corazón de la Eternidad, en el corazón de la Vida.

En este tiempo de la Tierra se abren las puertas, no solamente las tuyas sino las presentes en la tierra, favoreciendo la acogida del cielo y del Espíritu hasta el núcleo cristalino de la Tierra, como en tu núcleo eterno, acompañando así el parto y la liberación de la Tierra. Así, tus ojos se abren, sin dejar espacio ya para la paja o la viga, dándote la visión clara de tu verdad, de la verdad de cada uno, de la verdad de la vida y del Amor en acción y en manifestación, conduciéndote ahí donde no hay ni esfuerzo ni pensamiento, ni deseo ni anhelo, donde todo está perfecto y donde todo es perfección.

Revestido de tu cuerpo de gloria, eres entonces el estandarte, ya no de la Luz sino del Amor libre y liberado de todo obstáculo, consumiendo cada atadura ligada a la naturaleza de este cuerpo y no a la naturaleza de tu historia, poniendo fin así a las últimas separaciones decididas hace mucho tiempo, y de las cuales no fuiste consultado, mostrándote así la vía del perdón que tu corazón da a cualquiera y a cualquier estructura, como a cualquier error o a cualquier alejamiento - que sea el tuyo o el de otro, importa poco porque todo es Uno. Ha llegado el momento de vivirlo, de manera lúcida y humilde.

Así, cada uno de vosotros vive hoy su reconexión a la fuente de vida en este mundo, en el núcleo cristalino de Sirius que alumbra el Templo de tu eternidad, borrando y haciendo desaparecer cualquier lógica de este mundo, reemplazándolas por la lógica del Uno y de la ley del Uno. Inundando cada rincón de este cuerpo que habitas, para que se eleve de ti el Fuego del Amor en tu Corazón Ascensional, encendiendo así de manera visible tu cuerpo Ascensional tal una lengua de fuego depositada en tu cabeza y en tu corazón, haciéndote olvidar cualquier pena, disolviéndose en el bálsamo del Amor y el bálsamo de la Verdad.

Tú, estés donde estés, acuérdate de lo que eres más allá de toda apariencia, de toda forma y de toda atadura. Así, ofreciéndote a ti mismo, a tu propia libertad, redescubres el Éter de vida, donde nada es desviado, donde nada es oculto. En el Espíritu del Sol, en el Coro de los Ángeles, canta en ti la verdad del ángel, la verdad del Silencio, conduciéndote a despojarte de todo lo que te estorba y te oscurece, volviéndote así la roca de Su Presencia y el Templo de Su Presencia, haciendo arder todo lo que puede frenar, todo lo que puede oponerse, en ti como en cada hermano, humano o no humano, como en cualquier historia. La misma libertad se ofrece así a cada uno, en el espacio donde no hay ni primero ni último, porque todo se resuelve y todo se revela.

El cielo se une a la Tierra y la Tierra se une al cielo, del mismo modo en tu tierra y en tu cielo, con la misma evidencia, en la misma sinfonía de Libertad donde cada uno aporta su nota, tan diferente y sin embargo tan idéntica, ahí donde todo es Uno. Así bendigo tu llama, esta lengua de Fuego que ha renacido por encima de tu cabeza y por encima de tu corazón.

Amado del Uno, despiértate. Sea cual sea el juego que jugaste y que juegas, ve con claridad tu átomo-germen, ve con claridad las facetas del diamante de tu corazón, y abre definitivamente la puerta de la Resurrección que está ahí. Te invito y me invito a la celebración.

Hasta percibe, cuando mis palabras desaparecen, lo inefable de tu condición que ya no depende de ninguna condición de este mundo, ni de ninguna restricción de esta dimensión donde estas presente y de pie.

Abre tus brazos para acoger Al que viene, como cada uno de tus hermanos y de tus hermanas humanos, o no humanos, en la misma llama, en el mismo perdón, en la misma verdad. Deja brillar, sobre la faz efímera de este mundo, el resplandor Del que está ahí, con el fin de que nada pueda pararte o frenarte.

…Silencio …


Todo se ha cumplido, en los cielos como en la Tierra, porque la unión se ha realizado permitiendo al corazón del Uno elevarse en cada uno de vosotros. Deposito en ti mi Presencia y mi emanación. Saludo en ti tu levantar de la tumba, saludo en ti lo que ha renacido de nuevo, saludo en ti el principio de la conciencia Una de la Fuente y de toda dimensión.

Tú, aquí como en cualquier parte, me dirijo a ti en la lengua del Verbo, la lengua de Fuego para decirte esto:

…Silencio …


Hijos del Uno, Cristo resucitado, en la humildad de esta carne perecedera y corruptible, te muestras a ti mismo en la incorruptibilidad del Espíritu, forjándote en el Amor indestructible e incondicionado. En el Verbo de la Verdad, fuera de cualquier discusión y duda, deja tu corazón abierto en este espacio donde ningún pasado de este mundo puede alcanzarte, y donde ninguna carne corruptible puede disminuirte. Así es la promesa del cielo donde ningún infierno y ningún paraíso están presentes, porque sólo la belleza vive en toda dimensión, en toda forma eterna como en ausencia de forma. Trazo en ti los surcos de la Eternidad.

…Silencio …


Así el Verbo se hizo carne y tu carne se hace Verbo, transmutándose en el Éter de plenitud del cuerpo de Êtreté y del mismo modo en tu átomo-germen.

Así, aquí como en cualquier parte, dependiendo de ningún tiempo, la Resurrección se revela, percibida por ti y vista por ti para que ninguno pueda ignorar La que viene a hablaros en vuestra intimidad, llamándoos a la felicidad de los tres días y de las tres noches para que nunca más haya noches ni alternancia.

En el Éter lleno y entero de los cielos unificados, te doy mucho más que mi Paz. Percibe, acoge y di Sí.

…Silencio …


En este instante donde las mismísimas palabras sostenidas por el Verbo no tienen ya sentido, reemplazadas por el Único en toda dirección, en cada parcela de la Tierra como en toda dirección y cada parcela de tu carne, preparando tus células y tu conciencia a La que es Reina de los Cielos y de la Tierra.

…Silencio …


Así se consume lo perecedero en esta alquimia última y primordial de tu Resurrección. El tiempo de las tribulaciones, de los errores y de las andanzas, que sea en ti o en la sociedad de este mundo, no tienen razón de ser, consumidas por la mismísima llama de Amor que se eleva de la Tierra y desciende del cielo hacia tu corazón.

…Silencio …


Y en el ritmo de nuestro silencio, esto crece sin límite y sin fin. El mismísimo aliento de tu respiración se hace Verbo de Amor. Percíbelo.

…Silencio …


Aquí, ahora mismo, en cualquier parte y en cualquier momento, sea cual sea el tiempo cumplido, poniendo fin al mismísimo tiempo.

Así, la voces de los Arcángeles te hablan de una sola voz, de un mismo Fuego, de un mismo Verbo, de un mismo Amor.

…Silencio…


Asiéntate así en el Amor. Deja el Verbo de la Resurrección cantar en ti el canto de la liberación. En tu corazón palpitando, vibrando y calentando, la Alegría sin razón es tu única verdad y tu magnificencia. Por el Verbo de Cristo y en presencia de tu Verbo, comulgando contigo mismo y con cada uno, con la misma elegancia y la misma precisión, recojámonos, aquí y en cualquier parte, en esta oración silenciosa del corazón que se reencuentra, y que no pide nada más que de estar ahí, a pesar de las apariencias, a pesar de los sufrimientos, amplificando la Alegría sin comparación alguna con las alegrías efímeras de tu vida o tus vidas en este mundo.

Percibe y vive. 


…Silencio …


Mi mismísimo Verbo, que no es otro que tu Verbo, como el de María, de Cristo y de Mikaël, como de cualquier voz elevándose en la infinidad de los Mundos Libres. Somos Uno, somos el Amor, somos la Paz, somos lo que bendice y lo que es bendecido.

…Silencio …


Ábrete. Ha llegado el momento de florecer y de entregar los olores de la rosa eterna en cada mirada, en cada paso, en cada sufrimiento, aplicando así el bálsamo sutil del canto de la Vida y de la verdad del Amor. Tu Verbo y mi Verbo son los mismos, en cualquier acento y en cualquier idioma, que sea la lengua de los ángeles o la lengua de los hombres, como la lengua de la Fuente, está la misma sinfonía y la misma armonía.

Escucha, oye, ve, percibe y vive la consagración del Amor. Porque ahí no puede existir ni vacilación ni tergiversación, ahí donde sólo está la Evidencia y la Ligereza. Escucha el Fuego devorador de tu corazón, el Fuego del Amor.

Permíteme bendecirte, como bendices a cada uno y a cada vida sin distinción, de la misma manera y en la misma Evidencia. Percibe la nueva vida, la verdadera Vida donde nada te ata, donde nada te limita. Así sopla el Espíritu, así es el Verbo.

En este espacio donde cualquier palabra desaparece, dejando sólo la Evidencia del Juramento y de la Promesa, escucha mi Silencio, escucha tu Verbo. Son la sinfonía del Amor.

Tú, aquí y desde cualquier parte, el bautismo del Espíritu está en el umbral de tu corazón. Estate presente a ti mismo, estate presente a cada uno. Consolídate en la fe del Amor y en la Verdad del Amor.

…Silencio …


En este Fuego de Alegría, consume lo que no pertenece a la Verdad y a la belleza.

…Silencio …


Soy Anaël Arcángel, Arcángel del Amor y de la Relación, y te dejo a solas en el espacio donde nunca estas solo, porque todo está ahí. Bendigo tu Presencia, tú que renace de nuevo.

Te doy la Paz de Cristo y acojo a cada uno de vosotros en su Morada de Eternidad.

Te bendigo y te saludo, en el Amor y en la Verdad.

…Silencio …
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Fuente:http://hallegadolaluz2.blogspot.com.es/
http://noarosauniversoespiritual.blogspot.com.es/

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