viernes, 20 de mayo de 2016

Florecimiento del niño interno. Lección V. (Kwan Yin)


Kwan Yin
Florecimiento del niño interno. Lección V.


Hermanos, sean bienvenidos, Yo soy KWAN YIN.

Vamos a continuar con lo que veníamos explicando.

El joven príncipe viajando nuevamente por el espacio, reflexionaba en el cuarto principio recién descubierto: 

"El Equilibrio". Si bien había aprendido que existían fuerzas contrarias en el universo, el bien y el mal, que según le habían explicado moraban en todos los seres, ahora, acababa de descubrir que estas fuerzas permanecían siempre en equilibrio, permanecían siempre armonizadas. 
El pensaba para sus adentros: los seres malos no son totalmente malos; los seres buenos no son totalmente buenos, el bien y el mal moran en todas las cosas pero se mantienen en equilibrio; seguramente, cada uno de nosotros buscamos mantener ese equilibrio, algunos lo logran siendo malos, mientras que otros lo hacen siendo buenos.

Mientras eso pensaba, su viaje lo fue acercando hasta una gran nube; él la observaba sin prestarle mayor atención. 

Me estoy acercando a una nebulosa, pensó para sus adentros, pero cuando hubo atravesado las primeras capas de nubes se encontró que existía un planeta en el centro de ellas. Decidió bajar y explorar.

Una vez que empezó a caminar sobre la superficie observó que existían dos lunas, una blanca y otra negra. 

Extrañado, empezó a preguntarse cómo era posible que ese planeta tuviera una luna negra y otra blanca; una giraba en una dirección, mientras que la otra lo hacía perpendicularmente a la primera, y dijo: ¡vaya que es extraño este planeta!. Caminando se fue acercando hasta la orilla de lo que parecía ser un gran lago o un mar y, pronto, unas pequeñas criaturas salieron del mar y empezaron a rodearlo; parecían peces, pero tenían extremidades que les permitían caminar también sobre la tierra. El joven príncipe los miró extrañado y preguntó:

- ¿Quiénes son ustedes?, ¿cómo se llama este planeta?. El pez que parecía encabezar al grupo contestó:

- Estás en el planeta de las dualidades, aquí todo es dual, tienes que aprender que en nuestra tierra todo lo que veas tendrá siempre dos lados. Si nos acompañas te mostraremos el lugar donde vivimos.

- Lo siento mucho, contestó el príncipe, pero yo no puedo andar dentro del agua.

- No importa contestó el pez, de todas maneras nos acompañarás, y diciento esto, las extrañas criaturas sujetaron al príncipe y lo empezaron a arrastrar hacia dentro de las aguas.

La acción fue tan rápida que el príncipe no tuvo tiempo de responder, el miedo lo invadió mientras su cuerpo iba siendo cubierto por las aguas. Cuando todo fue cubierto y sus ojos se abrieron, observó que podía, no sólo caminar, sino también respirar bajo el agua. Antes de que pudiera explicarse cómo era eso posible, fue encaminado hacia una gran cueva en cuyo centro se encontraba un gran trono y, majestuosamente sentado en el centro, se encontraba quien, seguramente, era el rey de todas las criaturas.

- Bienvenido a nuestra tierra, le dijo el pez rey. El muchacho contestó:

- ¿Cómo es que yo puedo respirar aquí? y, ¿por qué dices tierra si esto es más bien agua?.

- Hay muchas cosas todavía que no entiendes, para eso has venido aquí, contestó el rey pez.

- ¿Cómo es que tú sabes a lo que he venido?, ¿cómo es que sabes que yo necesito aprender algo?.

- Muy sencillo, te vi por los espejos.

- ¿Tú también te encontrabas en los espejos, en las imágenes de los espejos? le preguntó el príncipe.

- Claro que sí, todos en el universo estábamos en los espejos, todos te vimos, tu imagen fue proyectada hacia todos los puntos del universo y por eso tu nave viajó hasta aquí, porque creemos que tenemos algo que podemos enseñarte.

- Espera, dijo el muchacho. Empiezo a pensar que todo lo que he estado viviendo es como un juego y que todos se han puesto de acuerdo para que yo camine por ciertos rumbos, ¿tú conoces a mi Padre?.

- Todos conocemos a tu Padre, eso no es nada extraño en este universo, pero, si lo que quieres preguntar es que si tu Padre habló conmigo, la respuesta es no.

- Entonces, ¿quieres decir, que tú y mi Padre no están puestos de acuerdo para que me enseñes algo?.

- No.

- Y, ¿también sabes por todas las aventuras por las que he tenido qué pasar?.

- Sí.

- ¿Cómo es, entonces, que sabías que iba yo a llegar aquí?.

- Porque el universo me lo indicó.

- Pero, ¿cómo es que hablas con el universo?, ¿cómo es que el universo puede decirte cosas?.

- Porque el universo habla con todos los seres.

- Y, por qué yo no puedo escuchar lo que el universo dice?.

- Porque no has encontrado los 10 principios.

- ¿Quieres decir que cuando los encuentre, el universo me va a decir cosas y las voy a entender?.

- Exactamente.

- Y, ¿todo el universo sabe que ahora estoy aquí contigo, hablando?.

- Exactamente.

- Bueno, pues, enséñame entonces el siguiente principio.

- No puedo.

- Pero ¿No dijiste que tenías algo que era para mí y que sería importante que yo conociera?.

- Sí, sí lo dije.

- Y, ¿no es el siguiente principio el que vas a enseñarme?.

- No.

- Entonces, ¿qué es lo que vas a mostrarme?.

- Vamos para que lo comprendas-. Y, diciendo esto, el rey pez fue nadando frente al príncipe para encaminarlo hasta una gran cámara. - Verás, le explicaba: dentro de esta cámara a la que tú entrarás solo, observarás algunas cosas que te harán reflexionar. Lo que verás dentro tiene que ver con todo el universo, son los ingredientes con los que fueron conformadas todas las cosas de este universo. Entra y aprende.

El joven abrió la puerta de la cámara y vio que todo estaba obscuro; se detuvo un poco, vacilante, pero la puerta se cerró detrás de él. En esos momentos, el príncipe sintió que un escalofrío recorría por su columna vertebral. 

Empezó a caminar sin saber exactamente dónde estaba y, a cada paso que daba, sentía que su cuerpo se hacía más y más pesado, sentía que no podía ya caminar. Pronto, sintió que su cuerpo se estaba apoyando sobre el suelo, no sabía si se había caído o si era algo que se aproximaba a su cuerpo. 
Empezó a sentir a su cuerpo en forma extraña, empezó a sentir un impulso irresistible de ondularse, de moverse en ondas y así lo hizo y, para su sorpresa, su caminar se tornó más rápido, pero ya no caminaba, más bien nadaba.

Pocos momentos después, descubrió que su cuerpo era, en realidad, de un pez. No pudo mover sus brazos por la simple razón de que se habían convertido en aletas; su cuerpo había sufrido una transformación increíble, ahora nadaba y una extraña sensación impregnaba todo su cuerpo. 

Empezó a moverse lentamente, primero, y después más rápidamente. Empezó a ver lo que significaba vivir en un mundo de agua. Empezó a nadar y a nadar hasta que observó una luz a lo lejos. Rápidamente se dirigió hacia ella y fue tanta la rapidez con que nadó hacia la luz, que cuando llegó hasta ella se dio cuenta, sin poderse detener, que había dado un salto hacia la superficie de una playa. Quedó tirado en la arena con su cuerpo de pez sin poder moverse; por más que se estremecía, su cuerpo no alcanzaba el agua. Empezó a sentir que el aire le faltaba, porque, en realidad, era el agua lo que lo estaba asfixiando. Se movía desesperadamente, mientras las olas del mar humedecían únicamente su cuerpo sin llegar a cubrirlo. Poco a poco las fuerzas lo fueron abandonando, se sintió sofocarse, sintió que el agua le faltaba, supo lo importante que era el agua para los peces, y recordaba, cuando había sido hombre, lo que el aire significaba para él.

Cuando estaba a punto de perder la conciencia, sintió que era alzado por encima de la arena; un ser extraño lo había tomado entre sus manos, lo miraba extrañado y con un movimiento brusco lo lanzó hacia el aire. Sintió que se alejaba más y más del agua y de la tierra, sintió que su cuerpo empezaba nuevamente a transformarse, sintió que ya podía mover sus manos y empezó a moverlas con fuerza y, para su sorpresa, su caída empezó a detenerse; empezó a observar que mientras más rápido agitaba sus manos, su caída se aminoraba más y más. En esa caída vertiginosa observó, como un parpadeo, al ser que lo había empujado hacia el cielo y vio que se reía; lo buscó nuevamente con la mirada y observó que en sus ojos había un brillo extraño. Tan concentrado se encontraba en la figura de ese ser que lo había lanzado a los aires, que no se dio cuenta de que ya no estaba cayendo, que se encontraba volando, y, hasta entonces, se percató que su cuerpo, en realidad, ahora, era de un ave, un ave de blanco plumaje.

Su deseo era acercarse a ese ser, por lo que voló hacia él y se posó nuevamente en la tierra. Quiso hablarle al extraño y su voz se oyó como graznidos. El ser lo miraba y sonreía cada vez más, mientras el príncipe deseaba hablar y de su boca no salían más que agudos graznidos. El ser reía cada vez más fuerte y su voz retumbaba en los oídos del príncipe. Desesperado, el príncipe se le acercó y quiso tocarlo y observó que sus alas eran enormes y que, en realidad, lo que estaba haciendo era ocasionándole más risa a ese extraño que tenía en frente. Desesperado, el príncipe alzó el vuelo y trató de posarse a la altura de los ojos del ser, le lanzó una mirada y pensó fuertemente: Si de verdad todo el universo está conectado, tú ya sabes lo que quiero preguntarte, contéstame y deja de reirte. 

En esos momentos el ser dejó de reir, le extendió la mano para que posara su cuerpo sobre ella y se dirigió hacia una roca, ahí lo depositó suavemente, mientras él se sentaba frente a él.

- Escúchame bien, príncipe, que aunque tú no puedas hablarme, sé perfectamente cuáles son tus preguntas.

Toda tu vida la has vivido en la tierra, ahora ya viste lo que significa el agua para los peces y debes aprender lo que significa el aire para las aves y más tarde aprenderás otra lección de la cual nada puedo decirte. La enseñanza que se encuentra detrás de tus experiencias, sólo tú podrás descifrarla; tanto tus amigos los peces como yo, aquí en la tierra, no somos sino auxiliares del universo en la tarea de mostrarte los 10 principios, así pues, ya te he dicho todo lo que podía decirte, alza el vuelo y aprende lo que es el aire. Yo tengo que irme, hay muchas cosas importantes en mi vida como para seguir platicando contigo, además, tu no puedes decirme nada, parece que has perdido la voz y, sonriendo, se alejó.

El príncipe, sumido en sus reflexiones, alzó el vuelo sin saber qué rumbo tomar; al menos esta vez no había angustia en su mente, sabía que, en cierta forma, su Padre lo estaba siguiendo, sabía que todo lo que le pasara estaba dentro del plan que el universo tenía para todos los seres y, mientras volaba, observó que grandes nubes empezaban a obscurecer el panorama. Aunque no podía ver de donde provenía la luz, pues no observaba a ningún sol, las nubes empezaron a cubrir todo el cielo y de las nubes pasaron los relámpagos y los rayos y empezó a caer una lluvia como nunca antes había experimentado. 

El agua golpeaba fuertemente sus alas, el aire silbaba y entorpecía su camino; decidió entonces bajar a tierra a esperar que la tormenta cesara, pero, bajo él, sólo se extendía una capa inmensa de agua. Trató de recordar en qué dirección se encontraba la tierra para dirigirse hacia ella, pero no pudo observar, se encontraba totalmente perdido en medio de una tormenta y abajo no había sino el inmenso mar.

Desesperado, buscaba un lugar donde posarse, pero no podía ver sino agua en todas direcciones; trató de bajar a la superficie del mar buscando descansar, pero se encontró que el oleaje estaba sumamente agitado, si se posaba sobre la superficie, inmediatamente sería cubierto por las olas, inmediatamente se vería sumergido dentro del mar. Sentía su cuerpo húmedo y cansado, sentía que no podía ya más volar, empezó a planear, dejó sus alas extendidas y empezó a dejarse llevar por las corrientes de aire que, junto con el agua, formaban la tormenta. 

Exhausto, vio cómo iba perdiendo altura, no había manera de mantener el vuelo, sus alas ya no tenían fuerza para seguir moviéndose. En esos momentos, sintió que iba a ser estrellado contra la superficie del mar, el miedo lo invadió y en el momento preciso, justo en el lugar donde iba a caer, un gran remolino se formó y cayó, no sobre el mar, sino sobre el hoyo de ese gran remolino de agua que se había formado en el mar. Sintió su cuerpo dar vueltas y vueltas y sintió que
caía en un pozo profundo.
Cuando tomó conciencia del lugar, todo estaba en calma, todo, a excepción de una pequeña piedra que se encontraba en el centro de toda esa obscuridad; no podía ver nada, no podía moverse, no sabía si era pez, o si era ave, o si era hombre, todo lo que podía ver era una extraña piedra magnética que despedía una luz tenue de color azulada y de la cual salían chispas como pequeños rayos de tormenta, parecían electrificadas. Imposibilitado de moverse, pensó:

- ¿Qué significará todo esto?, ¿en dónde estoy?, ¿qué soy ahora?. Y la piedra contestaba:

- Ahora no eres nada, sólo un chispazo de luz, sólo un chispazo de luz emanada de mí mismo- . Mientras hablaba, la piedra parecía incrementar su actividad eléctrica y se apagaba. 

Quiso moverse para acercarse a ella y no pudo. La piedra contestó nuevamente:

- No tienes cuerpo, yo soy el creador de todas las cosas, tú saliste de mí y ahora eres obscuridad; la única forma de que tomes nuevamente conciencia es que regreses a mí, pero no puedes moverte. El príncipe se extrañó aún más y preguntó ingenuamente:

- ¿Cómo quieres que regrese a ti si no puedo moverme?, es ilógico lo que dices, y la piedra volvió a contestar:

- La lógica del universo no es tu lógica, yo he creado todas las cosas del universo, tú eres una creación mía, pero, porque te has alejado de mí, ahora estás en la obscuridad, perteneces a ella, yo soy la luz, yo soy el fuego, tu eres la obscuridad, necesitas regresar a mí para que sepas quién eres.

- Yo se quién soy y tú no puedes ser el creador del universo, porque el creador es Dios.

- Yo soy Dios contestó la piedra.

El príncipe quedó, por unos instantes, desconcertado. 

¿Cómo era posible que esa piedra que estaba observando pudiera ser Dios?. La imagen que tenía de ese Dios creador de todas las cosas, era infinitamente mayor que esa piedra que se encontraba brillando en la obscuridad. El príncipe preguntó:

- Si tú eres Dios, entonces, tu deseo es que yo aprenda los 10 principios. Si tú deseas que me acerque a ti, ¿cómo entonces, me quitas el movimiento?, ¿cómo entonces, esperas que yo pueda seguir buscando si no puedo ni moverme?

- Joven príncipe, caminante del cielo, yo no tengo deseos ni espero nada, yo simplemente creo al universo, la obscuridad es parte de mí y la luz lo es también; la tierra de donde vienes, el agua por la que has pasado, el aire en el que has volado, todo se sintetiza dentro de mí que soy el fuego. ¿Por qué he de tener esperanzas de que tú hagas algo?, ¿por qué he de tener deseos de que tú hagas algo?, para mí todas las criaturas del universo son iguales, todas están dentro de mí.

- Un momento, contestó el príncipe, yo partí en un viaje en el cual mi Padre me encomendó aprender los 10 principios con los cuales fue creado el universo; eso significa que mi Padre me envió a conocerte a ti. Si hoy te he encontrado, quiere decir que todos los principios pueden ser revelados por ti para mí; quiere decir que he llegado al final de mi camino; quiere decir, entonces, que voy a poder volver a donde está mi Padre; quiere decir que estoy a punto de encontrar el resto de los principios que me faltan por descubrir.

Y mientras el príncipe reflexionaba en voz alta, hablando con la piedra, la piedra permanecía callada. El muchacho seguía pensando en voz alta. Entonces, si he llegado hasta Dios, estoy en el corazón de toda la sabiduría del universo, aquí me puedes revelar todos los secretos, esto es lo que necesitaba, ahora sólo falta que tú me los digas. Y, entonces, la piedra se rompió en mil pedazos y un enorme ser apareció en su lugar, un ser que echaba chispas por todo el cuerpo, una luz azulada electrificaba todo lo que tocaba; extendió su mano imponente, en esa región de la obscuridad en donde se encontraba el príncipe y lo tomó violentamente, lo levantó hasta la altura de sus ojos y le dijo:

- Torpe príncipe, has hecho caso de lo que te decía un extraño, desoíste el consejo de tu Padre, te dejaste engañar por lo que te decían afuera y olvidaste que sólo tú podrás encontrar los secretos; ahora has perdido tu oportunidad y quedarás eternamente sumergido en la obscuridad, no podrás ver nada ni sentir nada, no tienes cuerpo, sólo eres un punto de obscuridad, piérdete en ella. Alzó su mano y lo aventó hacia la obscuridad.

El príncipe se encontraba infinitamente asustado, no tenía cuerpo, no podía moverse, sólo pensaba; ya no podía ver la piedra ni al ser, ya no había nada a su alrededor, ni arriba, ni abajo, ni adelante, ni atrás, ni a su derecha, ni a su izquierda; reconocía que efectivamente se había dejado engañar por las palabras de la piedra. Quería llorar pero no tenía ojos, quería gritar pero no tenía boca, quería tocar su cabeza pero no tenía cabeza, ni manos, ni alas, ni aletas. ¿Qué es esto?, pensaba, nuevamente he fracasado, ¿qué significa todo esto?, de verdad habré perdido el camino?, ¿habré perdido la oportunidad?. Y su mente regresó a su lejana infancia y recordó el momento en que su Padre lo estaba despidiendo y le decía:

No importa dónde te encuentres, Yo estaré siempre contigo. Ahora se sentía solo y, sin embargo, esas palabras las recordaba una y otra vez, hasta que, en un chispazo de conciencia, se dijo: Si mi Padre no me mintió y hasta ahora nunca lo ha hecho, quiere decir que mi Padre se encuentra en algún lugar dentro de mí y dirigió sus pensamientos hacia su Padre, diciendo así:

- Padre mío, hoy te necesito más que nunca, he pasado por la tierra y supe lo que era vivir como hombre, pasé por el agua y supe lo que era vivir como pez, volé por los aires y supe lo que era la vida de una ave, me he encontrado con el fuego, con la electricidad y he sabido lo que es estar en contacto con el fuego y ahora estoy sumergido en medio de tinieblas, ¿dónde estás Padre, para que me ayudes?, y muy dentro de él se escuchó otra voz que decía lo siguiente:

- El universo entero está compuesto por la tierra, el agua, el aire y el fuego; lo sólido, lo líquido, lo gaseoso y lo etérico. 

Has visto la naturaleza de las cosas, has aprendido que el universo entero no es sino la combinación de 4 cosas y ahora la obscuridad te envuelve.

¿Qué es lo que separa la obscuridad de la luz?. Piensa hijo mío, ¿qué es lo que separa la obscuridad de la luz?.

El joven quería que su Padre siguiera hablando, pero su voz calló y, entonces, su mente se enfrascó tratando de resolver el enigma. ¿Qué separa la obscuridad de la luz?. Empezó a recordar todo lo que había escuchado en su viaje. El bien y el mal residen en ti. Cada una de las imágenes de los espejos representa una parte tuya. Todo lo que te pasa es escuchado por el universo. Lo que tú experimentas lo experimenta el universo. Todas esas frases circulaban por su mente hasta que, de pronto, se hizo la luz en su mente y dijo:

- Lo que separa la luz de la obscuridad soy yo mismo, puesto que soy parte de todos y estoy en todos, de la misma manera como el universo está en mí. Yo soy la luz y soy la obscuridad y en estos momentos escojo ser la luz, y en ese instante, justo cuando el príncipe decretó esas palabras, "Yo soy la luz", "Yo soy la luz", nuevamente las palabras majestuosas se escucharon dentro de su ser:

- El universo entero ha sido creado siguiendo el orden de los 4 principios, Tierra, Agua, Aire y Fuego, sólido, líquido, gaseoso y etérico; todo está en ti y tú escoges lo que quieres ser. Este es el quinto principio. Y su nave se enfiló hacia nuevas aventuras.

Hasta aquí los mensajes de esta sesión. Continuaremos después.

Las bendiciones de los Maestros quedan en ustedes. Que así sea.

DOMINGO 17 DE ENERO DE 1993 - 8:00 A.M.
MENSAJE RECIBIDO A TRAVES DEL HERMANO JESUS ALONSO GONZALEZ F.
PRIMERA PARTE Quinta lección - FLORECIMIENTO DEL NINO INTERNO.

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http://noarosauniversoespiritual.blogspot.com.es/
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