miércoles, 1 de junio de 2016

La Sensibilidad. Cap. 1º (Vicente Beltrán Anglada)



La Sensibilidad. I

Vicente. — Quisiera remarcar lo que siempre he dicho al empezar nuestras conversaciones esotéricas y es, que todo cuanto se diga aquí deben aceptarlo sólo y únicamente como una hipótesis mental, dentro del extenso trabajo mental de la mente. Aceptando solamente aquello que su razón les asegure que es realmente asequible a ustedes y pueden aceptarlo libremente, o bien, entrar en la suspensión de una duda inteligente y, en el bien entendido caso, de que estamos inmersos dentro de un océano de luz, de vibración y de energía, del cual solamente tenemos pequeñas nociones. Por tanto, todo cuanto se vaya diciendo, ya que esto es como un preámbulo que se va a terminar, que sea solamente un culto a la verdad y un culto al buen juicio.

El tema que he elegido hoy para discutir con ustedes o para conversar con ustedes es: Sensibilidad. Sensibilidad, es un término vago que se presta a muchas interpretaciones, por cuanto todo ser humano es sensible y, extremando todavía más la idea, toda la naturaleza es sensible. Solamente es el grado de sensibilidad a la vida lo que caracteriza al hombre superior del hombre corriente. Así que todo el aspecto fundamental o estructural, de la idea implícita en el término sensibilidad, es sensibilidad a la vida. Y me pregunto: ¿Qué es lo que ustedes piensan de sí mismos en el aspecto sensibilidad?, lo cual implica el reconocimiento de que ustedes son sensibles predominantemente en un definido nivel de conciencia. 

Una idea que puede extenderse desde el nivel de las meras sensaciones hasta las más elevadas cualidades de integridad y de belleza.

¿Quién puede decir el grado de sensibilidad que tienen cada uno de ustedes? Solamente ustedes pueden interpretarse a sí mismos, solamente ustedes pueden saber donde está ubicada su sensibilidad y, saber, de una manera real, concreta y definida, si son sensibles a las cosas, si son sensibles a las personas o, si son sensibles a Dios, entendiendo por Dios el aspecto superior de cada uno de ustedes. Ésta es la pregunta fundamental que debe presidir todo el tiempo que dure esta conversación. En el buen entendido, que si apreciamos con justicia y claridad el nivel en donde desarrollamos nuestras actividades sensibles, estaremos de hecho autoreconociéndonos y profundamente poniéndonos en contacto con la verdad que en nuestro corazón tiene su morada.

Así que, si la persona deduce que es sensible a las cosas, automáticamente quiere significar que ha educido un aspecto intelectual de la vida y, que toda su programática o informática interior, va dirigido a una acumulación de cosas, a una acumulación de conocimientos, lo cual puede ser contrario al establecimiento de la verdad. Puede ser también, siempre dentro de este proceso de autoreconocimiento en sensibilidad, que ustedes son sensibles a las personas, lo cual significa que están desarrollando dentro de su corazón aquello que definimos como magnetismo atractivo o, bien, un aspecto más concreto, el aspecto amor, que es el máximo aspecto de sensibilidad a la vida. Puede ser también, que habiendo trascendido, en parte, el aspecto formal que nos presta el conocimiento de las cosas o que hayamos trascendido los afectos sensibles que crean los apegos y que crean las situaciones conflictivas en el plano emocional, que hayamos dirigido la mente hacia los aspectos superiores de nosotros mismos, lo cual puede significar que estén en contacto con la verdad, hasta allí donde ustedes puedan concebirla y actualizarla; porque concebir y actualizar son términos que deben ser sinónimos, no se puede mover una pieza de un tablero inmenso de la vida sin mover por simpatía todas las demás piezas.

Por lo tanto, si somos sensibles en los niveles superiores, si vemos la vida desde esta atalaya inmensa, este antakarana eterno desde el cual la vida aparece de una manera total y sintética como la obra de la Divinidad y, reconociéndonos y, ubicándonos por este reconocimiento, dentro de un definido estrato social y, desde allí empecemos a trabajar en bien de las mejoras sociales, en bien de los demás, seguramente que habremos cumplido con la misión que tiene el hombre en la existencia en el aspecto de sensibilidad. Ser sensibles a los hombres inspirados por el espíritu, digamos, de síntesis, o espíritu de Dios en nosotros. Significa que no podremos descender a las cosas con el mismo espíritu de antaño, sino que deberemos triunfar de las cosas por la infusión de ese espíritu en cada uno de nuestros pensamientos, de nuestras emociones y de nuestros actos. Esto lleva ahora a considerar los dos aspectos de sensibilidad más conocidos actualmente, que son la sensibilidad a las cosas que crean sensaciones y la sensibilidad hacia el mundo psíquico, hacia el mundo de los poderes supra normales, que son desconocidos para la mayoría pero que constituyen una parte considerable de la humanidad de nuestros días; y esto lo vemos por doquier, que la problemática humana, o sea, la sensibilidad hacia el arquetipo superior, que es, en definitiva, el que debe crear las situaciones kármicas en nuestra vida, y ya no el apego por las cosas circundantes o el apego por las personas, vemos que la sensibilidad pasa del mundo psíquico automáticamente al mundo mental superior, en donde las cosas aparecen bajo una dimensión completamente distinta a la habitual o, a la que corrientemente utilizamos.

Quiere significar que a la sensibilidad debe llegarse y que debemos programar toda nuestra vida bajo otras direcciones, solamente quiero significar que, a medida, que avancemos por la vida cosechando la experiencia de todos los actos, de todas las emociones y de todos los pensamientos, nos encontraremos un día delante de una puerta inmensa a la cual deberemos llamar para ver qué es lo que hay en el interior.

Llegados a este punto, vemos que muchas de las cosas que hasta aquí hemos considerado interesantes fallan por su base por no constituir una parte integrante de nuestra personalidad superior, habida cuenta de que es la personalidad superior la que tenemos que desarrollar y actualizar en el mundo de relaciones humanas. Bajo este punto de vista, podemos decir, que todos los intentos de las escuelas esotéricas de todos los tiempos, las escuelas filosóficas, las escuelas de yoga, las escuelas de meditación bajo distintas denominaciones, están empezando a trabajar con energía mental de alta sutilidad, lo cual quiere significar, también, que el mundo en su totalidad está escapando de las redes de las ilusiones del mundo mental, de los espejismos del mundo astral y, del maya de los sentidos; entonces, toda la programática o el programa del Creador para nosotros, los seres humanos, es la de adquirir el suficiente equilibrio en nuestra vida particular para poder reflejar en todos los momentos la gloria de Dios. Ahí, en este punto, casi podemos decir que hemos llegado en un intento de colocar la sensibilidad del hombre frente a frente ante su propio arquetipo espiritual, entendiendo que lo que estamos realmente haciendo es andar hacia el arquetipo que desde el principio de los tiempos se está agitando gozoso en la Mente de Dios.

Un arquetipo para cada reino de la naturaleza, un arquetipo para cada plano de evolución, un arquetipo para cada raza humana, un arquetipo para cada subraza, un arquetipo para cada ser humano. De ahí viene que cada persona tiene el deber kármico de reflejar en su vida, en su pensamiento, en sus emociones, en su relación con los demás, ese arquetipo que está intuyendo allá en lo profundo de su corazón. Yo, a este contacto del hombre con su arquetipo superior lo denomino: sensibilidad. Lo demás es un andar en pos de la sensibilidad. Hasta aquí hemos creado conflictos por el apego, o sea, en el campo de los sentidos, en el campo del psiquismo, en el campo fluctuante constantemente de las emociones o, en los niveles intelectuales de la mente. Al llegar a este punto, la problemática encuentra su vía completa de solución, entonces, empezamos como seres humanos a reflejar en tiempo y espacio la gloria divina. Hasta aquí hemos llegado en el proceso de invocación constante de sensibilidad, cuando adquirimos la sensibilidad, cuando estamos en contacto con un arquetipo, el arquetipo diseñado para cada cual a través del tiempo, entonces, se produce un hecho insólito en la naturaleza del hombre, que obliga a cambiar fundamental y radicalmente para siempre, entra, como esotéricamente se dice, en la gran corriente de Vida Divina, entonces, todo cuanto ve desde esta elevada atalaya, todo cuanto puede concebir su imaginación y todo cuanto realiza en el mundo de relaciones, es correcto.

Esto nos lleva también a la pregunta que se me hizo la otra vez, sobre el papel que juega el libre albedrío del hombre en la búsqueda de su propia sensibilidad, habida cuenta de que llegado el ser humano a cierto punto, cuando está invocando constantemente la gloria de Dios en su vida, está perdiendo la capacidad del libre albedrío. Esto parece un sacrilegio, porque todos estamos habituados a trabajar, a crear a través del libre albedrío, pero, es que el libre albedrío, analizado fundamentalmente desde un punto de vista de verdad intuitiva, aparece como una división dentro de la mente o dentro del corazón que nos hace propicios a elegir una cosa en vez de otra o, un grupo de cosas en vez de otro grupo de cosas, que hace que elijamos nuestros amigos, que elijamos la familia, nuestro trabajo, profesión, etc., etc., lo cual, en el fondo, si lo analizamos desde un punto de vista intuitivo, aparece como una negación de la vida espiritual, que es unidad, porque analizando el asunto más críticamente, sin perder el punto de vista de sensibilidad espiritual, vemos que solamente puede actualizar la verdad la mente de aquel hombre que por haber realizado un arquetipo en su vida, ha perdido la capacidad de libre albedrío, o sea, la capacidad de elegir entre una o más cosas; se sobreentiende que el hombre que ha alcanzado la verdad no está sujeto a opción entre la verdad y la mentira, sino que habiendo alcanzado la verdad siempre actuará en verdad, en espíritu y en vida y, por tanto, está su problemática más allá de las lindes del tiempo, más allá de los senderos ilusorios, más allá del maya de los sentidos, de los espejismos astrales y de las ilusiones del mundo mental.

También implica una grave responsabilidad para el hombre que ha entrado en la corriente y no es capaz de mantenerse allí; éste es el conflicto de los místicos, que después de haber desguarnecido su mente porque buscaban esta capacidad en el libre albedrío, se encontraron presos en un dilema porque no estaban preparados todavía para afrontar el secreto de la propia soledad, de la unidad o, síntesis interior, que ha de producir el hombre perfecto. Entonces, (se orienta) todo el estímulo de la vida, que está buscando una realidad en todas las cosas, y así debe ser, porque para reconocer a otros como hermanos tiene que haber desaparecido de la mente la sensación de dualidad, la sensación de sujeto y objeto, la sensación de tú y yo o, de mío o de tuyo, para entrar en un proceso de alta selectividad que es el principio de lo que técnicamente llamamos: iniciación. La iniciación es una palabra que parece asustar a muchas personas, pero está dentro de un proceso de selectividad de conciencia y está en este proceso de evaporación de las tendencias inferiores y ascendiendo constantemente buscando la réplica divina al desafío humano.

Llegados a este punto, vemos que la iniciación es general, habida cuenta que cada día estamos cambiando constantemente de conciencia, cada día adquirimos un nuevo valor cualitativo y cada día nos acercamos un poco más a la cualidad de unidad o de síntesis.

Así que hay motivos, pese a la aparente disconformidad de lo que nos rodea, a pesar de las luchas, de los conflictos de las naciones, (para) que sepamos al menos que dentro del corazón podemos encontrar aquella razón de ser que no admite lucha ni conflicto, es la única manera de que socialmente podamos constituir un bloque de verdad que pueda por su magnetismo inspirar verdad a los demás, y hacer que esta verdad compartida se convierta en la síntesis habitual como una especie de catecismo del ciudadano, como se nos daba anteriormente en las escuelas. Será bonito realmente, cuando en las escuelas del futuro se programen los hechos fundamentales del cristianismo o del budismo o de cualquier religión de síntesis, enseñando los misterios en vez de doctrinas y, una gran parte de los esfuerzos de los educandos será destinado a la meditación, a encontrarse a sí mismo. 

Es decir, vayamos al principio de todo, a la sensibilidad, a educar la sensibilidad a la vida, ya no a la sensibilidad a las cosas, a la sensibilidad a las personas, sino que todo será una sensibilidad hacia adentro, que es una manera —habida cuenta de que el hombre es una representación exacta de la divinidad— de que Dios se manifieste a través él de una manera realmente fraternal.

La palabra fraternidad ha perdido calidad al correr de los tiempos, lo mismo pasa con la palabra amor o con la palabra solidaridad, porque han quedado reducidos a simples términos descriptivos, porque han perdido la lozanía, la sutilidad de la verdadera sensibilidad. Yo creo que todas las personas que asisten a estas conversaciones, por el silencio que se desprende de su aura, por la atención con que están escuchando las cosas de sensibilidad, están creando un ambiente radio-magnético —si me permiten esta expresión— a su alrededor, que es lo que Cristo denominó la Sal de la Tierra. Cada uno de nosotros puede representar esta sal; igual que la levadura, que con un poquito de levadura se hace montar una gran masa de harina. Cada uno de nosotros, los que asistimos aquí, cada vez que nos reunimos, cada vez que nos ponemos en contacto, educamos un nuevo tipo de sensibilidad, aparentemente la mente no registra el hecho, pero sí lo registra el corazón, que es la matriz de lo eterno. Muchas veces se me dice: “Usted dice cosas que yo no comprendo, no acabo de comprender”, yo le pregunto: “¿Usted ha estado atenta?” Si estaba completamente atenta, entonces, yo le respondo: “Usted ha comprendido bien”.

Porque cuando la persona está atenta a un principio de sensibilidad, es porque la sensibilidad está en su corazón y, entonces, registra vía el corazón el conocimiento que no puede captar con la mente, y esto surge en cualquier momento del tiempo como una promesa de nuevas cosas, estas cosas mejores a las cuales nos vamos aproximando. Y, cuando se educa el ánimo en el silencio, cuando la mente empieza a perder su resalte, sus relieves, sus ornamentos, podríamos decir, todo cuanto la caracteriza como intelectual, encuentra que hay un hilo sutilísimo de luz que va conectando el cerebro con el corazón y, entonces, a la sensibilidad que ya hemos adquirido por derecho propio, por el esfuerzo de las edades, de la experiencia y, del sufrimiento, se une la conciencia. Cuando la sensibilidad y la conciencia se dan la mano, entonces, surge un nuevo tipo de hombre dentro de la sociedad: es la persona que controla la sensibilidad en todos sus niveles, ha aprendido a hacer como los buenos artífices, ha dorado el ornamento de tal manera, lo ha transfigurado tan sublimemente, que la gloria del Verbo se puede revelar a través de esta estructura magnífica, esta estructura que en lo que respecta al aspecto meramente físico está tratando de revelar belleza, un equilibrio de funciones, una radiación magnética de tipo natural y, (puesto) que en el mundo de las emociones, a medida que la sensibilidad se va desapegando de las cosas, está adquiriendo carta de naturaleza en el mundo espiritual, (entonces) vemos que tiende por su propia gravedad hacia la educación del sentimiento inefable de bondad en el aspecto superior de la mente; cuando han sido trascendidos los pensamientos y las imágenes y la persona puede comunicarse con los demás con intenciones, telepáticamente, podíamos decir, (esto) es un buen síntoma porque esta mente está albergando la verdad.

Teniendo, entonces, que lo que falta solamente en este proceso es añadirle la cualidad de síntesis. Tenemos un cuerpo físico sensible a… (corte de sonido)... que no esté tratando siempre constantemente a la búsqueda de su propia sensibilidad y, cuando se produce la ruptura de las paredes de un átomo por la efusión de energía superior, se produce el misterio de la redención, entonces, el átomo que hasta aquí era una cosa, se convierte en radioactivo por un proceso de transmutación, y el mineral más denso se convierte en radiactividad, y esto parece un poco vago y nebuloso, pero les ruego que continúen ustedes indagando en ese sentido y verán que la sensibilidad correspondiente al reino mineral es la radioactividad, precisamente.

En el mundo vegetal ya es propiamente sensibilidad o, transformación de energía que arranca del proceso de selectividad radioactiva del mundo mineral para llevar el germen al mundo vegetal, el cual adquiere caracteres ya de sensibilidad definida, como puede ser demostrado por la cámara Kirlian, estos grandes científicos de la Unión Soviética. Es decir, que el proceso de estructuración de los cálices para cada reino de la naturaleza se verifica siguiendo el mismo orden que sigue el ser humano cuando trata de incorporar dentro de sus vehículos físico, emocional o mental, la gloria del arquetipo para el cual fue programado. Y estamos tratando de programar un arquetipo que la mayor parte del tiempo desconocemos, pero, que es una realidad por cuanto nos impulsa a ascender constantemente, con dolor en el corazón a veces y, dejando jirones de la personalidad en cada recodo del camino, vamos acercándonos a esta Divinidad.

Entonces, queda hasta cierto punto claro que cada ser humano, lo mismo que cada reino de la naturaleza o que cada planeta dentro del universo, está siguiendo un proceso de sensibilidad tratando de revelar un secreto determinado y persiguiendo un arquetipo definido, que es precisamente el arquetipo manifestado a través de sus estructurados y bien definidos cálices, teniendo en cuenta que cada uno de nosotros es el cáliz que tiene que albergar el Verbo.

Yo creo que, más o menos, el aspecto sensibilidad, tal como aparece ante mi visión, ha sido hasta cierto punto comprendido, y no quisiera atraer más la atención sobre este punto porque estoy seguro de que ustedes con sus preguntas ahora, me permitirán ahondar algo más sobre la sensibilidad. Quisiera que fuesen ustedes ahora los que preguntasen algo sobre esto que acabamos de decir o, si alguna idea se les ha sugerido a través de esta conversación o de este argumento.

Conferencia de Vicente Beltrán Anglada - En Barcelona, el 13 de Septiembre de 1975
Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias (G.T.C.) 2 de Marzo de 2007
 

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