lunes, 7 de diciembre de 2015

ORIONIS 30 de NOVIEMBRE DE 2015 con audio




Audio



Soy Orionis

Saludo a vuestra eternidad, vuestra gracia y al amor que sois.

Intervengo en este día para lanzaros la llamada del corazón.

En este último día de vuestro mes de noviembre de 2015 vengo para lanzar una llamada, una llamada al amor, una llamada al perdón, una llamada a la interioridad, una llamada a vuestra eternidad.

El tiempo de la eternidad ha llegado, el tiempo del perdón, el tiempo de la verdad.

Llamada de parte de cada uno de vosotros, más allá de los acontecimientos que se están desarrollando y que se desarrollarán, nunca perdáis de vista aquello que sois, nuca perdáis de vista que lo que se está desarrollando y se desarrollará solo es la actualización del amor y de la libertad.

Vengo a deciros que no tengáis miedo, muy al contrario, dejad que la alegría y el amor salgan y se manifiesten en la superficie de este mundo.

Ved el amor en cada uno, ved el amor por todo para que estéis vosotros también saturados de amor, saturados de alegría.

No os entretengáis con aquello que pueda resistirse en vosotros o a vuestro alrededor, perseverad en la verdad, perseverad en la uno-alidad (somos UNO), perseverad en la verdad.

El conjunto de la confederación intergaláctica, en cualquier dimensión, está ahora presente en lo más próximo a vosotros.

Hemos obrado, vosotros y nosotros, en este acto sagrado de liberación y de verdad, es ahora el momento de cosechar los frutos, y de dejar que aparezca aquí en este mundo quien sois en verdad, y no en este momento.

Olvidad aquello que no es eterno, olvidad los rencores, olvidad las incomprensiones porque el amor aporta todas las respuestas, y ese amor no es otra cosa que aquello que sois emergiendo de vosotros mismos, recalentando el corazón y despertando aquello que sois realmente, más allá de toda apariencia, de todo sufrimiento y de todo cuestionamiento.

Lanzo una llamada solemne, no sólo a vosotros que me conocéis, que me habéis leído o me habéis escuchado, sino a todos aquellos de entre vosotros que presienten y viven ya los elementos que se desarrollan de manera interior.

Es la hora de la alegría, porque la verdad es alegría, y el amor es la única verdad. Atreveos entonces, atreveos cada vez más, dejad que emane de vuestra presencia como de vuestra ausencia la belleza. Que vuestros sentidos vean la belleza. Que vuestros pensamientos se vuelvan exclusivamente hacia la belleza. Que vuestros centros de consciencia estén anclados en el amor eterno. Olvidad aquello que es pequeño, olvidad aquello que se resiste, olvidad todo aquello que no sois vosotros en vuestra eternidad.

No hay necesidad de coraje o de fuerza de voluntad, no hay necesidad de más cosa que de dejar al amor ser y manifestarse.

En este mes de diciembre, sois y seréis unos pilares de luz que nada podrá desestabilizar a vuestro exterior.

Si por momentos os sentís desestabilizados, comprended que las circunstancias de vuestra vida o de vuestra salud no son nada, pero que solo prevalece la co-creación consciente, la emergencia del masculino y femenino sagrado, aquí mismo, en cualquier circunstancia de vuestra vida, en cualquier prueba que viváis, o cualquier alegría que viváis. Recordad que la única satisfacción posible es la de la verdad, la del amor. Olvidad vuestra edad, olvidad aquello que solo tiene un tiempo, porque ese tiempo se acaba. No hay ningún duelo que vivir, si no es en vuestras ilusiones. Solo hay la resurrección prometida y anunciada por Cristo. No de los cuerpos caducados sino del espíritu de verdad, del corazón ardiente, del hijo del sol, del hijo de luz.

No os atéis a ninguna otra cosa que a la verdad, no la de vuestra persona o de vuestra vida sino a la verdad eterna aunque no la estéis viviendo aún en su totalidad. Permaneced centrados en lo esencial, permaneced centrados en el perpetuo perdón dirigido hacia vosotros mismos, dirigido hacia aquellos que os han oprimido individualmente o colectivamente. Depositad a sus pies la fuerza de vuestro amor y la verdad de vuestra luz.

Esta llamada es solemne porque se inscribe en la trama temporal histórica de esta Tierra. Hace más de 50.000 años dirigí el sacrificio de los Elohim que permitió evitar el encierro definitivo de la conciencia, culminando hoy, en este final de ciclo, en vuestra salida de todo ciclo y sobretodo de todo encierro.

Lo que sea que vuestros sentidos os den a vivir, lo que sea que vuestra persona os sople u os grite, no os dejéis engañar, sois el amor, y no sois absolutamente nada más. Solo el peso de la densidad del encierro os ha sustraído a la verdad. No busquéis culpables, no busquéis comprender, no busquéis venganza, sino perdonad con todo vuestro corazón, porque así es como tenéis que traer aquí a este mundo los pilares de luz de la resurrección, los pilares de luz del final del infierno en esta Tierra.

Niños del Uno, levantaos, no estéis afectados por pérdida alguna de aquello que pertenece a lo efímero. Sed en cada mirada llevada, en cada palabra pronunciada, en cada percepción o encuentro vivido, lo verdadero y el amor. El amor lo es todo, más que nunca. El amor es el recurso inagotable de vuestra vida en este mundo de ahora en adelante.

Los colosos con pies de arcilla, aquellos que os han engañado, deben ser amados ellos también más allá de toda apariencia y más allá de todo sufrimiento, con el mismo amor, con la misma intensidad de amor, y diría que incluso más, que los hermanos y hermanas reconocidos en encarnación. No dudéis en dar ese amor, como la manifestación del don de la vida, del don de la gracia y de la verdad esencial. Dejad de ser frenados por moral o ley alguna, porque solo hay una ley, la ley del amor. Todas las demás leyes no tienen razón alguna de ser cuando sois lo que sois. Sed dulces y sed pacientes con quien sea que la vida os haga encontraros, en espíritu o en la carne. Dejad de buscar cualquier ventaja para vuestra limitada y efímera persona, aunque la verdad os esté todavía oculta, los tiempos son propicios a que nadie permanezca ya escondido u oculto. Atreveos a decir según vuestros talentos y atreveos a ser según vuestros talentos la manifestación del amor encarnado.

Sois el Cristo resucitado, sois el hijo del hombre, antes que toda cosa y en primer lugar. El resto deriva de ahí sin esfuerzo y sin preguntas.

Trascended todo sufrimiento, tanto el vuestro como el del mundo, estando en vuestra eternidad, estando en el amor que sois y acogiendo aquello que la vida os presenta en cualquier circunstancia, en cualquier lugar y en cualquier encuentro.

Desterrad la duda, cualquiera que sea, porque la duda se derrumbará por sí misma, llegado el momento, y ese momento es inminente. Tomad entonces la delantera, instalaos en el eterno presente, en el aquí y el ahora, más que nunca, acoged la vida. Acoged del mismo modo a aquellos que se resisten a la vida, porque ellos necesitan aún más vuestra verdad para reconocerla en paz, superando así toda ilusión de función, toda ilusión de rol, toda ilusión de lo que aparece como tangible a los ojos de carne.

No busquéis ya una fecha, no busquéis ya una señal, porque vosotros mismos sois la señal que esperabais. El presente no conoce fecha alguna, tampoco el amor.

Sed lúcidos concretamente sobre lo que se desarrolla, y aunque no tengáis aún esa lucidez, conformaros sin embargo al amor, porque este es el único ideal que jamás haya podido ser culminado mientras erais simplemente una persona creyendo ser una persona que nace y muere.

Olvidad las enseñanzas falaces del karma, olvidad aquello que ha sido falsificado por el conjunto de las religiones, volveos de nuevo la inocencia y seréis colmados de gracia, y os daréis cuenta entonces de que solo sois esa gracia y nada más.

Afirmaos pues en vuestra presencia en este mundo con el fin de superarlo mejor cuando María os hablará.

Me dirijo finalmente también a todos aquellos de entre vosotros que experimentan de manera lógica en el seno de la persona, miedos, aquellos de vosotros que nunca han vivido ningún contacto con otras dimensiones, con otras realidades. Recordad las palabras de Cristo: aunque tuvierais el conocimiento de todos los misterios, aunque tuvierais la fe para levantar una montaña, no sois nada si no tenéis el amor.

Depositad las armas de la persona, depositad las luchas, depositad las carencias aparentes en vosotros como en cada uno, con el fin de que solo quede el amor de vosotros, fuerte y dulce al mismo tiempo.

Sed aquello que sois, que no podéis definir por ninguna palabra en la superficie de este mundo. Sed aquello que ni siquiera os atrevéis a esperar o a creer.

El único futuro posible se encuentra en el aquí y el ahora. La única puerta de salida o de entrada a la vida eterna solo se encuentra en el centro de vuestro pecho y en ningún otro lugar.

Olvidad todo aquello que estorba a vuestra conciencia, vuestras proyecciones, vuestras dudas, vuestras esperanzas, porque no hay nada que esperar, solo que reconoceros en el corazón del ser, para dejar que esto ocupe todo el sitio y todo el espacio de vuestra presencia como de vuestra ausencia.

Incluso vosotros que lo ignoráis, por no haber vivido nada de ello, sois los hijos de la gracia, y los hijos del amor, y al amor nada le resulta imposible, no existe ninguna falta, ningún error, porque el amor borra todo eso, está en vosotros, él es vosotros.

Lo esencial es eso. Extraeréis de ese esencial y de esa esencia todo lo que le es suficiente a vuestra resolución.

Soltad los amarres en espíritu de todo aquello que todavía puede reteneros, sufrimientos pasados, sufrimientos presentes, aprehensiones de un futuro.

Permaneced sencillos, porque el amor se desvelará tanto más rápido si no habéis vivido nada de él.

Amad más allá de toda forma, amad más allá de todo conflicto, porque el amor es realmente la única posibilidad de ver la ilusión de los miedos o la ilusión de la destrucción, porque en realidad solo hay resurrección y tal vez lo sabéis y tal vez lo estáis viviendo ya, que todo depende de vuestro punto de vista, que todo depende de vuestra conciencia, y que el mundo está en vosotros.

Vuestra única misión, si puedo hablar así, es de ser los misionarios del amor, y no necesitáis palabras ni discurso, solo necesitáis el ser, sin justificar, sin demostrar, porque portáis la inteligencia de la luz, y la sois.

Apoyaos cada vez más, cualesquiera que sean los elementos que os hayan sido comunicados en estos últimos tiempos, en aquello que sois, aunque no lo conozcáis. La verdad emerge, la verdad ha germinado, es tiempo de reflorecer en la eternidad, como lo ilustra hoy la naturaleza por todo en esta Tierra, como lo ilustran las partidas que podríais llamar la muerte, de cierta clase de consciencia que llamáis animales. Estos simplemente se han reunido con su morada de eternidad. No hay nada triste, solo la mirada de aquel que está triste ve la tristeza, la mirada de aquel que está lleno de aquello que Es, solo ve el amor, en toda cosa, en cada uno, e incluso en los acontecimientos de la Tierra.

Rememoraos que solo estáis de paso en esta Tierra, y que todo aquello que pasa expira, y que todo aquello que pasa no puede conocer la eternidad y el amor incondicional. Aquello que muere no está vivo, porque lo que está vivo nunca muere. No me refiero a vuestra forma ni a las formas de este mundo, sino a las formas imperecederas del cuerpo de eternidad.

Mi llamada no está dirigida, que estéis o no abiertos, a vuestra cabeza o a vuestra comprensión, sino que me dirijo directamente a vuestra eternidad, a la que me oye, aunque vosotros mismos no lo oigáis, a la que me reconoce como se reconoce a sí misma en el amor de la vida y en la vida del amor.

La luz y el Cristo ya no solo llaman a vuestra puerta sino que vienen a vuestra morada, quienquiera que seáis en cualquier parte del mundo, en cualquier creencia existente aún.

No pongáis ningún freno al brote espontáneo del amor desde el instante en el que os olvidáis como persona. No estéis limitados en nada, porque sois ilimitados. Solo este cuerpo y vuestras creencias lo son, porque ambos desaparecen con vuestro fallecimiento.

Dejad que la llamada del amor os consuma de amor, y seréis así satisfechos para siempre. No necesitaréis ya ni alimentaros, de materia, de esperanza, de vida y de muerte, de renacimiento.

Aceptad y acoged lo inevitable, lo inexorable y lo inesperado, porque son portadores del germen de vida eterna, de aquello que sois.

No penséis en ninguna otra cosa salvo en el amor que sois, aunque no os hayáis reconocido y despertado, ya que eso no sabría tardar. Velad y rezad, la oración ardiente del corazón con el fin de consumar los miedos y las dudas, con el fin de consumar lo efímero.

Ha llegado la hora de la ascensión de la materia, cualquiera que sea vuestro devenir, hay numerosas moradas en la casa del Padre, ninguna de ellas es superior a otra, así es el juego de la conciencia.

No dudéis en soltar aquello que se ha alejado de vosotros, porque lo que se aleja, en definitiva solo tiene un tiempo y no conoce la eternidad del tiempo presente.

Buscad la naturaleza, buscad el silencio propicio para el ser y para la verdad.

Buscad en el otro vuestra luz, y perdonad aquello que pensáis que tenéis que perdonar. Dejad que el bálsamo del amor borre las secuelas y los sufrimientos.

Estad atentos a las señales que os da el amor, no rechacéis nada y dejaos atravesar, porque no sois nada de lo que aparenta o se manifiesta en este momento.

Los tiempos de la Tierra, en este mes de diciembre, son los tiempos del perdón, los tiempos de la resurrección. Ya no hay plazo, ya no hay fecha. Comprended eso, id más allá de toda proyección, de toda función o de toda organización, porque incluso aquello que hemos organizado juntos, en la estructura vibracional que sea, debe dejar el sitio al amor desnudo donde nada viene a resistir, donde nada viene a tapar la vista, donde todo es relación de amor y manifestación del amor hasta la esencia del amor.

Recordad y sobre todo llevadlo a la práctica, que el amor lo es todo, todo aquello que necesitáis. El resto no son más que satisfacciones de la persona, incluso aquello a lo que habíais llamado vuestra búsqueda espiritual. Ya no queda nada que buscar, ya solo queda dejar eclosionar lo que ha germinado o pronto va a germinar.

Esto no depende de vosotros, no podéis evitarlo, el amor ocupa todo el espacio, la luz no deja posibilidad alguna de subsistir a la sombra. Sed asimismo transparentes. Sed asimismo ese Cristo que irradia a la Tierra entera con su amor, no por una manifestación cualquiera de un poder del espíritu sino simplemente por la verdad del espíritu.

Sed como una madre hacia vosotros mismos, que perdona cualquier error, los errores solo tienen un tiempo. Sed como una madre, amaos incondicionalmente. No veáis en ninguna otra cosa, en el otro, otra cosa que vosotros mismos, y dejad que la inteligencia de la luz actúe.

Estáis en los tiempos de la gracia. Los tiempos de la gracia significan que todo aquello que no sea del orden de la gracia ya no podrá ser manifestado y será disuelto en el amor.

La libertad os llama, ningún pretexto puede mantenerse ante ella, ninguna condición puede refrenarla. La llamada de la libertad y la llamada del amor, ya las estáis viviendo, y esto será oficializado de manera colectiva por la llamada de María.

No sucumbáis a ninguna otra cosa que al amor verdadero, que a vuestra eternidad. Porque la hora está al paso, y que la resurrección no puede ser otra cosa que la alegría de la eternidad y del amor reencontrados y revelados.

Sed tiernos con aquellos que se resisten y aquellos que son duros, porque en la luz está el establecimiento de la verdad y el duro no puede coaccionar al tierno, al revés que en este mundo.

No sed tributarios de otra cosa más que del amor que sois, y de ninguna otra preocupación, porque estas pasarán, podéis estar seguros.

Seguid viviendo, seguid amando, a pesar de las circunstancias y diría incluso gracias a las circunstancias de la Tierra y en el final de este apocalipsis.

Vuestra mirada, vuestras palabras, vuestra presencia, se vuelven verbo, verbo operador de creación, verbo operador de descondicionamiento, verbo operador del amor.

Todos sois sin excepción los hijos de la ley del uno, porque incluso si parecéis o creéis servir al adversario, Belial, Yavhé, en definitiva solo servís a la luz, entonces no os resistáis. Depositad las armas del miedo, las armas del poder, las armas del control, porque el amor no conoce nada de eso, y no sois nada de eso.

Sed los buenos en el sentido en el que la Biblia os lo ha transmitido a pesar de sus errores. Sed el niño que emerge maravillado de una pesadilla o de un sueño, pero la pesadilla no más que el sueño no permanece tras el despertar del niño.

Vuestra llama de eternidad pronto va a brillar con mil fuegos, visibles a los ojos de todos, e invisibles a aquello que no es el amor.

Mi discurso no ha acabado, porque en el verbo que enuncio se une ahora la conciencia unificada del conjunto de los Melchizedek, ya sean del aire, ya sean de la tierra, ya sean del fuego, ya sean del agua, hablamos de una sola fuerza, la de la verdad, donde lo masculino debe reparación a lo femenino.

En vosotros así como por todo, reconoced la vida, aceptad la vida en su eternidad y en vuestra eternidad. Id en paz bajo cualquier circunstancia posible porque vais a descubrir que en amor sois la paz, y que lo único que podéis dar es la paz y el amor.

Esto os ha sido explicitado por arcángeles, por ancianos, por estrellas. Llevadlo a la práctica, ya no son necesarias las explicaciones, solo hay la necesidad de ser, de volver a encontraros en aquello que sois, y esto es posible desde ahora en totalidad, aquí mismo.

Me dirijo a aquellos de vosotros que se sienten asolados, o que se sienten no concernidos. Os digo que vosotros también, aunque hayáis ejercido unas amplias depredaciones en la superficie de este mundo, sois de igual manera el amor, y perdonaros a vosotros mismos, y amad, amadlo todo y a todas las conciencias que se han encontrado en vuestro camino. Porque yo os lo digo, vais a perder todo aquello a lo que le dabais importancia, todo aquello que habíais acaparado por miedo y por necesidad de obligar y de controlar. Soltadlo todo y sed auténticos. No hay falta alguna, no hay error que no sea transmutable por la verdad del amor que sois. Sea lo que sea aquello que todavía os hiela la sangre de pavor ante lo que sabéis que va a llegar, vosotros que estáis a los mandos, ¿qué tenéis que defender?, ¿qué tenéis que preservar?, si no es aquello que es efímero.

Acoged al amor, así como cada uno de los hermanos y hermanas lo acogen, para algunos desde hace ya tanto tiempo, en la esperanza de la aclaración de este mundo. Entonces os digo también a vosotros: regocijaos, no os dejéis engañar por el miedo, no os dejéis engañar por aquello que habéis creado vosotros mismos, eso solo tiene un tiempo, y os lo recuerdo una vez más, que aunque hayáis pensado en servir al príncipe de este mundo, en definitiva solo habéis servido a la luz y nada más. Porque este mundo es una fantasía, una pesadilla o un sueño, pero tal como es, solo es sufrimiento, y a pesar de eso la vida está presente en él. Entonces estad vosotros también en vida, y dejad de alimentar a las fuerzas de la muerte. Despertad vosotros también, porque sois amados por aquellos que os han soportado, que han sido sometidos y que hoy se vuelven a erigir en la verdad del amor. No sois otra cosa que eso, vosotros también.

Mirad, tras de qué perpetuidad, tras qué provecho corréis aún? Acaso no veis adonde os han conducido las fuerzas de control y de depredación? Acaso no veis a vuestros hermanos y hermanas por toda esta Tierra cantar el canto del amor y de la esperanza del amor.

Me dirijo también a ti en aquello que eres y no en aquello que crees representar por tu estatus de riquezas sociales en la superficie de este mundo. Acaso no ves que la vida eterna no puede existir sin amor verdadero? Las pruebas son abrumadoras, no de tus errores sino de la verdad que está aquí. Así que olvida tú mismo aquello que te ha engañado y a aquello a lo que has engañado, tú también, descubre el bálsamo del amor. No es necesario ningún ritual, no es necesaria ninguna precaución, porque ese mundo del amor eterno está exactamente en lo opuesto que lo que es visto en este mundo, y sin embargo la vida está presente.

Los tiempos de la reconciliación han llegado, el tiempo del gran perdón. No esperes los últimos momentos, hazlo enseguida, vuélvete hacia aquellos que te aman, no para aprovecharte de ellos sino porque han comprendido que el amor lo es todo, porque ellos lo viven.

Os invito a todos, despiertos así como dormidos, a salir de los dogmas, a salir de todo aquello que está cristalizado, fosilizado y ya muerto. Date cuenta, tu que duermes, de que eres eternidad, de que eres amor, sea lo que sea que hayas hecho, lo que pienses, y cualquiera que sea tu amo, tu eres libre, no hay ningún amo, solo hay un modelo de perfección que tú has rechazado, tú que duermes, te suplico que te reencuentres, te suplico que te abandones a la belleza de la verdad y del amor incondicional, porque eso es lo que eres, sobre todo si duermes. Despierta, antes de que el olvido de lo efímero te quite todo aquello que crees poseer, todo aquello que crees dominar, todo aquello que crees controlar. Acoge también a los ángeles del Señor, no veas en ellos otra cosa que una fraternidad, no veas en ellos otra cosa que unos hermanos y hermanas que han consagrado su eternidad a servir y a preparar el retorno del amor. Tampoco olvides que lo que has creado tu que duermes y que obedeces a los amos de este mundo, que eres responsable de aquello que creas, sobre todo ahora. Entonces deja crear el amor, no te dejes ya engañar por los juegos de poder, por las estrategias donde solo cuenta la necesidad de controlar y de ser superior.

Tú que todavía a lo mejor te sientes tan grande en tu rol y tu función de gobernante o de élite, vemos la vanidad y la inutilidad de aquello que has edificado, reconócelo simplemente y perdónate, porque tus hermanos y hermanas humanos así como tus hermanos galácticos, libres, no desean otra cosa más que tu libertad, no desean otra cosa más que perdonarte, no desean otra cosa más que amarte. Pero recuerda también que no podremos ir nunca en contra de tu libre albedrío que te resulta tan caro, date cuenta.

Es el momento de la liberación, las trompetas resuenan en todas partes en la Tierra. Date cuenta de lo que está ocurriendo en el seno de la humanidad. Date cuenta de que incluso el terror implica como respuesta el amor, porque incluso el terror no puede alimentarse indefinidamente del terror, que el miedo no puede existir en cuanto ha nacido el amor.

Me dirijo también a todos vosotros, despiertos así como no despiertos, hace mucho en términos de tiempo terrestre que velo por el respeto de ciertas reglas a pesar del encierro de la libertad de la conciencia y de la libertad del amor, a pesar de las condiciones contrarias al amor.

No vengo a seducirte, no voy a imponerte nada, te suplico simplemente que seas lo que eres, y no aquello que crees o que te han hecho espejear.

El tiempo a partir de ahora va a engranarse cada vez más rápido. La presión de la luz se volverá cada vez más intensa. Esta presión es una presión de amor. La luz no os robará nunca vuestra libertad, ni siquiera diría contrariamente a vosotros porque eso ya no existe.

Ábrete al amor incondicionalmente, sin restricciones, aunque no comprendas nada de él, porque solo quedará de vosotros aquello que es amor. Entonces te digo a ti que duermes y también a ti que estás despierto que esta ocasión es única. Acuérdate, seas la persona que seas, de que no eres esa persona pero que eres mucho incluso de lo que podrías creer, proyectar o imaginar incluso en tus sueños más locos. Tú que estás despierto, perdona sin cesar, porque no hay otra escapatoria. Perdonar es liberar al otro, estés tú liberado o no, porque si liberas al otro te liberas a ti mismo, en ese momento verás que no hay ni el otro ni tú, que eso es una ilusión, que solo hay el amor y la vida.

Vengo también a invitarte y a suplicarte que lo des todo de ti mismo, que no hace más que pasar y que solo tiene un tiempo. Date al amor porque el amor se da a ti y no hay otra verdad ni otra posibilidad.

Recuerda también que en el silencio es creado el verbo, para que nunca más vuelvas a ser cortado o amputado de la verdad esencial.

Cuando me leerás, me escucharás o me oirás, estarás seguramente viviendo todo esto. Recordarás entonces estas palabras que he pronunciado, en este último día de noviembre del tiempo de la Tierra. Porque lo que se expresa no es solo Orionis sino el verbo que es hecho carne, con al fin de que la carne sea transmutada por el resplandor del verbo.

Recuerda tu realeza y tu reino, que no tienen nada que ver con tu reino en la tierra, sea cual sea su importancia.

Así, mi verbo mismo se desvanece, para dejar lugar al silencio, el que atestigua de la majestad del amor.

Saludo en ti al amigo, al hermano, al compañero de eternidad, y te digo amémonos los unos a los otros, como él nos ha amado, y como nos amamos cada uno en eternidad, en cualquier dimensión de experiencia, sea cual sea.

Deposito en ti la gracia que eres.

Te dejo ahora, porque estoy contigo en la eternidad, y soy tú, así como tú eres yo, sin juegos de palabras, sin falso semblante.

Adiós.

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